Mañana será otro día

Asistencia interactiva

Deborah López detalla cómo los videojuegos le ayudan a lidiar con diferentes crisis relacionadas con la salud mental.

Ansiedad. Ese es el nombre de las sensaciones de ahogo, los pensamientos de preocupación constantes, el dolor de pecho, la falta de aire y los ataques de pánico que no siempre puedo controlar. Desde los años de adolescencia, en los que experimenté las primeras señales preocupantes, hasta hoy, mi salud mental ha pasado por distintos estados. Puede que a muchas personas os suene esta montaña rusa, porque a la falta de recursos en la sanidad pública, el estado del mundo y las circunstancias individuales, se le une una carencia de educación al respecto. Así que con la edad, yo misma he aprendido a gestionar parte de las manifestaciones de la ansiedad y a pedir ayuda a les profesionales cuando no era capaz de hacerlo sola, porque hay batallas que duran toda una vida. Pero su presencia puede verse embravecida en periodos en que el estrés se instala de forma más o menos permanente. Un exceso de trabajo, malas noticias inesperadas, hechos traumáticos y un sinfín de disgustos pueden y suelen desestabilizar, dándole un espacio extra a los malestares. Fundamentalmente, a aquellos que son crónicos. Ahora mismo experimento una temporada un tanto crítica en que la vida, así de imprevisible, me pide un poco de resiliencia. Y ahí es donde los videojuegos acuden a mi petición de socorro.

¿Te mereces ser feliz? ¿Eres una buena persona? Porque quizás estás pagando lo mala que has sido…

Antes he adelantado que en el origen gran parte de mis síntomas me parecían algo poco definidos, como una amalgama sin un hilo conductor entre sí al que llamarle por un nombre. Hasta ese momento, la mayoría del tiempo eran inconvenientes o incomodidades con los que convivía. Es decir, pocas veces pensé en el trastorno como la respuesta a esa pregunta indefinida, pero menos todavía en que era algo que debía tratar con cierta urgencia. Más bien, se instaló gradualmente, de manera que no lograba separarlo de mi identidad. Leer tardíamente sobre la ansiedad logró que comprendiese ciertos mecanismos y pudiese reconocer y analizar qué me pasaba. Por ejemplo, en mis periodos críticos, antes de dormir repasaba mentalmente todas las conversaciones diarias con otras personas a fin de saber si había cometido un error, si algo podía haber molestado a alguien o si mi forma de presentarme había sido correcta, memorable o fastidiosa. Durante las noches, mi mente iba en bucle, recreando esas y otras situaciones con angustia, analizando al detalle qué había pasado, qué había dicho, cómo me había comportado y si había un margen de mejora. Pese a que eso ya forma parte de mi pasado, de vez en cuando aparecen estos episodios, aunque no son tan constantes, ni siento una culpa, un malestar y un ahogo tan notables. Sin embargo, este proceso es un pulso contra el que continúo lidiando, con mis trucos, al ser parte de la ansiedad.

¿Qué le has dicho ya? ¿Por qué has sido tan estúpida? Menuda imagen has dado. ¡Seguro que no querrá hablar más contigo! 

Por esa razón, para mí es casi una necesidad tener a mano un videojuego reposado, relajante, sereno, alegre o simpático, en la línea de los wholesome games. Favorecen una cierta desconexión por mi parte y, a su vez, me ayudan a poner un poco de orden en mis emociones, que suelen ser un revoltijo en momentos de estrés. Si bien a lo largo de las primeras horas suelo jugar casi en modo automático, corriendo de un lado a otro hasta los objetivos o aquello que me apetezca hacer, especialmente si estoy en una crisis, poco a poco consiguen focalizarme y calmarme. Entonces, puedo escucharme y apoyarme en el videojuego para gestionar lo que me está pasando en un entorno seguro y limitado, pero que me permite tener una libertad de la que no gozo en el mundo real. A priori, puede parecer una contradicción. No obstante, entrar en un título para conducir a velocidades de vértigo, viajar lejos de casa haciendo fotografías, cocinar lo que quiera sin tener que limpiar después o decorar mi casa como me dé la gana sin depender del dinero, o en caso de hacerlo que sea relativamente fácil conseguirlo y, en casi todos los casos, mediante profesiones agradables (recogiendo flores o pintando, por ejemplo), es liberador. Es verdad que dependo de una consola, de un videojuego y de mis horas disponibles para el ocio, pero dentro de esos universos y sus restricciones hay infinidad de deseos y experiencias que puedo cumplir, a diferencia de la vida real, donde predominan las imposiciones y sus contornos afilados.

