Píxeles y palabras

Impericia virtuosa

Deborah López reflexiona sobre el proceso de aceptarnos como jugadores poco habilidosos.

Desde que tengo memoria, recuerdo que algunos videojuegos me desesperaban. A la típica inexperiencia de cuando empecé a jugar muy pequeña en mi Mega Drive, con títulos de la talla de Aladdin o El Rey León, se le añadía la poca destreza en ciertos géneros. Entonces, pensaba que era mi culpa por no esforzarme más a fin de ser una buena jugadora en todo aquello que me gustaba. Me atormentaba cuando en los eventos de tiempo rápido iba un poco lenta o cuando una combinación de botones se me resistía en una fase de ritmo. En cambio, las aventuras gráficas, el rol o el terror o hasta los disparos no me parecían tan inaccesibles, sobre todo a medida que fui creciendo. Hoy en día puedo decir que con el tiempo y después de las ¿miles? ¿millones? de horas delante de una pantalla, mi destreza ha mejorado aunque también ha empeorado alguna patología, como mi cinetosis, así que sigo teniendo dificultades al jugar a títulos en primera persona, con mecánicas específicas o con mandos que me obstaculizan el llegar a los botones. Pero ya no me angustia que sea así. Que se me dé mal algunas jugabilidades es parte de quien soy.

Con 31 años adoro desde lejos algunos géneros de videojuegos, como el musical, que se me dan especialmente mal, deseando que alguna compañía de desarrollo piense en quienes no tenemos ritmo o al menos no al mismo nivel que la media. Veo a esos adorables seres de la tribu Patapon bailando para hacer la guerra y recuperar sus dominios sin que mis manos sean los suficientemente efectivas guiándoles. Tramo expediciones de Crypt of the Necrodancer solo en mi cabeza, porque al poco de entrar en los mapas algo cortocircuita dentro de mí. Hace unas décadas, en una época que se la conoce, entre otras cosas, por la gran dificultad y su falta de ajuste en niveles a fin de que más jugadores pudiesen acceder a los títulos, no tener las mismas aptitudes que el resto podían frustrar y desesperar hasta el punto de querer abandonar los videojuegos. Se sigue hablando de esos años como de un tiempo en que debías aprender a base de morir, de que eras tú quien debía superar al videojuego aprendiendo las técnicas y puliéndolas hasta, a veces, límites insanos. El quid de la cuestión es que no todes tenemos las mismas habilidades de base.

Por mucho que me esfuerce el doble o el triple que otres jugadores, tengo limitaciones. Imagino que esto es como en cualquier ámbito, puesto que ninguna persona domina todo el conocimiento ni todas las competencias. Pluralidad, heterogeneidad. Así que para jugar a Guitar Hero o Taiko No Tatsujin escojo el modo Fácil, el que puedo superar sin sufrir horrores. Inclusive, en videojuegos que tienen minijuegos no opcionales (el infierno para mí), tengo que probar unas cuantas veces hasta que, con más pena que gloria, consigo superarlo para avanzar. Tampoco quiero esconder que en algunas fases he acabado pidiendo ayuda porque estaba desesperada. Es un hecho desde mi infancia que no tengo talento musical a pesar de que adoro la música y me encanta bailar, con lo que tengo serios impedimentos para acceder a videojuegos con mecánicas que colisionan con mi menor capacidad en esa destreza. Me costó muchísimo aceptar este hecho. Más aún que no solo me pasa con los videojuegos de ritmo, sino con varios géneros. Viviendo en una sociedad basada en una falsa meritocracia, hasta el ocio debe hacerse a la perfección. De no ser así, para algunas personas no eres digne de participar en él. 

Malas noticias para mí, supongo, porque ciertas jugabilidades se me atascan. O no sé hacerlas bien por mucho que practique, con lo que las hago a mi manera. Ahora pienso en si de verdad existe una manera estandarizada de jugar y en la cantidad de carnets sin validez que se quieren repartir aún, pero en el pasado estaba triste y desesperada, incapaz de aceptarme. Por esa razón, durante años no toqué videojuegos en los que sabía que no tenía tanta destreza, aunque me moría de ganas por disfrutarlos. También me escondía cada vez que me pasaban el mando en una reunión de amigos, pensando en lo lejos que estaba de ser buena en los minijuegos de Super Mario Party. La culpa de mis nulas capacidades me bloqueaba, porque me había creído el cuento de que, si era un desastre en algún género, debido a que no había practicado suficiente, no debía acercarme a títulos que tuviesen esa jugabilidad. No hasta que fuese mínimamente ágil. Aun así, miraba con ilusión algunos lanzamientos sin comprarlos, mientras a escondidas me frustraba viendo que en mis horas de ensayo clandestino no avanzaba, que me costaba más asimilar enseñanzas, como la localización exacta de los botones, o que no tenía suficiente rapidez.

