Un análisis de Planet of Lana II

Una secuela Mui necesaria

Una secuela Mui necesaria

La apacible vida de Lana y Mui se ve truncada por una invasión; en un viaje tan precioso como relevante, tendremos que salvar tanto a nuestra nueva compañera de aventuras como a toda nuestra comunidad.

Los personajes de Planet of Lana II: Children of the Leaf no hablan ningún idioma de los que conocemos en la Tierra, no podemos entender qué dicen. No obstante, más allá de que desde Wishfully dejan claro que nos corresponde a nosotros interpretar lo que sucede y aquí entran en juego multitud de variables, las emociones que envuelven cada conversación, cada encuentro y cada situación en esta secuela son inconfundibles. El regreso de Lana, protagonista que da título al juego de nuevo, y Mui, su inseparable compañera cuadrúpeda, es más que pertinente: lo es por motivos argumentales, todavía hay mucha tela por cortar en esta historia; lo es por puro goce audiovisual, la belleza de sus escenarios solo palidece ante los picos más pronunciados de su banda sonora; lo es, y quizá sobre todo por esto, por la pertinencia de un relato cargado de corazón y de alma, algo que nunca está de más, pero que en pleno 2026 es recibido como agua de mayo.

Planet of Lana II comienza con un resumen de lo acontecido en el juego original, una forma idónea de descubrir, quien no jugara en 2023 a este «plataformas cinematográfico», quién es Lana, véase una joven intrépida que se lanza contra todo y contra todos con tal de rescatar a su hermana de las metálicas garras de unas máquinas caídas del cielo. En estos primeros compases que hacen las veces de tutorial descubriremos cómo el pueblo de Lana convive en armonía con multitud de criaturas robóticas, unos pocos misterios relacionados con la convivencia de androides y humanos en algún rincón de la galaxia y, lo más importante a estas alturas del juego, cómo es desplazarse por el mundo de Lana: movimiento lateral sencillo, pero bien enriquecido por las animaciones de una protagonista que no tarda mucho en hacerse un huequito en ese rincón de nuestra cabeza dedicado a los personajes de ficción; algún que otro salto, sin olvidar que coger carrerilla siempre ayuda; y una cantidad nada desdeñable de obstáculos en forma de puzzles, véase una puerta que requiere que Mui pulse un interruptor o alguna que otra palanca que activar para que después nuestro camino continúe adelante.

Toda la calma y felicidad que se respira en los primeros compases de Planet of Lana II se ve truncada por la violenta irrupción de unos hombres muy enfadados. Primero descubrimos que su acción ha envenenado de forma letal a la pequeña y entusiasta muchacha que había convertido la dupla en trío, pero el horror no cesa ya que un vistazo al horizonte revela que se trata de una invasión. Los recién llegados no desperdician un minuto y ponen su maquinaria a funcionar en varios puntos cercanos, destruyendo parajes enteros con enormes excavadoras que horadan la tierra en busca de minerales valiosos.

Pese a que Lana tiene la intención de unirse a los suyos para defender a su pueblo, todavía es demasiado pequeña. Por suerte, si algo hemos aprendido de la ficción es que el tamaño no importa mientras la heroína que emprende el viaje tenga una voluntad férrea, por lo que Lana emprende una misión clave, que solo ella, junto a Mui, será capaz de llevar a cabo: salvar a la pequeña antes de que sea demasiado tarde. Para ello deberemos conseguir una serie de materiales que servirán para elaborar una cura: el primero de ellos está en el mismo poblado y hará las veces de nuevo tutorial, ya que necesitaremos que Mui nos posibilite controlar a unos simpáticos pececillos para que luego Lana pueda bucear sin peligro hasta este primer ingrediente; los otros tres elementos que componen la receta nos llevarán desde la mina más profunda hasta la cima más alta, sin dejar de lado las siempre inquietantes profundidades marinas y un bosque ghibliesco tan bello como sentenciado.

No es baladí la mención de Studio Ghibli, ya que cierta deidad del bosque bien podría haber formado parte de una de sus películas, al igual que la adorable Mui. Diseño y estética al margen, la relación con el estudio de animación japonés encuentra su máximo sentido si nos fijamos en algunos de los temas que vertebran Planet of Lana II: la confrontación unilateral entre la máquina y la naturaleza, la representación del progreso humano como una fuerza incesante que arrasa con todo en pos de una suerte de avance que no hace más que dejar atrás gran parte de la biodiversidad de una zona.

Es una preocupación que han reflejado Miyazaki en La princesa Mononoke, Tolkien en El señor de los anillos o —quiero creer que— Cameron en Avatar. Este apetito insaciable por exprimir los recursos naturales de una región está cimentado en la avaricia humana, o mejor dicho en «la avaricia de los hombres»; como escribió Clara Doña en Ahoy, los muertos del Obra Dinn te saludan, su crítica del juego de Lucas Pope en la revista LOOP, este tipo de personas son quienes «piensan que todo lo natural es, por derecho, poseíble». Un autoboicot que a la humanidad le encanta cometer, sobre todo si puede esquilmar el territorio lejos de su zona habitable, total, importa menos si no afecta a lo mío

Puede que Planet of Lana II no se adentre en los mares del ecoterror, pero sí que pone la lupa en los horrores de las potencias que destruyen todo allá por donde van. En nuestro intento de salvar una vida, por suerte, también podremos poner nuestro granito de arena para frenar este avance imperialista que está acabando con todo y todos a su paso. Pocas imágenes más devastadoras que recorrer lo que había sido un poblado lleno de vida en mitad de un bosque y que lo único que quede sea muerte y cenizas.

