Tookyoo Driftto

Avance de Screamer

Screamer
Milestone
PC, Xbox Series X|S y PlayStation 5
26 de marzo de 2026


Todo guiso mejora con la dosis adecuada de sazón, sobre todo si por guiso entendemos videojuego y por sazón un toque de anime. Podemos verlo en ese gusto por la estética ochentera de juegos como Wanderstars o el todavía no estrenado Orbitals, también rezuma —lógicamente— en propuestas como Romeo is a Dead Man, pero quien busque una propuesta más tradicional y menos evangelionizadora seguramente note un cosquilleo ineludible al ver cualquier vídeo del próximo lanzamiento de Milestone: Screamer.

Estamos acostumbrados a detectar el efecto de Japón en nuestros vecinos franceses, véase en series de animación como Galactik Football —entre Campeones e Inazuma Eleven el fútbol se volvió galáctico— o juegos como Clair Obscur: Expedition 33. En esta ocasión el gusto por el manganime llega a otro país europeo, puesto que este juego de conducción está desarrollado en Italia, pero la influencia nipona ha llegado con la misma intensidad que al territorio galo.

Milestone ha recuperado un juego con treinta años a sus espaldas y, tras un concienzudo trabajo en el taller, lo ha dejado listo para competir en cualquier carrera actual. Sus creadores han querido mantener los puntos clave del original en esta reimaginación, pero el salto es tan llamativo como comparar una carrera de Ángel Nieto con una Derbi con otra de Marc Márquez ahora en Ducati —en Screamer no hay motos, pero en Ride 6, también de Milestone, sí.

Quizá hubiera sido más pertinente recurrir a Lewis Hamilton en Ferrari, un monoplaza de F1 está más cercano a los potentes automóviles que pilotamos en Screamer que una moto, además tanto Ferrari como Ducati han influido en este juego tanto como el anime; la devoción de Milestone por la velocidad y la competición encaja perfectamente con la pasión que late con una intensidad incesante en el corazón de Italia desde siempre.

Escuderías italianas, pilotos españoles y británicos… una enumeración que palidece ante la variedad que ofrece el elenco de Screamer. Por lo que hemos podido ver y jugar hasta ahora, el factor multicultural será un punto enriquecedor a nivel sonoro para la historia, ya que en este futuro no muy lejano la humanidad ha desarrollado dispositivos de traducción simultánea que permiten que todos hablen en su idioma y logren comunicarse; los hay tan avezados a la hora de trastear con la cacharrería que hasta han conseguido hablar con su perro. Da gusto cuando la tecnología se utiliza para avances útiles.

En este mundo ficticio, surgido del cerebro del mismo manitas, existe un aparato capaz de permitir que las carreras ilegales en las que participaremos en Screamer no supongan un peligro para la seguridad de los conductores ni de sus vehículos, en otras palabras abren la puerta a que al buen manejo del coche podamos sumar el combate a la ecuación. Como si de un Burnout se tratara, atacar a tus oponentes es una forma tan válida como necesaria para progresar en el torneo que sustenta el argumento de Screamer.

Screamer es un juego de conducción, pero el modo principal contará con hasta media hora de cinemáticas producidas por el estudio de animación japonés Polygon Pictures. A estas secuencias, que lucen de lujo, hay que sumar las escenas con imágenes estáticas que contienen la mayor parte de los diálogos en cada capítulo. De hecho hay capítulos en este modo principal, que además hace las veces de tutorial, en los que ni siquiera tendremos que pisar el acelerador; si un juego de coches te mantiene lejos de la pista ya puede ser bueno el motivo que nos impida estar derrapando un poco más.

Lo que hemos podido ver hasta ahora de Screamer anticipa que el argumento será lo suficientemente atractivo como para que no nos estorbe ni un poco cada rato que pasemos en el taller conversando, ya que es una de las formas de conocer a los personajes y de permitir que la trama progrese. Y si decimos «una» en vez de «la» es porque todo lo que sucede en la pista también contribuye a la construcción de los personajes y el argumento de Screamer.

