Si Dios lo permite
La intrincada senda de Pentiment
El juego de Obsidian nos engaña desde el comienzo. Para transitar sus ingeniosos recovecos, debemos abandonar nuestra habitual posición de poder.
El juego de Obsidian nos engaña desde el comienzo. Para transitar sus ingeniosos recovecos, debemos abandonar nuestra habitual posición de poder.
La preocupación de Pentiment por la Historia va mucho más allá del rigor y la recreación de una época, atendiendo a un grosor filosófico de enorme valor en nuestro presente.
La unión de la comunidad sirve como pieza fundamental para destruir la naturaleza laberíntica del trauma, propiciando el cuidado de los individuos que la forman.
El imposible cruce entre el universo de Aloy y los bloques de construcción más populares del planeta complace, pero acaba no llegando muy lejos.
La dulzura del hermano Piero perfila Pentiment como un juego de base humanista en el que caben la injusticia y el prejuicio, la pobreza y la riqueza, pero que mantiene en su centro la misericordia.
Aunque fijar la Historia sea un privilegio, controlar las historias del pueblo sería como frenar un río con las manos. Transmitirlas y, con ellas, transformar el mundo no parece tanto un poder como una maldición ineludible.
Medio año después, Take-Two admite lo que era más que un secreto a voces. Además, Steam permite grabar partidas y los trabajadores de Don’t Nod han anunciado una huelga.
Leikir Studio traduce Metal Slug, la cima de los run and gun, a la estrategia por turnos en un juego que interesa más de lo que emociona.
Los hay mejores, pero siempre les sobrevuela Dragon Quest.
Además: el primer Cities: Skylines recibe nuevo DLC de pago, meses después del final de su roadmap; y repasamos los lanzamientos de la semana.