Congelados en el tiempo

DESPEDIDAS PARALIZADAS

¿Le damos demasiada importancia al hecho de acabar los juegos? Deborah Lopez sugiere que no llegar al final de algunos títulos puede ser también una decisión consciente y personal.

Últimamente soy una experta en dejar los videojuegos a medias. Juego cinco minutos, media hora o una hora y paro ahí, estancándolos en el mismo punto. Al salir del título me prometo a mí misma que los acabaré, por supuesto, mientras recuerdo que hice lo mismo en anteriores ocasiones sin resultados. Porque, si bien comenzar un título es una necesidad propiciada por mi curiosidad y mi trabajo, también es una tentación. Es esa vocecita interior que te pide la emoción de llegar al menú, configurar las opciones e iniciar la partida a expensas de encontrarte con la sorpresa, la decepción o el aburrimiento. Algo así como tirarlo a suertes, creyendo que esperas que te toque el mejor resultado cuando lo más probable es que solo quieras experimentar esos instantes previos a que la suerte actúe. Pero me mentiría a mí misma si no admitiese que una pequeña porción de esa ansia por abordar nuevas obras es debido al FOMO, el temido síndrome al que estamos sujetes en mayor o menor medida. La necesidad de tener entre tus manos el videojuego del momento a pesar de que no pases del primer capítulo o tus pendientes abarquen una habitación entera. Pero el chispazo ilusorio de ese apremio dura poco, dejándome con un videojuego al que no quiero seguir echándole horas por la razón que sea. Renunciar a él me parece la única solución a este conflicto, aunque ello conlleve sentirme culpable y me genere una intranquilidad que siempre zumba en mis oídos. 

Si en su momento hablé sobre la falta de tiempo para poder jugar a todo lo que está en las listas de pendientes, la acumulación de videojuegos en nuestras bibliotecas y los beneficios de permitirnos pausar nuestra afición a fin de despejarnos un poco, esta vez quiero dar un paso más. ¿Qué pasa cuando no nos acabamos los videojuegos? ¿Es horrible tener más de uno, cinco o diez juegos sin terminar? Lo pregunto porque, a juzgar por la respuesta de muches jugadores, hablar sobre abandonar aquellos que tenemos pendientes es entrar en un terreno pantanoso. Pocas son las personas que quieren admitirlo abiertamente o lo hacen sin reticencias debido a multitud de estereotipos sobre les jugadores, aunque casi todes lo hacemos. No obstante, las comunidades en líneas, las páginas web y los foros de videojuegos acumulan cientos de mensajes anónimos preguntando y debatiendo, así como buscando consuelo y pidiendo consejos, acerca del tema. El objetivo es encontrar algo con lo que enfrentarse a uno de los mayores miedos de parte de les jugadores, es decir, convertirse en alguien que tienden a dejar las obras sin finalizar. ¡Vergüenza sobre tu carnet gamer! Bromas aparte, el quid más preocupante de la cuestión no es solo que es harto común no terminarlos, con lo que estamos dando por hecho que somos la excepción a la norma con una posible inquietud por nuestra parte, sino que se tiende a tratar desde la visión patologizante

En consecuencia, es fácil hallar entre los cientos de mensajes la angustia de quienes padecen «la enfermedad» y no saben cómo gestionarla, y una cierta crítica disfraza de bondad, con recomendaciones genéricas de muchos salvadores que nunca han padecido esa ofensa contra el medio. Leer estas participaciones me produce una cierta tristeza, y es que gran parte de los mensajes con los que empiezan los hilos parten de la culpabilidad, como si jugar fuese un compromiso, una losa pesada a medida que no encajas en los deseos de la comunidad. Lejos de tranquilizar, muchas respuestas tienden a poner más peso sobre ese sentimiento de doble filo, refiriendo incluso que estamos «rotes». Así que en vez de hallar un consuelo a algo que aflige, las necesidades de les jugadores acaban siendo lo de menos en comparación a las opciones que hay disponibles para no defraudar a los videojuegos. O, como mínimo, esas necesidades están por debajo de las obras. Asimismo, resulta inquietante que este asunto despierte tantas pasiones y se afirme que hipotéticamente la mayoría de jugadores empiezan y acaban los títulos, mientras la realidad dista mucho de esa generalización. Es un poco parecido a lo que sucede cuando se hacen listas de obras que debes haber leído si eres «un buen lectore». ¿Eso nos puede definir como personas? No lo creo así. Pero a menudo nos forzarnos a ello, escogiendo títulos con los que no sentimos confortabilidad. Queremos hablar y formar parte de quienes sí aprecian las obras, como si terminarlas fuese el único requisito para alcanzar el entendimiento o su potencial. 