Durante la sesión de prueba pudimos jugar seis eventos de la campaña y después probar otros modos, un orden sensato ya que como comentábamos antes en el modo historia aprenderemos las distintas mecánicas de Screamer. Sobre el papel encontraremos unos conceptos básicos lógicos: acelerar con el gatillo derecho, frenar con su contraparte zurda y utilizar el joystick izquierdo para manejar la dirección, sin pérdida. Ahora llega el turno de las dos propuestas de Milestone para hacer de la conducción de Screamer algo realmente entretenido: la utilización de ambos joysticks y el llamado Echo System

Comencemos por el manejo de los coches con este sistema dual. Lo más frecuente al manejar un coche en un videojuego, sea en un juego de conducción o no, es que si queremos dar marcha atrás mantengamos el botón del freno —no hay mejor forma de no avanzar que avanzar hacia atrás o, como dicen algunos, retroceder— y si pretendemos derrapar le demos al botón de frenado mientras circulamos con cierta velocidad, además de utilizar el joystick para no perder la trayectoria. En Screamer esta suma de botones se concentra en el joystick derecho, lo que lo convierte en un twin-stick drifter como Inertial Drift, publicado en 2020.

No tardaremos muchas vueltas en asimilar en qué punto es conveniente comenzar el derrape y cómo utilizarlo a nuestro favor para no ceder ni un centímetro ante nuestros rivales. Porque una vez superados los tutoriales básicos podremos empezar a saborear la competición y es necesario saber defenderse… literalmente. Aquí es donde entra en juego el invento que garantiza nuestra seguridad aunque nuestro coche estalle, el mismo trasto que añade a nuestro vehículo el Echo System que convierte esas carreras en un juego de estrategia en tiempo real: podremos atacar a los rivales y hacer que exploten, perdiendo unos segundos muy valiosos, pero eso implica que también podemos ser quienes sean atacados. ¿No suena emocionante? ¡Lo es!

Screamer muestra una barra doble en la parte superior de la pantalla, un indicador de cómo de cargado está este sistema que nos permitirá combatir con el resto. La parte izquierda se denomina «Sync» y se carga tanto de forma pasiva como con el correcto cambio de marchas ejecutado con el L1/LB cuando lo pida el motor; el sonido de las revoluciones permite hacerlo de oído, pero además contamos con un indicador en la parte inferior izquierda de la pantalla que cambia de color cuando es posible subir una marcha. Podemos utilizar esta energía para dar un acelerón, en más de una ocasión puede librarnos de una embestida malintencionada.

La parte derecha de la barra está dedicada a «Entrophy», si lo que buscamos es generar desorden, el nombre le va como anillo al dedo. Si pulsamos el bumper derecho podremos levantar un escudo trasero que nos proteja de los ataques —indicados previamente con unos elementos rojizos en pantalla y un sonido de alerta—, pero si lo mantenemos podremos dar un acelerón tremendo, capaz de destrozar al coche que se interponga en nuestro camino —no son takedowns tan destructivos como los de Burnout, pero sí son esenciales para el devenir de las carreras.

Estos elementos hacen que además de tener que lidiar con las peculiaridades de cada trazado tengamos que reaccionar a las ofensivas rivales y plantearnos qué tipo de carrera queremos hacer: habrá quien busque derribar a sus rivales, quien prefiera intentar ir en cabeza y solo tener que protegerse si no ha conseguido distanciarse de ellos o quien opte por revolcarse en el fango del pelotón que se formará en la parte media. Y las decisiones no terminan ahí, porque si en vez de utilizar esta energía optamos por reservarla, podremos utilizar el «Overdrive System». Al pulsar los dos joysticks con toda la barra llena activaremos este modo que se parece a la estrella de Mario Kart, con el divertido añadido de dejarnos vulnerables durante unos segundos una vez ha terminado, es decir, si tocamos un muro después de este acelerón estallaremos. En Screamer conducimos, pero también tratamos de ejecutar un baile sobre el asfalto en el que el equilibrio entre riesgo y recompensa hace las veces de copiloto.