¿Estás segura de que deberías descansar? Hay mucho trabajo por hacer. Si después no llegas a todo, es por tu culpa.

No descubrí que los videojuegos pueden ser grandes aliados en aspectos emocionales y psicológicos hasta que volví a ellos de adulta. Ese retorno, en parte favorecido por una temporada crítica en mi vida, influyó mucho en la forma como desde entonces me acerco a ellos. Así, años más tarde, leí y escuché el testimonio de muchas personas que habían encontrado en el medio una manera de calmar sus penas, de enfrentar momentos dolorosos o de apoyarse en ellos para mitigar los síntomas de ciertas enfermedades o trastornos. Jugar para desestresar y frenar un poco la ansiedad estaba en la agenda de miles de jugadores. Por desgracia, esto acaba siendo evidente cuando analizamos la prevalencia de los trastornos mentales en la sociedad. Si solo nos centramos en la ansiedad, en España se estimó que el 6,7% de la población en 2017 estaba afectada por ella. Incluso, ya se afirma que los trastornos mentales serán la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030. ¿Pero son los videojuegos una forma de aligerar al menos una parte de la ansiedad y el estrés que padecemos, que va en aumento y ya se califica como epidemia, por ejemplo? Hay diversas investigaciones que demuestran que sí es posible.

¿Por qué te cuesta respirar? ¿Estarás enferma? ¿Y si es grave? Aguanta, porque ahora no puedes enfermarte. ¿Qué pasará si lo haces? Será el fin de tu trabajo, de tus estudios, de tu vida. No, no. Sigue. No pares NUNCA.

Uno de ellos es el estudio Competitively versus cooperatively? An analysis of the effect of game play on levels of stress. Elaborado en 2016, reveló que les jugadores que participaron redujeron sus niveles de estrés después de jugar a algunas partidas. Aunque hubo una leve diferencia entre les jugadores de títulos competitivos y cooperativos, siendo quienes jugaron a cooperativos aquellas personas con mayor disminución, los investigadores llegaron a la conclusión de que, en general, los videojuegos sirvieron como herramienta frente al estrés y la tensión. Otra investigación, Games and Recovery, llevada a cabo en 2009, encuestó a 1614 jugadores con la intención de analizar si los videojuegos sirven como herramienta para recuperarse del estrés y enfrentarse a situaciones de tensión. Además de confirmarlo, los especialistas que dirigieron el estudio se dieron cuenta de que las personas que jugaban a videojuegos acudían a ellos con frecuencia después de tener experiencias agotadoras o que disparaban su ansiedad, por ejemplo al acabar sus jornadas de trabajo. Especialmente, las personas que tienden a enfocar la recuperación centrada en las emociones, más que en el problema en sí, y quienes tenían menos apoyo social.

Te quedarás sola. Nadie te querrá. Lo haces todo mal. ¿A qué ha venido hablar con alguien de tus problemas? Tú tienes que cuidar a los demás, no que te cuiden a ti.