Cuando se habla de no acabar los videojuegos, normalmente lo reducimos a las razones que nos llevan a ello. Parece que necesitemos un motivo que nos haya empujado a ese funesto destino, dando validez así a nuestra decisión. Si no lo completamos, por algo será, ¿no? Pero para mí terminar un juego puede ser la mejor decisión que tomemos incluso sin una de esas llamadas razones de peso. Nadie tendría que estar valorando si es la correcta o tiene sentido. Solo deberían aceptar que así ha sido, sin mayores molestias. A fin de cuentas, es la propia persona quien asumirá las consecuencias, de haberlas. Porque, repito, es nuestro ocio, nuestro tiempo, nuestra vida, y con ella deberíamos poder hacer lo que quisiésemos siempre que hubiese un respeto y una ética. Si hasta en un entretenimiento hemos de andar de puntillas, ¿qué nos queda para ser nosotres mismes? Por tanto, los videojuegos deben adaptarse a nosotres, y no viceversa, puesto que el momento en que cedemos el testigo a otres estamos forzándonos a ser quienes no somos. De no ser así, el deber se impone a la elección, así como el malestar lo hace al deseo, y por muchos trucos que leamos, por mucho que nos enseñen las maravillas de la constancia, el desasosiego de forzarnos al extremo acaba por invadirnos.

Esa postura, la de ofrecer soluciones a problemas que otres han creado, no hace más que aumentar el malestar que relacionamos con el ocio afectado, llegando a aborrecerlo de pura frustración y desesperación. En pocas palabras, al final los videojuegos son un pozo de desdicha por no aceptar que las personas se relacionan con ellos de formas diversas. Nos olvidamos que acabar o no un videojuego puede venir condicionado, que no obligado, por una falta de tiempo, un estado que nos impide conectar con la obra, querer o haber de priorizar otros títulos o aspectos de nuestra vida, haber llegado a un punto con una curva alta de dificultad para nosotres y hasta una simple pérdida de interés propia o ajena (el título se alarga en exceso, pierde frescura, no nos convence al desarrollo de la historia, etc.). Tenemos derecho tanto a aburrirnos con los videojuegos como a gozarlos hasta la saciedad, y ambas posturas pueden hacer que no demos carpetazo a un videojuego. Aun así, ninguna de las razones por las que dejemos una obra antes del «The End» debe relacionarse con un supuesto fracaso, ni usarse como una forma de poner en tela de juicio el gusto por el medio y el compromiso con el mismo de una persona. Como suelo decir, ser jugadore no es tener un deber perpetuo para con todo lo referente a los videojuegos, ni presionarnos a entrar en un molde definido por un puñado de personas. Es experimentar y compartir una afición mediante nuestros propios términos. 

