El estudio italiano Milestone lleva treinta años desarrollando juegos de conducción, tanto de coches como de motos. No debería sorprendernos que en Italia existiera esta pulsión por la velocidad, es un reflejo más de la pasión por el motor que ruge desde hace décadas en el sur de Europa, como lo es que existan compañías como Ferrari, Ducati, Lamborghini, Aprilia o Maserati o que en el campeonato mundial de motociclismo las categorías de menor cilindrada estén siempre copadas por pilotos italianos y españoles, lo que garantiza su posterior presencia en la categoría reina y, además, permite entender que sea una competición donde siempre han triunfado motociclistas españoles e italianos. No obstante, la velocidad no es la única afición que remueve al equipo de Milestone, encabezado en la actualidad por una generación que creció influida por obras como Dragon Ball, lo que lleva irremediablemente a poner la vista en Japón. Estos son solo los dos ingredientes básicos de un guiso que, pese a que podría parecer heterogéneo al leer su descripción en el menú, deja un magnífico sabor en boca desde la primera cucharada, una composición compleja pero muy bien equilibrada que hace de Screamer un agradable soplo de aire fresco.
Veamos qué más ingredientes tiene este guiso antes de profundizar en la experiencia con el mando en la mano. Screamer es un juego de conducción, uno en el que podemos deleitarnos durante horas con sus distintos modos tanto en el arcade como en el multijugador. Screamer también es una reimaginación, el regreso del Screamer de 1996 con la inyección japonesa que aporta la influencia del anime, sí, pero también de géneros como las visual novels. En el torneo, el modo principal del juego y seguramente el más recomendable para los primeros compases de nuestra partida, podremos disfrutar de varias cinemáticas creadas por un estudio de anime y multitud de conversaciones que irán dando forma a una historia bastante más coral de lo que podía parecer cuando probamos el juego hace tiempo.
Estas influencias japonesas le sientan de lujo a Screamer en general, pero a este modo principal en particular. El torneo aparece en la parte central del vistoso menú inicial precisamente porque es la mejor forma tanto de aprender las muchas mecánicas del juego como de conocer al elenco que después utilizaremos en el resto de modos. A quien se le haga bola este torneo siempre puede optar por competir en el resto de opciones que ofrece Screamer, más directas, sin las conversaciones que para quien busque conducir y ya pueden resultar un obstáculo en el camino. Ya que en todos los modos desbloquearemos tanto circuitos como accesorios para tunear nuestros coches después no perdemos nada si optamos por jugar en uno u otro modo.
Quien sí opte por adentrarse en el torneo encontrará una historia larga. Este modo de Screamer está dividido en cuatro bloques, cada uno con un buen puñado de capítulos en los que, casi siempre, tendremos que superar una parte jugable con uno o varios objetivos: gana la carrera, ejecuta con éxito cierta técnica, logra realizar un número concreto de eliminaciones o derrapa durante una distancia determinada, por ejemplo. Screamer es de esos juegos en los que si te cuentan todo lo que puedes hacer quizá parezca demasiada información, un gameplay muy complejo, pero nada más lejos de la realidad. Presentado poco a poco, como sucede precisamente en este modo, las mecánicas se asimilan sin ningún problema y después desenvolverse con soltura en el arcade resulta natural.
Requiere bastante tiempo completar el torneo, tanto por la dificultad de algunas pruebas como por la extensión de esta trama coral que involucra a empresas malvadas, historias de venganza, superación personal, amor y el siempre interesante debate ético sobre la utilización de un avance tecnológico o no por su capacidad y su potencial en función de en manos de quién caiga. Pero es una estupenda inversión, ya que creará un vínculo con los personajes de los distintos equipos participantes, permitiéndonos descubrir qué pilotos encajan mejor con nuestro estilo, cuáles son idóneos para según qué circuito o modo de competición y, sobre todo, comprobar de primera mano la relación directa entre la personalidad de Róisín, Hina, Hope o Noboru coincide con la forma en la que se comporta su vehículo, desde el piloto de mal genio con un coche violento hasta quien mantiene la calma en todo momento y goza de un manejo del volante mucho más suave y elegante, ideal para los trazados más complejos.
Podría dedicar el resto del texto a hablar de los personajes, sus historias y sus relaciones, algo sorprendente ya que al principio hubiera jurado que no eran más que accesorios interesantes en los que no repararía mi atención, ya que la chicha estaba solo en la conducción. Me equivocaba. Sinceramente creí que era mejor probar los coches poco a poco y ya, pero cómo ha mejorado la experiencia con Screamer al seguir el arco de, por mencionar a uno, Noboru Sato, quien fuera el mejor screamer del mundo, metido de nuevo en la competición para ayudar a su hermano y capaz de superar el Trastorno de Estrés Postraumático que sufre tras casi morir en un accidente gracias al mejor piloto del juego. La sensación al pilotar con Noboru por primera vez tras una escena en el garaje de Gage que mejor no spoilear es realmente satisfactoria y nos hace partícipes de la macedonia de sentimientos que recorren el cuerpo de este piloto legendario.
Ahora que ya hemos terminado las vueltas de calentamiento, que empiece la carrera. De forma literal, en Screamer hay carreras que comienzan cuando La Voz grita burn!, aunque también hay muchos capítulos que tras una breve secuencia nos lanzarán ya a la pista en marcha. La única diferencia en este caso es que el primer tipo nos permite aprovechar el acelerón inicial que obtendremos si sincronizamos el pistoletazo de salida con apretar el L1, quizá una de las pocas mecánicas que no nos explica el juego directamente. Conviene saber antes de afrontar la primera curva que además de controlar la dirección del coche con el joystick izquierdo deberemos usar el derecho para manejar el derrape, un sistema un poco diferente a lo habitual, por contraste con el clásico acelerador asociado al gatillo derecho y freno en el izquierdo. Existe otro acelerón más a nuestra disposición, ya que cada vez que queramos cambiar de marcha porque las revoluciones del motor así lo requieran, indicado en la parte inferior izquierda en el velocímetro, podremos pulsar L1 para que el vehículo aproveche ese cambio de marcha al máximo posible.