Hasta que me cansé de no jugar a lo que quería. Hasta que tuve debates con personas que todavía están a mi lado. Hasta que cambié mi mentalidad acerca de los videojuegos y de mi yo jugadora. Finalmente, hasta que me quise y me acepté como soy. No fue fácil ni agradable, y tuve muchas discusiones conmigo misma. Algunas de ellas siguen en mi cabeza, otras se han reducido a comentarios humorísticos cuando me da por retransmitir en casa mis partidas en voz alta. El proceso sigue acompañándome, como una especie de run run, pero no lo hace con angustia. Gracias a eso, he podido empezar a divertirme con títulos en los que cometo más errores que aciertos, pero me encanta hacerlo. Me encanta equivocarme y morir todas las veces que haga falta, porque eso quiere decir que estoy jugándolos, no evitándolos. Aún no puedo progresar más allá de las primeras pantallas de Patapon, pero sí superé Sayonara Wild Hearts con buena nota, cuando en otra época de mi vida ni lo hubiese intentado al ver los géneros en los que está clasificado. Menos mal que cuando se lanzó quise probarlo a toda costa, porque desde entonces es uno de mis videojuegos favoritos.

Ahora, me he embarcado en una aventura completamente diferente: New Pokémon Snap. No soy precisamente una fotógrafa experta, pero su premisa me tiene enamorada. Recuerdo ver los anuncios de su predecesor y quedarme absorta cuando apenas llevaba unos años jugando. ¿Observar y fotografiar a las criaturas del mundo que tantas horas me habían acompañado en mi GameBoy Color? ¡Era un sueño! Como no tenía una Nintendo 64 ni tampoco tuve una Wii, acepté que eso no pasaría. Hasta que se anunció New Pokémon Snap para Nintendo Switch. Todavía no sé si mi habilidad para hacer fotografías está al nivel de compartirlas, imprimirlas y enmarcarlas, o solo consigo la puntuación justa para ir progresando en el juego. La verdad es que me da igual. Solo contemplando el universo y a las criaturas interactuando con él, dándoles de comer y probando a conseguir una fotografía que yo adore, soy feliz. Ante esas circunstancias, mi pericia es lo de menos, porque mi ilusión es entrar en un videojuego que lleva años en mis pendientes. Si a través de ese anhelo mejorará mi habilidad, fantástico. Si no lo hace, igualmente habré cumplido mi deseo y me lo habré pasado bien. Eso también forma parte de jugar.

También es cierto que demasiadas veces creemos que nuestras habilidades no son suficientes. Nos infravaloramos demasiado, y en ese subestimarnos solemos escoger no intentarlo o alejarnos de aquello que suponemos que no se nos da bien, sea por miedo o por vergüenza. Para mí, superar esos muros es el verdadero reto, no tanto el videojuego en sí. Obviamente, no se logra de la noche a la mañana, puesto que hay todo un proceso que es diferente en cada persona. En el mío, un día tuve que escoger entre las tremendas ganas de jugar y seguir bloqueada por culpa del miedo a un ideal retorcido. De modo que comencé probando a solas títulos cortos que podían quedarse en la estantería por tener una mínima habilidad en ellos. Sorprendentemente, muy pocos siguieron ahí. El empeño en avanzar hasta el final y el ánimo que sentí de personas cercanas hizo que también aprendiese a pedir ayuda. De esta manera, fui probando juegos dentro de las categorías que más me costaban, así como conociendo mis puntos fuertes y mis puntos débiles. Si no podía con una pantalla, buscaba guías, entrenaba un poco más o mi compañero de vida me prestaba su ayuda (¡muchas gracias por estar ahí!).