De ahí que sea tan significativo que en los últimos años algunas comunidades, como el foro de Reddit patientgamers, se hayan arriesgado a disertar, racionalizar y quitar importancia a este aspecto como uno más de la larga lista de conceptos añejos, acunados por un perfil altamente excluyente. A este respecto, quizás ni las etiquetas de true gamer y hardcore gamer, normalmente asociadas a ese afán por acabar los videojuegos, debería tomarse tan en serio o, hasta si me apurais, existir, ni todes queremos formar parte de la vieja escuela o quedarnos ahí. Aunque suene terriblemente obvio, los tiempos han cambiado. Ahora podemos acceder a más videojuegos, con lo que no estamos atados a pasarnos una y otra vez el mismo, y tenemos un mayor poder de decisión. Este punto suele estar igualmente limitado por cuestiones tan amplias y que tan necesariamente deberíamos derrocar, como las múltiples desigualdades. Así, democratizar los videojuegos, hacer valer nuestros derechos y romper con las imposiciones que socavan nuestra relación con ellos es algo esencial para relacionarnos de una forma más sana con el medio. Por ejemplo, decidiendo a qué queremos jugar o no jugar como forma básica de posicionamiento. En mis plataformas y en mi tiempo quiero tener la capacidad de escoger, por poco que sea, lo que también quiere decir jugar a aquello que me plazca o dejarlo estar con o sin razones. Sin culpabilidad ni vergüenza, sin presiones internas ni externas, sin el FOMO persiguiéndonos cual fantasma. En definitiva, ser capaces de poner nuestras propias normas y hábitos a la hora de jugar, aunque no siempre sea posible aplicarlas.

Un tema distinto es el proceso que seguimos en la realidad, y que viene propiciado por los pensamientos y los sentimientos que no se generan solo mediante ciencia infusa. Aquí tenemos un pequeño margen para saber qué es lo que nos pesa más a nivel individual y cuáles son los hábitos propios que refuerzan las emociones negativas asociadas a, por ejemplo, no finalizar los videojuegos. En mi caso, uno de los placeres culpables que tengo al respecto es el de hacer listas de títulos que he dejado a medias. Antes de incluirlos sé que gran parte de los que anoto no voy a terminarlos, ya sea porque no me convencieron o porque me produce ansiedad pensar en finalizarlos. Pero de todas formas los escribo en una hoja de mi libreta, como si de un acto de buena fe en mí misma se tratase. A su vez, esto me produce una mayor culpabilidad, porque algunas temporadas juego solo para tachar los títulos apuntado, a medias presente en ese ir tocando botones hasta llegar a la fase final. En esas ocasiones este vicio mío me recuerda lo poco involucrada que estoy con mis juegos y los equipos que los han desarrollado, y lo «mala jugadora» que soy por «jugarlos mal» o abandonarlos así. Todo empeora en temporadas altas de lanzamientos porque mi sensación es que no puedo conceder el suficiente cariño y espacio a todas las obras que anoto en mi calendario. Es uno de los bucles nocivos en los que intento trabajar al respecto. Por desgracia, no recaen solo en mi voluntad, aunque lo intente por todos los medios. 

Otra dificultad que manejo como buenamente puedo es mi tendencia a no terminar las obras porque me cuesta despedirme de ellas. Si me preguntáis, diría que mantenerlas en suspensión es mi forma de no separarme de algo que me ha aportado bienestar. Lo peor es que también me produce angustia dejarlas así, a medias, pero al pensar en acabarlas y despedirme me doy cuenta de que es peor el malestar que siento entonces. Desde aquí os digo que hay otras razones que pueden empujarme a abandonar un videojuego a medias, como no tener tiempo o no sentirme cómoda con algunos aspectos del título, pero una parte de las obras sin finalizar que anidan en mis estanterías son fruto de lo doloroso que percibo la separación. Intento animarme a acabar la mayoría de los juegos que adquiero, pero muchos son verdaderas espinas clavadas. Hasta puedo haber visto y leído su final, o ser una obra de 2 horas, pero para mí, en algún rincón de mi ser, siguen en ese punto donde los dejé. A salvo. No sé si será por la anticipación de un episodio triste, el predecible vacío que me causará su despedida, la ilusión de algo permanente o todo lo anterior, pero mi reserva a la hora de zanjar un videojuego es mayor cuanto más interesada estoy en él. Suerte que muchos títulos que adoro me dan algún elemento que me atrapa, contrarrestando mi apego, o no sería capaz ni de formular una recomendación. Esa reacción visceral ante la partida de una obra me lleva a pensar que, aun cuando tuviese todo el tiempo del mundo a mi disposición, estoy casi segura de que dejaría algunos juegos por la ansiedad de separarme de ellos.