Encontraremos aún más temas relevantes a lo largo del viaje de Lana y Mui. Nuestra comunidad aparentemente horizontal contrasta con lo que parece un ejército liderado por una figura mesiánica que lleva a su gente a lo que parece ser tierra prometida, los flashbacks de Mui nos permitirán descubrir ciertos secretos estrechamente ligados a todo lo que acontece en el planeta de Lana, además de poner sobre la mesa asuntos como la convivencia entre especies; por mucho que sean herramientas para resolver puzzles, la ayuda de ciertas criaturas para que logremos avanzar pone en valor algo tan básico como que es mejor colaborar con el resto y formar parte de un todo que avanzar pisando cabezas con tal de ser quien llegue un poco más alto —una forma de ver la vida contra natura y sin sentido, pero muy extendida.

La etiqueta de «experiencia cinematográfica» no le queda grande a Planet of Lana II. Controla muy bien el ritmo para que la alternancia entre secciones de desplazamiento contemplativo, salas con un puzzle a solventar para seguir avanzando, zonas de plataformeo y las secuencias que hacen avanzar la trama resulte orgánica y fluida. Habrá quien logre resolver los obstáculos que Wishfully ha diseminado por nuestro camino estrujándose el cerebro, pero quizá enloquecido por cierto espíritu infantil en mi caso muchos de ellos se resolvieron a base de lanzarme de cabeza contra ellos —pobre Lana—. El ensayo y error está permitido, pero el diseño de cada uno de ellos nos ofrece las pistas necesarias para poder avanzar sin llegar al atore.

Uno de los motivos por los que Planet of Lana II no se hace repetitivo es porque la variedad de escenarios va de la mano con el planteamiento de situaciones conocidas, pero diferentes. Podremos utilizar la tinta de un pez para ocultarnos o la capacidad de dejar un rastro de material inflamable de unas esponjosas criaturas de montaña para propagar un fuego en distintos puntos del juego, pero cada vez encontraremos nuevos retos para que la situación no pierda un ápice de emoción. Ocurre lo mismo con Mui y su arsenal de recursos, todos ellos excelentemente mapeados en el mando para que manejar a ambas protagonistas sea tan sencillo como intuitivo. Además de mover a Lana, podemos indicarle a Mui si queremos que nos acompañe —qué importante este verbo en la historia de estas dos— o que aguarde en un punto concreto, un recurso esencial para que después pueda pulsar un botón, desactivar algún robot hostil o simplemente mantenerse a salvo hasta que posibilitemos un camino seguro para ella.

Quizá la parte del juego en la que más sufrimos por Mui sea en las zonas acuáticas, ya que este precioso animalillo no sabe nadar. Por suerte el planeta de Lana tiene un tipo de planta acuática capaz de proteger a Mui mientras buceamos esquivando depredadores de fuertes aletas y nado rápido o aprovechamos la habilidad en área de Mui para abrir alguna que otra compuerta natural. Hay mucha agua en Planet of Lana II y es tan precioso cada nivel acuático que compensa lo mal que nos lo hace pasar a quienes no llevamos bien eso de transitar un medio que nos deja tan indefensos. Mucho ojo quien sufra con las profundidades, ya que si seguimos nadando como decía cierta pececilla descubriremos secretos esenciales para entenderlo todo, pero el riesgo quizá sea demasiado alto.

El apartado artístico de Planet of Lana II es una delicia. Es sencillo quedarse con sus coloridos escenarios, sobre todo por ser espacios repletos de vida gracias a todo lo que podemos observar a nuestro paso; ayuda que los fondos contengan a varios personajes viviendo su vida, sin importar nuestra acción en el juego, pero también la idea de añadir una capa entre la bidimensionalidad que transita Lana y nuestra pantalla, sencillo pero eficaz truco para aumentar la profundidad. Es uno de esos juegos en los que vamos a desgastar el botón de hacer capturas.

A esto podemos sumar una banda sonora maravillosa, un acompañamiento ideal para todo lo que sucede en el puñado de horas que dura esta secuela. El viaje está lejos de hacerse corto, todo lo contrario, es una historia intensa capaz de dejarnos con el corazón en un puño en más de una ocasión. Sin hacer spoilers, Planet of Lana II nos invita a esperar una tercera entrega, pero no por ello tiene un final insatisfactorio. De la misma forma que logra funcionar en sí mismo incluso sin saber qué ocurrió antes, si no hubiera continuación podríamos abrazar estos dos juegos sin problema, pese a no conocer nunca qué estaba por venir. Dicho esto, ojalá Wishfully desarrolle Planet of Lana III para saber qué ocurre con Lana y Mui, ya que son dos personajes a los que no tardamos nada en abrazar y querer proteger.

Planet of Lana II: Children of the Leaf es una aventura contenida que sabe no alargarse en exceso para que no se diluya ninguna de las estupendas sensaciones que genera. Tampoco lo hace su mensaje. Aunque su apartado artístico pueda llevar a pensar en un juego en el que avanzar y ya, está lejos de ser un sencillo paseo por el campo. Eso sí, es uno de los viajes más importantes, significativos y bonitos que hemos jugado este año. Si algo podemos aprender de las incansables Lana y Mui es que no hay mayor motor que el amor por los nuestros.

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Graduado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la universidad de lo de Cifuentes, Juan es una de las voces de NAT Moderada y ha colaborado en medios como BreakFast, Desayuno Continental y Cocinando Fandoms. Observador nato, le encantan los gatos y si algún día ves que te mira intensamente es porque quiere grabar un podcast contigo.