Hasta aquí la parte tradicional de la conducción de Screamer. Pilotar en este juego es una gozada; es algo que haremos con tranquilidad en los modos individuales que nos permiten competir contrarreloj a lo largo de varias vueltas o sin límite de vueltas si optamos por el modo de puntos de control, que llegará a su fin cuando seamos incapaces de alcanzar la siguiente meta volante antes de que el reloj llegue a cero. No obstante, la mayor parte del tiempo no estaremos solos en el asfalto. En Screamer no vale solo con conducir bien, tendremos que aprovechar todo lo que aporta el Echo System para luchar mientras conducimos. Es un sistema con una relevancia indiscutible en términos de argumento, una explicación verosímil de por qué podemos dedicarnos a estallar coches sin problema alguno y, sobre todo, la puerta de entrada a un gameplay tan caótico como divertido.
Este sistema está representado en una barra horizontal en la parte superior de la pantalla, partiendo del centro. Hacia la izquierda se cargan una serie de segmentos verduzcos que representan la energía que podemos utilizar manteniendo el L1. Una vez podamos utilizar uno de estos contenedores de energía, podremos ejecutar un turbo que durará más si soltamos el botón en el momento indicado —de nuevo, una mecánica que puede parecer demasiado al principio, pero que acabamos interiorizando y ejecutando en automático cuando sabemos que nos beneficiará su uso.
La parte derecha de este indicador se rellena de un color más rosáceo y es la dedicada al combate directo. Con un toque de R1 podremos activar un escudo trasero para protegernos de los ataques de los rivales, una ofensiva que podremos anticipar gracias a unas formas geométricas que inundarán nuestra pantalla en función de la cercanía del coche enemigo —aparecerán pocas y en un tono anaranjado si está cerca, mientras que si el choque es inminente habrá muchas y serán rojas—. No todo será correr y defenderse, si optamos por intentar eliminar a los coches que tenemos delante podemos mantener R1 para que nuestro coche se propulse hacia delante durante un momento y si durante ese impulso contactamos con un vehículo sin escudo lo haremos explotar.
Este sistema permite que se despliegue un mundo de posibilidades ante nosotros. La estrategia que decidamos en cada ocasión se verá afectada por lo que haga el resto, por lo que quizá es mejor tener una aproximación más flexible, aunque habrá quien opte por correr y protegerse sin más… o todo lo contrario, quizá prefiera un estilo más destructivo. Todo vale, ya que en las carreras por puntuación en equipo, un modo realmente divertido, sumaremos puntos en función tanto de nuestra posición como de las eliminaciones que realicemos, pero después habrá que tener en cuenta lo que hayan logrado nuestros compañeros, por lo que hasta el final las posiciones pueden variar por mucho que el líder de la carrera tenga la victoria tradicional a su alcance.
Bueno, ¡se me olvidaba! Hay una mecánica más, ya que si optamos por ahorrar energía y llenamos la barra del Echo System podremos activar el Overrride, una suerte de ataque final que lanzará nuestro coche como si la estrella de Mario Kart se tratara, para después dejarlo indefenso durante unos segundos. Es un arma de doble filo que puede eliminar a muchos rivales, pero que nos hará saltar por los aires si nos topamos con un muro, algo bastante habitual en Screamers.




Existe, de hecho, un tipo de carrera dentro del modo arcade en el que tendremos que intentar sobrevivir el máximo tiempo posible con el modo override activado mientras eliminamos coches. No se tarda mucho en comprobar que no es nada sencillo dominar un coche con tantos caballos desbocados. Eso sí, el dominio de la conducción en sí misma no es lo más difícil del juego, ya que ciertos capítulos de la historia plantean objetivos muy exigentes, sobre todo con aquellos vehículos diseñados para luchar en el barro y no tanto para competir por las primeras posiciones. Todos los coches tienen su encanto, cada personaje además cuenta con una habilidad única, pero los líderes de los equipos gozan de vehículos más rápidos, mientras que los otros dos miembros del grupo suelen ser mejores opciones para ir en grupo y hacer gala del bueno uso de las mecánicas de combate.
Es comprensible que ante todo lo que ofrece el juego de Milestone haya quien piense que han derrapado, que se han pasado de frenada, pero tras jugar a Screamer todo cobra sentido. La historia va ganando matices e interés, lo que permite que los personajes crezcan y que las carreras del torneo importen. El torneo nos enseña todo lo necesario para que el arcade sea un pozo de horas realmente atractivo, sobre todo por la posibilidad de configurar cada carrera tanto con la inclusión o no de ciertos sistemas, la dificultad de la máquina, los vehículos participantes, la longitud de la carrera y otros tantos valores. Screamer es, una vez terminamos el plato, un delicioso guiso capaz de satisfacer a los comensales habituados a los juegos de conducción como a un público no tan versado en el género. Una propuesta tan entretenida que hará que muchos repitan y se llenen el plato una y otra vez.
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Gran análisis Juan! Muchas ganas de este, aunque me temo que tendrá que esperar a una bajadita de precio porque estos meses están siendo de locos.
Lleva escrito Juego de veraneo en el lomo
@carlosgargra
¡Muchas gracias! Uf, bastante juego de verano. Salvando las distancias, pero tiene cierto toque de Smash sobre ruedas, sin llegar a ser Kirby Air Raiders, claro.