Más estudios indican que el medio favorece el desarrollo de la gestión de las emociones negativas, mecanismos de resolución de problemas y la conciencia emocional. Según los mismos, los géneros que mejores resultados aportan son los videojuegos aptos para jugar durante unos minutos de forma relajada, los que puedes cooperar con une compañere, aquellos que desarrollan distintas habilidades en le jugadore, los creados específicamente para aliviar la tensión y, sobre todo, los títulos que disfrutas y hacen que te diviertas. A fin de cuentas, reir, ya sea con un videojuego, una serie de televisión, una película, un libro o una conversación reduce el estrés y calma la tensión a corto plazo y mejora el estado de ánimo a la larga. En mi caso, son miles las noches que después de una jornada horrible los videojuegos me han arrancado del agotamiento, la tristeza, la intranquilidad, el malestar y el ininterrumpido flujo de mi cabeza lo suficiente para poder dormir un poco y observar lo que estaba pasando de una forma más objetiva que antes de encender la consola. Para mí, los videojuegos no pueden ni deben ser el único remedio, pero sí pueden ser un impulso para un estado de ánimo más positivo o un atenuante a los malestares que padecemos.

A ver, no exageres. No es para tanto. Sí, puede que estés nerviosa y al borde de un ataque de llanto, pero seguro que se te pasa pronto. ¿Verdad?

De ahí que, como avanzaba al principio del texto, al estar altamente estresada y angustiada, este mes necesitaba con urgencia un título que me sacase del bucle en el que estaba metida. Porque septiembre es, en lo personal, sinónimo de un buen montón de razones para que la ansiedad se me dispare. El olor a comienzos y la ilusión de nuevos proyectos se mezcla con una falta peligrosa de vacaciones y un exceso de obligaciones. Parte de mi estrés procede de que, durante el verano, les progenitores tenemos serias dificultades para conciliar, lo cual nos lleva a complementar los casales de verano (quien pueda permitírselo) con salidas, actividades, deberes y cualquier cosa que se nos ocurra mientras las fechas de entrega de nuestros trabajos siguen acumulándose. La doble o triple jornada habitual se transforma en una cuádruple jornada. También, es bien sabido que, incluso en el caso de poder tomarnos un par de semanas libres, gran parte de nuestra responsabilidad consiste en ocuparnos de nuestres hijes para que elles tengan una infancia feliz, por supuesto. Por tanto, el poco espacio de descanso queda supeditado a otros factores. 

¿Ahora te vas a poner a jugar? ¡Eres una vaga! Deberías limpiar.

En consecuencia, empezamos septiembre con las batería bajo mínimos pero con reuniones pendientes, trabajo apilado, preparativos de guarderías y/o colegios, compras, visitas médicas y todo aquello que durante el verano quedó en pausa pero que ahora se reanuda con ímpetu, puesto que volvemos de vacaciones, ¿no? Pero no, por desgracia. Ni todes nos vamos de vacaciones en verano, ni todes tenemos semanas de descanso, ni todes podemos viajar, ni todes tenemos dinero para hacerlo. En mi caso, eso conlleva, irremediablemente, dejar que el polvo tape mis consolas para poder llegar a todo con la poca energía de no haber parado en casi todo el verano. Con tristeza, miraba el mueble en el que reposan todas, a la espera de tener media hora, o una hora en el caso de que se alineen los astros, para jugar a ese título que esperaba con tantas ganas. Pero, al mismo tiempo, ante tanta presión en todos los frentes necesitaba desesperadamente un videojuego que me arrancase de todo (responsabilidades, quehaceres, listados, etcétera). Entonces llegó TOEM, uno de los títulos que llevan incluídos en mis lista de deseos desde que lo vi en un directo de Wholesome Games.

Oh, así que puedo hacerme selfies en TOEM. Y mira ese gatito. ¡Hasta tiene nombre! Me encanta.