Pero mi experiencia y mis malos hábitos no revocan (más bien al contrario) que, en general, estemos culpándonos, obsesionándonos y castigándonos por no acabar los videojuegos, priorizando el llegar a la meta en vez de la experiencia en sí misma. No insinúo que debamos dejar los títulos siempre a medias, puesto que acabarlos puede generar en nosotres múltiples sensaciones agradables. Más bien, reivindico el poder de decidir terminar los títulos que llegan a nuestras manos. Porque, si ante la idea de darles un final nos recorren sensaciones desapacibles y estrechamente relacionadas con la angustia por llegar a ese final, no vale la pena forzarnos a demostrar que hemos llegado a los últimos compases del título. Obviamente, hacerlo puede influir de una manera u otra en nuestra percepción completa de una obra (y no siempre para bien), pero eso no nos arrebata la riqueza que nos ha dado hasta el instante en que lo hemos pausado, sin importar el momento en el que sea. El único aspecto que debería preocuparnos es si esto sucede sin control y produciéndonos graves inconvenientes a nivel psicológico y emocional, puesto que estaríamos ante un escollo que podría ser beneficioso analizar y resolver antes de que siga afectando nuestras vidas. Pero si todo parte de la necesidad urgente solo por tachar listas, por mostrar en nuestras cuentas que hemos acabado cientos de juegos o la impresión errónea de que así habremos amortizado el tiempo y el dinero invertidos, entonces a lo mejor es buena idea darnos un merecido respiro para apreciar el paisaje a nuestro ritmo en vez de llegar rápidamente al destino.

Colaboradora

Apasionada de los videojuegos independientes y de la comunicación, no duda en hablar sobre videojuegos allá donde es bienvenida. La curiosidad me lleva a buscar respuestas en los lugares menos sospechados, así que siempre tengo preparadas algunas preguntas.

  1. METALMAN

    Sin ánimo de ofender, creo que esto es fruto de algún problema psicológico proyectado sobre los videojuegos, porque uno, en su intimidad y bajo presión cero, debería saber a qué le apetece jugar y cuándo la apetece jugar (o a qué no le apetece, al menos), sin darle más vueltas (y si no vuelves a reanudar esa vieja partida será, simplemente, porque no te motiva lo suficiente [o porque algo no te deja disfrutar, en líneas generalas. Otro problema]).

    No creo que sea lógico sentirse mal porque dejamos a medias un libre, un videojuego o una película, y entiendo que si alguien tiene este problema, debería hablarlo con un especialista (sin miedo).

    En mi humilde opinión, debería importarnos -100 lo que digan individuos que ni conocemos, ni nos van ni nos vienen, en un foro o en redes sociales: la vida es decidir en libertad (al menos sobre cualquier aspecto de la intimidad), y si nos condicionan en exceso este tipo de temas, o si nos hace sentir inseguras un videojuego, o nos causa pesar y pena no acabarlo (o nos da miedo que se acabe), lo que tenemos es un problema más grave, que nada tiene que ver con los videojuegos en cuestión.

    Lo digo sin ánimo alguno de ofender: en este texto parece haber un montón de miedos y de inseguridades que nada tienen que ver con el medio.

    Saludos!!

    1. Lusinder

      @metalman
      Creo que lo has que has dicho tiene buena intención, pero es algo erróneo. Es decir no soy yo quien para decir lo que siente una persona sin problemas de salud mental porque tengo un buen (malo siendo objetivos) historial, pero son sensaciones que provienen más de la forma social de relacionarse con esta afición que de la condición psicológica. Por ejemplo: el FOMO no es algo del individuo, porque literalmente es algo que se estructura en el marketing de las propias empresas. También está la identidad gamer en todo su sentido, que a veces nos hace valorar los productos como parte de nuestra vivencia personal de forma que queremos experimentarlos en su plenitud ya sea para entender el fenómeno social detrás del mismo o darle sentido a todas esas horas que ya le has dedicado. Son cuestiones que a mi parecer al no ser habladas en público nos hacen sentir mal y perder el tiempo. Al final somos sociales y nos importa una gilipollez como que un desconocido nos diga que no podemos opinar de un juego por no terminarlo. Hasta aquí la turra 🙂

      1. METALMAN

        @lusinder

        No te falta razón, y esa parte social tiene su efecto. Sin duda.