No tuvimos tiempo de probar todos estos sistemas en el modo principal, por lo que aprendimos cómo utilizarlos sobre la marcha en otros modos, como el denominado «Race!». Es un modo que fue pensado para la competición en línea, pero que funciona sin problema para un único jugador local. Podremos utilizar todos los personajes, opciones de personalización de los vehículos y circuitos que hayamos desbloqueado; un detalle interesante es que corramos en el modo que corramos desbloquearemos elementos del juego. Es posible correr con los denominados «líderes», ideal para disfrutar de los coches más rápidos —y con los que es más fácil ganar o al menos pelear en posiciones delanteras—, pero también con los otros miembros de los equipos, una buena forma de disputar carreras llenas de cambios de posición y remontadas emocionantes —es posible ganar con estos coches, pero es más complicado acercarse a posiciones de cabeza.

Antes de finalizar la sesión de prueba conseguimos echar un vistazo a un modo más, uno dedicado a los desafíos. Cada personaje cuenta con una lista de retos a superar, unos desafíos que además tienen distintas dificultades; una de las muchas ocasiones en las que pudimos atisbar la profundidad de Screamer. Personalmente imagino que completar la historia primero puede ser un buen plan, para conocer así a todos los personajes y disfrutar de la trama, para luego ya competir contra uno mismo y la máquina en el resto de modos, pero de nuevo esto está completamente en nuestra mano, ya que ni siquiera vamos a sentir que renunciamos a progresar porque desbloquearemos cosas en todos los modos de juego.

A esto podemos sumar que en el generoso elenco —quizá fue culpa mía asumir que el trío inicial sería el único que podríamos controlar— de Screamer encontraremos distintos vehículos y distintas habilidades. Por ejemplo, durante la última carrera que disputé descubrí que el coche del líder que manejaba —el del equipo conocido como Green Reapers, más sobre ellos en el siguiente párrafo— me permitía ejecutar un acelerón extra tras el primer acelerón provocado por el bumper izquierdo. Para quien está empezando —esa fase en la que todavía tenemos que pensar qué hacer en vez de ejecutar cada acción en automático— puede ser el vehículo ideal, ya que si no se te da bien aún el juego entre ataque y defensa nada mejor que ser el más rápido y que no sean capaces ni de leer tu matrícula.

El primer equipo que conocemos es el que parece cargar con el peso dramático de la historia. Hiroshi cumple con todos los requisitos de un protagonista de un shonen, sobre todo por su aura de intensito. Por suerte Screamer promete equilibrar a este líder apesadumbrado por la muerte de su mentora con los otros dos pupilos de Quinn Connolly: Frederic, un musculoso y osado muchacho que habla en francés, y Róisín, una muchacha fría como el mar que baña las costas de su isla —esta piloto proviene de Irlanda, podemos asumir, por el nombre y su acento—, bastante más acertada en todo que Hiroshi en la media hora que hemos podido probar de la campaña.

Al terminar la sesión de prueba del nuevo juego de Milestone comprobé varias veces cuándo se publicaría el juego; el 26 de marzo en PC, PlayStation 5 y Xbox Series X|S. La intensidad y la emoción de sus carreras me dejó vibrando, su jugabilidad es realmente divertida y sus mecánicas permitirán que el piloto experto lleve estos coches al límite, sin dejar que los conductores menos acostumbrados al género se queden fuera. Screamer funciona de lujo tanto para quien disfruta de un juego de carreras con mando como para quien tiene tanto dominio que lo hace con volante. Además añade el aliciente del anime para que la historia del juego enriquezca y dote de sentido a lo que suceda después una vez se apague el semáforo.

Graduado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la universidad de lo de Cifuentes, Juan es una de las voces de NAT Moderada y ha colaborado en medios como BreakFast, Desayuno Continental y Cocinando Fandoms. Observador nato, le encantan los gatos y si algún día ves que te mira intensamente es porque quiere grabar un podcast contigo.