Hasta que, a día de hoy, tengo menos reparos y no me cuesta tanto afrontar ciertas mecánicas. Algunos trucos que uso para aligerar esa carga que todavía sostengo son tomármelo con humor, no incomodarme por jugar casi siempre en dificultad fácil, saber cuándo retirarme a tiempo antes de odiarme a mí misma, afrontar con calma el terror a coger un mando por culpa de los prejuicios adquiridos sobre mí, motivarme con frases positivas y no presionarme en exceso. Pero, ante todo, aceptarme, quererme y respetarme. Es verdad que de vez en cuando pienso en esos videojuegos que no voy a poder finalizar, como los que están bajo el sello de FromSoftware. A pesar de ello, y aunque todavía hemos de apoyar la heterogeneidad de propuestas y modos de jugar hasta que sea algo real y natural, hay una cierta diversidad en las tipologías de las obras como para que si uno de los títulos no es para nosotres, diez sí lo sean. Igualmente, por suerte cada vez más desarrolladores entienden que añadir variedad de dificultades ayuda a la accesibilidad de les jugadores y no enturbia la premisa del videojuego. Así que disfrutad de los videojuegos que os apetezcan. Pero sobre todo amaos por quiénes sois íntegramente, porque no solo nuestras virtudes nos hacen úniques.

Colaboradora

Apasionada de los videojuegos independientes y de la comunicación, no duda en hablar sobre videojuegos allá donde es bienvenida. La curiosidad me lleva a buscar respuestas en los lugares menos sospechados, así que siempre tengo preparadas algunas preguntas.

  1. El Jugador Medio

    De momento solo he leído la entradilla de la portada, y he de decir que como jugador m´sa o menos habitual de Rocket League no queda otra que aceptar lo malo que uno puede llegar a ser. En cuanto lo aceptas, te haces menos mala sangre ^^

    1. codenar

      @el_jugador_medio
      Ves a la gente volando cruzándose todo el campo y te preguntas si están jugando al mismo juego que tú xD

  2. METALMAN

    Complicado texto, @deborah-lopez:

    Me pongo como ejemplo y luego me explico:

    En mi caso, soy un paquete con juegos tipo «Souls» y me cuesta una barbaridad ser mediamente bueno en juegos de lucha (he tardado como 15 años en ser bueno en los KOF clásicos, por ejemplo).

    Sin embargo, ya me puedes poner el juego de velocidad que quieras, que en 15 minutos soy un AS, o un Shump (hasta los Bullet Hell me valen), que también tengo un dominio de base. En plataformas también me defiendo muy bien.

    Y ahora me explico:

    Supongo que mis limitaciones genéticas, o mi configuración de muñeca, o mi respuesta motriz ante ciertas exigencias no funciona como la de otros, pero no por ello querría un «Souls» de dar paseos.

    Me gustaría ser bueno a los Souls, y no lo soy, y si esos juegos no fuesen así, perderían su gracia (al igual que un Monkey perdería su gracia si se muriese en cada intento fallido de «usar algo con algo»). Me encantaría que me divirtiese un Souls, pero no sucede, no puedo ni quiero forzarlo.

    Es decir, me encantarían muchas cosas que no pueden ser, y la única solución es seguir intentándolo, pero nunca abogaría por hacerle perder el sentido a las cosas por egocentrismo puro y duro. No en un mundo donde existen miles de propuestas alternativas dentro de su conjunto.

    A mi también se me dan como el culo los juegos de baile, pero prefiero el desafío que proponen a enfrentarme a un símil descafeinado que me trate de forma condescendiente, tan solo para que yo me sienta mejor, o me suba la autoestima de forma gratuita y sin esfuerzo alguno por mi parte.

    Todos los jugadores (casi todos) nos frustramos porque determinados títulos se nos atragantan o no se nos dan todo lo bien que nos gustaría, pero hay tanta variedad que no me parece preocupante (a día de hoy, porque sí que hubo un tiempo más complejo en este sentido) , y entiendo que un desafío exigente aporta personalidad si está bien diseñado, no querría pretender que todo fuese sencillo porque yo lo valgo.

    Divertirse es disfrutar con un juego, y no creo que se pueda forzar ese disfrute.

    No sé, igual me equivoco, pero acepto sin problemas que los juegos tipo DDR se me dan mal, y sigo disfrutando cuando juego, no me crea frustración y no quiero que sea menos emocionante por haber nacido con un sentido del baile nulo. Tampoco he probado nunca a dar clases de baile o a entrenar esa habilidad, siendo sincero.

    Aceptar nuestras limitaciones (las que de verdad son limitaciones, no las autoimpuestas) es un ejercicio positivo, y no todo se puede adaptar a nuestro gusto o grado de habilidad (hay mil juegos extremos que solo tienen sentido por eso mismo, por ser extremos o muy complicados, al igual que existen otros que hacen de su sentido ser relajados o más accesibles).