        Pero una sociedad es un cúmulo de individuos, y en el momento en el que un individuo sabe lo que es el FOMO (y lo entiende), u otras acciones similares, debe posicionarse, y esto es un acto individual. Juega a ese juego y sufre, o no juegues y descubre que no era vital ni obligado.

        No intento quitarte la razón, porque creo en lo que dices, pero entiendo que el problema es el exceso de dependencia de los grupos, y lo poco que se nos enseña sobre la elección, la libertad personal y los trámites que hay que llevar a cabo para alcanzarla (un poco de sufrimiento, por la aparente desconexión, y luego sensación de libertad: «no importaba perderme esto, o no hacer lo otro, o no acabarme ese juego»). Pero bueno, soy consciente de que es fácil decirlo, y lo chungo es poder ponerlo en práctica. (Yo es que nací asperger, lo entiendo todo «raro» [True History])

        Debemos ser más autocríticos. El mundo está lleno de gente maravillosa, por qué debería importarme un individuo, o un grupo, que me hace sentir mal con su perspectiva sobre «hay que acabarse los juegos»… lo que debo hacer es alejarme, no sentirme mal porque no encajo o porque no sigo su procedimiento… que sigan a lo suyo, yo lo enfoco y lo disfruto de otra manera y lo que ellos piensen jamás podrá afectar a cómo tú lo disfrutas, luego no importa realmente a niveles prácticos. Queremos sentirnos parte de algo a cualquier precio, aun a sabiendas de que nos engañan o aun a sabiendas de que nos condicionan. Ya somos parte de algo mucho más importante, nuestra felicidad y la construcción de nuestra vida, y todo debería girar a su alrededor, no en torno a los demás (a niveles íntimos, ojo).

        Vivimos en un mundo con más de 7000 millones de habitantes… ¿cómo puede darnos miedo no pertenecer a un grupo, o quedarnos solos? Esto no es problema del FOMO ni del videojuego ni del fascismo, es la no comprensión de la individualidad y de cómo desarrollarla, y de la búsqueda de otros individuos, o es un problema psicológico (inducido o no).

        Pero no niego tus razones, porque son la realidad. Yo lo veo desde una perspectiva superable en teoría, y tú lo ves desde una perspectiva descriptiva, pero es el mismo problema social desde el que parte todo (O igual me he equivocado, porque ya digo que es lo que pienso, no una realidad absoluta).

        Lo que comentaba, iba más por el sentimiento de culpa, o el miedo o la pena que expresa Deborah, que no creo que sean problema del medio ni de los individuos que lo componen (sea cual sea su comportamiento o alineación), que parece más un problema propio (no lo digo de forma descalificativa, y tampoco lo puedo asegurar, claro)

        Saludos!!

        Editado por última vez 15 noviembre 2021 | 17:47
      2. Lusinder

        @metalman
        Más o menos entiendo tu punto, pero sigo pensando que no podemos asociar malestar con problema de salud mental. Quiero decir que ese dolor sea en mayor o menor medida puede deberse a factores muy diversos y la ansiedad de la que habla en el artículo no conocemos su intensidad, por lo tanto a priori lo más adecuado es no considerarlo algo patológico. Además en el artículo percibo poco incapie en buscar culpables y atacarlos si no en relatar esas sensaciones de las que deberíamos hablar más. Quiero decir que estoy convencido de que son experiencias más universales de lo que pensamos, pues son inseguridades habladas sin tapujos de forma visceral y que creo que en tu caso han sido percibidas con un grado de malestar quizás mayor del que es. En caso de que no fuera como yo pienso y nuestra querida escritora de Anait acabase llorando o con convulsiones por no acabar un juego pues si lo consideraría un problema grave, que no sé hasta qué punto ayudaría que se lo dijeramos nosotros.