TOEM fue ese amigue que te coge de la mano y te acompaña en silencio mientras intentas reorganizar todo cuando tienes dentro (pensamientos, emociones, preocupaciones….). Contemplé entornos naturales, ayudé a los seres que viven en ellos, me divertí haciendo fotografías y llegué a la cima para ver el fenómeno Toem. Sin prisas, sin fechas de entrega, sin calendarios llenos de tareas. Éramos la cámara, un mundo por explorar y yo. Ya fueran 5 o 10 minutos los que tenía disponibles, esta obra de Something We Made me atrapaba y me mecía en su escala de grises. Me dio valor y paz cuando más la necesitaba. Con esta inyección de bienestar, al día siguiente resolví cometer una pequeña locura patrocinada por mi suscripción a Game Pass. Entré en mi Xbox Series X y empecé a descargar videojuegos del catálogo. Pero no unos en concreto, ni aquellos que parecían llamar mi atención. Lo que hice fue buscar los más absurdos, sencillos y alejados de mis gustos de todo el listado. Quería probar algo distinto, sorprenderme, equivocarme decenas de veces y reírme de cualquier bug, por tonto que fuese. En resumen, aprovechar ese libre albedrío lúdico para pasarlo bien y quebrar un poco mis propias emociones negativas.

¡Es un cuervo con sombrerito de copa! Jajaja. Mira, se cae del patinete como si fuese una croqueta. Jajaja. Uy, me ha entrado hambre.

Pero no siempre es tan sencillo, porque influyen múltiples factores. Levantarse cada día y convivir con una o varias enfermedades es algo que nadie planea. Es una sombra que te sobrevuela y al mismo tiempo te pertenece. Cambia tu perspectiva. Cambia tu cotidianidad. Cambia tu persona y todo lo que te rodea. Así que tener a personas que te apoyan (parejas, amigues, familiares, etc.), a profesionales que te acompañan, un entorno saludable y ciertos refuerzos con los que sobrellevar ese peso pueden marcar la diferencia. Porque todo aquello que podamos hacer para ganarle terreno y sentirnos un poco mejor con nosotres, ya sea leyendo un libro, saliendo a pasear, hablando con amistades, viendo una serie o jugando a un juego como TOEM, WarioWare: Get It Together! o Skatebird, es una ventaja que no debemos perder. Aun así, es crucial recordar que no tenemos porqué enfrentarnos a esto soles, ni tampoco buscar soluciones o estrategias únicamente por nuestra cuenta. Las redes de apoyo, los organismos especializados, los teléfonos a los que llamar, personas queridas y profesionales dedicados a la labor de acompañar, escuchar, empatizar y ofrecer tratamientos y herramientas para aumentar nuestro bienestar están ahí. Juguemos, pero también cuidémonos de otras formas.

Mañana será otro día. ¿Mejor o peor? No lo sé. De momento, conozcamoslo.

Colaboradora

Apasionada de los videojuegos independientes y de la comunicación, no duda en hablar sobre videojuegos allá donde es bienvenida. La curiosidad me lleva a buscar respuestas en los lugares menos sospechados, así que siempre tengo preparadas algunas preguntas.

  1. Orlando Furioso

    Muy a mi pesar (querría tener esa alegría selectiva de la que escribe Nietzsche), soy más de la escuela ceniza de Adorno, cuando afirmaba a propósito de Beckett: lo único que me consuela es que mañana será peor.

    1. Howard Moon

      @orlando_furioso
      El pesimismo y el optimismo son 2 prejuicios xD

      1. Orlando Furioso

        @telvanni
        Ya lo decía Ortega: la creencia y el saber son dos condiciones de estar en el mundo.

        Editado por última vez 17 octubre 2021 | 09:35
  2. juandejunio

    Disfruté mucho la lectura, gracias Deborah por escribir y publicar esta columna.

  3. AndresBaez

    Madre mía, Deboría, bájale

  4. Koldo Gutiérrez

    Wow! Este artículo es bello, emotivo, evocador, inspirador y muchos otros adjetivos positivos y wholesome más. Directo a Pocket va.

    Enhorabuena y gracias.

  5. Eldiospopal

    Como siempre, una delicia leerte Deborah. Somos muches los que nos vemos afectades por el problema y gracias a juegos como Toem o A short hike seguir adelante es más llevadero. Hasta tu propio artículo me ha ayudado. De nuevo gracias 🙂