    Resumiendo: querer jugar a Doom con auto-apuntado y con ayuda en los saltos y con un nivel de IA primitivo no te permitiría jugar a Doom… te permitiría jugar a una adaptación de Doom sin el sentido que le han dado sus autores. Sería tu Doom, que vendría a ser algo así como adaptar las tramas de los libros a nuestros gustos… un sinsentido.

    Que se puede pedir un Doom sin enemigos… pero, ¿tendría sentido? ¿eso es lo que que queremos? ¿Estarías jugando a Doom o a un juego de recorrer pasillos con texturas de Doom? No creo que todo se pueda adaptar a nuestros gustos o nivel de habilidad, de verdad, si bien hoy casi todo ya contempla ciertas rebajas o adaptaciones más que suficientes.

    Adaptar los juegos a diferentes dificultades: sí
    Pretender que nos divierta algo que nos resulta imposible controlar o deformarlo hasta que le veamos un sentido a medida: es ego en estado puro. Pero casi siempre se puede entrenar.

    Saludos!

    Editado por última vez 11 mayo 2021 | 14:25
    1. nelo

      @metalman
      Totalmente contigo: yo soy terrible en juegos de lucha, siempre lo he sido, y el cielo sabe lo mucho que me atraen, pero del mismo modo que mis caderas me impiden, por su propia estructura, hacer el espagat, mis lo que sea me impiden defenderme en el KOF.

      Eso y «get good»; nadie nace aprendide.

  3. orwellKILL

    Me ha recordado a cuando acepté que jugar en modo historia (lo que antes se conocía como fácil/muy fácil) no es una derrota.

  4. Baladre

    A tope con tu artículo. Yo soy un paquete en, todo lo que se supone que tiene que hacer bien un tío. Dentro y fuera de los videojuegos. A fuerza de paciencia y aprender a querer y quererme (huy, mira ética de cuidados) hubo un momento en que algo hizo click y pude disfrutar otra vez de mis movidas. Hay que disfrutar más del «pásame esta parte que yo no puedo». Y de las risas de meter la pata. Gracias por el artículo @Deborah Lopez. Entre todas me hacéis darle al coco como hace tiempo que no me pasaba leyendo de videjuegos.

  5. Gordobellavista

    A mí nunca me han gustado los juegos de habilidad porque soy un poco malo. Y lo chungo es que ahora me estan gustando, ahora que además de malo soy viejo. 🙁

    @metalman
    No sé cuánto has intentado los Souls, pero tengo algún amigo que es malísimo con los vj en general (basicamente porque nunca juega), y los Souls se los ha fumado enteros. Ha tardado lo más grande, por supuesto (Creo que en el primero echó como 150 horas), pero se los ha fumao y le encantan.
    Esos juegos tienen una dificultad rara. Porque son duros pero accesibles a todos, gracias al farmeo y a los exploits y tal. No son como un shump, vaya.

    1. METALMAN

      @gordobellavista

      Si lo más curioso es que juego sin problemas a títulos aparentemente mucho más difíciles. Al primero que apareció en Steam le dediqué como 25 o 30 horas, y todo el tiempo tenía la sensación de ser un auténtico paquete.

      Yo también conozco a gente que no es habitual de títulos complejos, o que no son jugadores habituales y han conseguido disfrutarlos y dominarlos.

      No sé, me pasa mucho con juegos en tercera persona, y sobre todo con juegos de lucha. Y, sin embargo, me ves jugar a un super meat boy, un Hotline Miami o a títulos que requieren de una precisión escandalosa, y juego mejor que la inmensa mayoría de la gente a la que conozco.

      Saludos!!

  6. batmanenbragas

    Yo soy un manco de cuidado y además tengo esa especie de TOC que me obliga a revisar todos los rincones por si me he dejado algo. Conclusión: todos los juegos me duran meses,o incluso años. Ejemplo: auún sigo jugando al Just Cause 3, no acabo nunca…

    1. METALMAN

      @azimut

      Dios mío, me he visto reflejado completamente: Sigo jugando a JC3 porque me entra el TOC de hacerlo todo. Pero bueno, también reconozco que lo sigo disfrutando.

      Saludos!!

  7. FERIFO

    Nunca he sido muy habilidoso, pero desde que soy viejo no suelo aguantar juegos difíciles.
    El último God of War lo empecé en normal y lo tuve que cambiar al nivel más fácil. Y creo que nunca lo hubiese disfrutado tanto si no lo llego a bajar de difilcultad.
    Si nos desagrada o desespera un juego, no merece la pena.