        Editado por última vez 15 noviembre 2021 | 18:13
    2. Orlando Furioso

      @metalman
      yo lo interpreto de otra manera: en este artículo no se habla de videojuegos, sino de la relación que se tiene con ellos. Efectivamente el peso recae en el individuo y, por extensión, en la comunidad. Por otro lado, la contradicción viene en querer resolver que cada uno debería hacer lo que quisiera, sin importar las exigencias colectivas, subrayando que cada uno se afirma en la medida en que hace lo que quiere, de modo que, al final, es un ejercicio de sometimiento a esas exigencias. Creo que es la contradicción de este «giro individualista» que se percibe en todas partes por internet (giro individualista que es especialmente preocupante en la izquierda) y que puede resumirse en la fórmula que criticaban los Tiqqun/El comité invisible: «yo soy yo» (el contenido de este yo es variable, por supuesto).

      Editado por última vez 16 noviembre 2021 | 10:46
      1. METALMAN

        @orlando_furioso

        Muy interesante. Sobre el comité invisible, me has hecho recordar un texto interesantísimo en el que se hablaba sobre la mercantilización de todo, y no he podido evitar mezclarlo con esto: querer terminar esos juegos, o pensar en ello de forma culpable, podría tener que ver con querer rentarlos, sin ser conscientes de ello… Uff muchos melones se pueden abrir aquí.

        Estoy de acuerdo con la lectura que haces de ese giro individualista erróneo (que no es a lo que me refiero con mis menciones sobre el individualismo [que yo siempre lo enfoco como algo íntimo, apartado de la realidad social del trabajo, de las leyes… que tienen otras reglas y restricciones que no valen para el tiempo libre, los hobbies o nuestras inquietudes culturales]).

        Saludos!!

        Editado por última vez 16 noviembre 2021 | 12:18
      2. Orlando Furioso

        @metalman
        claro, claro, la noción de individuo es muy compleja, a veces es solo una posición relativa (los primeros liberales no eran individualistas como se entiende ahora, sino que consideraban que, en el colectivo, el individuo era primero, y no, como ahora, el individuo y nada más, a pesar del colectivo). Lo del giro individualista es básicamente este trabajo sobre uno mismo, de reafirmación, de construcción, de identificación con uno mismo. Este retórica está en todas partes.

        Los hippies dicen: sé tu mismo.
        Las marcas de ropa dicen: tú eres tú.
        La izquierda dice: sobre mí mismo mando yo.
        La derecha dice: yo soy único.

        Y así hasta la náusea. Por eso comentaba que me parecía un problema esta determinación de lo que uno mismo es, la fijación del yo, para hacerse un hueco, una protección, frente a lo otro (las amenazas, el mundo, lo que sea).

        Editado por última vez 16 noviembre 2021 | 13:55
  2. Lusinder

    Sí soy. Por suerte ya relativizo mi relación con los videojuegos porque no es mi principal afición y porque no se merece sufrir en el ocio, pero muchas de las inseguridades mostradas las he sentido. Al final se trata de disfrutar no de seguir jugando al Monster Hunter: World de los cojones aunque sea un juego porro que no me aporte nada tras más de 30 horas jugadas.

    Editado por última vez 15 noviembre 2021 | 17:19
  3. NahuelViedma

    Que las cosas que nos den satisfacción sean las mismas que nos den angustia o culpabilidad es de lo mas normal del mundo.

    No creo que la solución pase por hacer de nuestra relación con el medio algo mas higiénico. Mas que combatirlos e inundarlos de asepsia, prefiero abrazar los miedos y los complejos porque es así, explorándolos, que se encuentra su raiz y dejan de tener efecto.

    Siempre va a haber un otro que nos condicione, la paradoja es que es imaginado, incluso cuando posee entidad está sobredimensionado. Llevamos 6/8 años pensando en un perfil de jugador que alimenta desde las sombras nuestros temores porque nos cuesta admitir que nuestra pasión ya esta trunca de entrada (gracias al cielo!!), por mucho que nos gusten los videojuegos.

    1. METALMAN

      @nahuelviedma

      Me ha encantado, sobre todo esta parte: «Llevamos 6/8 años pensando en un perfil de jugador que alimenta desde las sombras nuestros temores porque nos cuesta admitir que nuestra pasión ya esta trunca de entrada»

      Seguramente, creo, porque queremos reproducir lo que en apariencia otros sienten (o nos venden), y esto puede ser fingido, imaginado o proceder de lugares que a nosotros no podrían motivarnos. Nada es tan increíble como parece o como nos cuentan, nada tan básico es tan espectacular… pero esto tendríamos que identificarlo tras varios intentos y sus respectivas frustraciones temporales. No hacerlo es el problema (y eso no quita que nos dejemos influenciar en algunas ocasiones, porque no tiene precio esa aparente pizca de felicidad, que ya descubriremos que no es de nuestra talla).

      Pero si esto ocurre siempre, o si no vemos la trampa que nosotros mismos a veces nos tendemos, entonces el problema no es ajeno, ni superficial. Es patológico, porque nadie consciente toca la llama, se quema, y vuelve a tocar la llama de forma indefinida mientras se pregunta ¿por qué me quemo?

      Conductismo básico.

      Saludos!

      Editado por última vez 15 noviembre 2021 | 18:41
      1. NahuelViedma

        @metalman
        Mas que patológico, humano, entendiendo esto último como el único ser vivo capaz de seguir apoyando la mano en la llama.

        Quiero decir, me reconozco en muchas de las ansiedades de las que Deborah suele nombrar en sus artículos, pero por mas requisitos impuestos por cierta comunidad o estrategias de las empresas detrás, no puedo dejar de pensar en nuestra propia parte en todo esto. No creo que se pueda aspirar a una relacion mas sana o pura con los videojuegos, disfrutamos en parte gracias a este tipo de cosas.

        Editado por última vez 15 noviembre 2021 | 19:22
  4. koalesco

    La otra ocasión, me dieron un logro «raro» por terminar un capitulo de la historia principal, de esos porcentajes bajos tipo 2 o 3 %, y me entro la curiosidad, ese porcentaje es sobre la cantidad de jugadores en una plataforma o sobre los jugadores del juego en esa plataforma?.

    Yo creo que a los jugadores que ya llevamos tiempo en esto, nos cuesta dejar los juegos a medias, mas por costumbre que por otra cosa, me explico: cuando era pequeño, el acceso a los videojuegos era mas complicado, entonces pasabas mas tiempo con un solo videojuego y eso propiciaba que no solo lo terminaras, sino que incluso le dieras varias «vueltas» y fueras un gran jugador en ese juego, claro eso se veia entre amigos como si fueras un jugador mas hardcore porque eras el que se pasaba el juego casi de memoria o sin morir.

    Ahora que ya somos mayores y el acceso a los videojuegos es mucho mas simple, tendemos a acumular mas juegos de los que podemos jugar y alguno acabara abandonado, y es ahi cuando entra esa sensación de culpa al no poder «disfrutarlo» en su totalidad, al no conocer la obra completa.

    Y aunque creo que para disfrutar plenamente un videojuego no es necesario terminarlo por completo, cuando hago clic con alguna obra si que procuro terminar por lo menos la historia principal o la base del juego, incluso revisitarlos.

    Me duele un poquito mas adquirir y no jugar, que dejar iniciado un juego.

    Editado por última vez 15 noviembre 2021 | 21:34
  5. FERIFO

    Me acuerdo de cuando jugué al Alien Isolation, tras la primera muerte decidí que fuese un juego con «permadeath». Me pareció un juegazo y aún así no volveré a tocarlo.

  6. Aldof

    Se puede vivir con FOMO, no pasa nada la verdad

  7. Penesher

    Creo que cada vez es más importante aprender a diferenciar entre amantes de los videojuegos y amantes del mundo de los videojuegos. Conozco a un montón de gente que sigue la actualidad, ve a streamers, opina y realmente hace un gran esfuerzo por estar «en el meollo», pero a la hora de la verdad no tienen la paciencia ni las ganas de jugar a un videojuego de principio a fin. Y temas como el Game Pass o las campañas de regalar juegos todas las semanas en PC no hacen sino alentar el picoteo. No pasa nada, usar los juegos como productos de usar y tirar, probarlos 10 minutos para ver de qué van y pasar a otra cosa es legítimo, como también lo es acercarse al mundillo por curiosidad o por sentirse integrado en una movida, pero ponerse a hacer análisis absurdos sobre el FOMO o que si la abuela fuma me parece un poco ridículo.

    Editado por última vez 16 noviembre 2021 | 15:11
  8. borjasnake1

    Trato de asumir dejar los juegos medias por falta de tiempo, pero me supone un mal interior no finalizar una obra entera para tener una opinión completa. Otro punto que me hace tener una gran lista y abrir juego tras juego es maldito Fomo. Siendo una persona con un círculo cercano que no le gustan los videojuegos, pues el Fomo me permite ser parte de la comunidad y por unos días estar en medio de una comunidad.
    Lucharé por salir de esto y disfrutar, mientras tanto gracias por estos artículos que comprenden y ayudan a los videojugadores.

  9. Zoa_125

    Yo intento terminar todos los juegos que me interesan y me genera ese malestar si los dejo a la mitad. Pero por eso también hago mucho filtro, y voy a juegos más cortos que sepa que voy a poder terminar y que me atraigan. Mas que nada porque se que si son cortos hay menos riesgo de que se les haya ido la mano a los devs con el tiempo que duran sus juegos, muchos llegan a esos momentos donde por ejemplo el juego ya no tiene nada que mostrar , no hay nuevas ideas o nuevas situaciones, pero por alguna razón dura 20 horas mas, y es todo lo mismo. Así quien se va a terminar esos juegos?

  10. DavizAlonso

    En mi opinión, creo que se debe a la culpabilidad por haber malgastado el dinero. Por lo menos en mi caso. Es decir, si me he comprado un juego de 40€ y he jugado 2 horas, siento como si estuviese tirando a la basura la mayor parte de esos 40€. Es una mierda esa sensación.

  11. nikopolidis

    Antes yo sentía la frustración de tener que terminarme los juegos para poder tener una opinión formada de ellos, que era mi responsabilidad con el juego y sus desarrolladores. Esta presión se acrecentaba cuando el juego que me costaba «pasarme» era uno que en teoría, debía «gustarme» por ser de mi género favorito o ser super aclamado por la prensa. Si no me gustaba me daba la sensacion de que al final tendría sentido su popularidad o si no, algo estaba haciendo mal o no era un buen jugador.

    Ya no me pasa TANTO. Ojo, sigo trabajando contra ello, y ahora estoy en un punto medio donde sé valorar mis propios gustos pero donde también me da rabia que no me guste juegos «populares». En mi caso, no me ha entrada nada bien juegos como Disco Elysium o Kentucky Route Zero y me ha jodido, pero tambien he conseguido dejarme a medias juegos como Persona 5, Psychounauts 2, Days Gone, DOOM, Hollow Knight…

    Lo dicho, juega a lo que quieras, hasta cuando quieras y como quieras, que para eso el juego es tuyo.

  12. EldelbarHax

    Muy identificado con el tema del texto. Yo también me siento culpable cuando no me los paso. A veces estoy pensando en cual jugaré después en vez de disfrutar el que estoy jugando y cuanto mas se alarga más ganas tengo de acabarlo.
    En mi caso, suelo acabar un gran porcentaje de ellos, sobre todo por que, con toda la información que tenemos, es facil acertar con un juego que te guste antes de comprarlo. Pero tengo cada día mas claro que a todo no se puede llegar y si un juego no te esta gustando, se deja y a otra cosa, que como bien dices, la estantería esta repleta.