I tried and I tried, to run and hide

El equipo de Big Bad Wolf demuestra que entiende perfectamente la franquicia vampírica con un título que se adapta tanto a los veteranos como a los jugadores novatos.

Esto de los vampiros siempre ha ido sobre la diferencia de clases. Que Drácula, el primer chupasangre dentro de la literatura, tuviera también el título de conde, sirve como recordatorio de que la nobleza se construye a través de la explotación de los cuerpos de los trabajadores y de que las grandes fortunas, esas acumulaciones obscenas de dinero, ni mueren nunca, ni son producto de un proceso natural. Estas mismas ideas, que marcaron el paso del monstruo de leyendas a la figura inmortal dentro de la cultura pop, son básicas para entender el complejo universo de Vampiro: La mascarada, un juego de rol de mesa en el que el concepto de nobleza establece rígidas jerarquías entre unos no-muertos que, a la vez, dependen y desprecian al «ganado humano» del que deben alimentarse.

Me comentaba hace unos días mi compañero Javier Alemán que los creadores del juego de mesa son bastante progresistas y que el manual original incluía una amenaza contra los neonazis que, atraídos por su estética punk y gótica, pudieran estar interesados en jugar. Es evidente que esto de Vampiro siempre ha sido algo político. A lo largo de los años, Vampiro: La mascarada ha ido incorporando a su lore una serie de problemáticas sociales específicas de cada época que van desde la gentrificación a la hipervigilancia ciudadana, pasando por las noticias falsas y el calentamiento global. Y aunque en algunas partidas estos temas no van a mencionarse, o van a aparecer solo de forma anecdótica, el universo en el que se ambientan, y las reglas que lo definen, siguen estando afectadas por estas cuestiones que, en última instancia, le dan forma. Por esto, adaptar Vampiro: La mascarada al videojuego va mucho más allá de convertir el sistema de hambre en una mecánica o de representar en pantalla las distintas habilidades de cada clan. Big Bad Wolf entiende bien esto: lo de que los vampiros no son más que sofisticados y elegantes parásitos y lo de que las clases (entre otras diferencias) siempre se traduce en violencia, abusos y opresión.

Swansong empieza in media res. La Príncipe de Boston, máxima dirigente de la Camarilla en la ciudad, ha llamado a todos los vampiros al Elysium tras declararse un código rojo, el nivel de emergencia más alto y peligroso dentro del sistema. Y aunque las primeras horas de juego están centradas en averiguar qué ha disparado este código rojo y cuáles son sus consecuencias, Big Bad Wolf se acerca a la experiencia rolera poniendo el verdadero foco en los tres personajes principales: en sus deseos, en su pasado y en las amargas decisiones que tendrán que enfrentar de cara a un futuro incierto. Aquellos jugadores que busquen una experiencia centrada en la trama o los giros de guión es posible que sientan que Swansong se mueve con lentitud y que sus diálogos no anticipan con habilidad las diferentes revelaciones. No obstante, si disfrutamos con los conflictos internos y con la posibilidad de interpretar diferentes personajes con trasfondos distintos, el juego de Big Bad Wolf es mucho más que satisfactorio. La relación de Laysha con la locura, los traumas en el pasado de Emem y el arrepentimiento de Galeb se van desarrollando a medida que los personajes cumplen (o no) con los diferentes encargos de la Príncipe. Precisamente por esto, hay finales malos pero no derrotas; aciertos agridulces, y errores que funcionan bien a muy largo plazo.

La traslación de «juego de rol» a «videojuego de rol», como es natural, no es directa, y produce aquí ganancias y pérdidas. Aunque el título nos presenta a sus tres personajes principales, nos deja a nosotros crear su «ficha de personaje», con mayor o menor detalle según nos interese, y distribuir los puntos de experiencia primando las habilidades que queramos jugar. Al controlar a Laysha, Galeb o Emem podemos seleccionar entre cuatro perfiles diferentes que van desde lo equilibrado a lo ultraespecializado. Teniendo en cuenta que la propia naturaleza vampírica de los personajes ya hace que tengan poderes y disciplinas muy diferentes, y que el propio carácter de cada personaje nos influye a la hora de jugar, las diferencias entre las escenas de cada uno son notables, haciendo el juego mucho más variado de lo que parece en primer lugar. Sin embargo, y dado las diferencias biográficas entre los tres principales, me parece un error que todos empiecen con una habilidades mínimas cuando la narrativa nos indica que Caleb es un vampiro bastante antiguo y respetado y que Leysha es especialmente valiosa y habilidosa en comparación con otros miembros de su clan. 

En su diseño y jugabilidad, Vampire: The Masquerade — Swansong funciona de forma muy similar a The Council, el título debut de Big Bad Wolf. Estructurado en largas escenas, siempre relacionadas con una misión concreta, el juego nos permite explorar grandes escenarios en los que podemos realizar una misión principal y varias opcionales usando la exploración siempre interconectada con el diálogo. Lo más llamativo son los «combates dialécticos» —la mayoría de ellos totalmente optativos— con lo que podremos conseguir el favor de diferentes personajes a cambio de darles la respuesta correcta. Como pasaba en The Council, aunque hay varias respuestas que necesitarán de habilidades especiales o el uso de puntos de esfuerzo para concentrarnos, lo cierto es que los combates están también íntimamente ligados a la exploración, y los descubrimientos en estas fases pueden ser tan importantes como las habilidades dialécticas o psicológicas de nuestro personaje. La máxima diferencia con respecto a The Council es que Swansong presenta una enorme cantidad de escenarios perfectamente diseñados, que podremos descubrir de varias formas diferentes. Cada puerta, caja fuerte, teléfono móvil u ordenador que encontramos en nuestro camino puede abrirse de múltiples formas que van desde la fuerza bruta y el uso de algún tipo de consumible, a la lógica y la deducción usando elementos del entorno. Así, recorrer cualquier tipo de mapa en Swansong pasa por resolver decenas de pequeños puzles, tomando constantemente decisiones asociadas a ellos que hacen de cada acercamiento algo único. Al finalizar las diferentes escenas, el juego nos informará sobre los fallos, los aciertos y todas aquellas rutas alternativas que no hemos podido encontrar.

Sin embargo, y a pesar de que en Big Bad Wolf entienden la franquicia y han sabido adaptarla al tipo de juego que ellos saben hacer, es evidente que el apartado visual, en concreto el relacionado con las animaciones de los personajes, puede llegar a lastrar la partida. A diferencia de The Council, en este segundo título el estudio francés ha optado por el hiperrealismo en sus modelos, alejándose de los diseños más exagerados y estilizados de su título debut. En consecuencia, la falta de presupuesto es mucho más evidente en Swansong de lo que lo era en The Council y, a pesar de que los escenarios que recorremos son excelentes y ricos en detalles, los personajes no están a la altura. Los movimientos de Caleb, Laysha y Emem distan mucho de ser naturales y sus reacciones nunca parecen cuadrar con la intensidad de los diálogos. Los primeros y medios planos siempre dejan en evidencia un lip sync que parece mejor o peor según la escena en la que nos encontramos. El problema aquí no es tanto que Vampire: The Masquerade — Swansong sea un AA como el hecho de que tenga un presupuesto medio y quiera parecerse lo máximo posible a un triple A. En mi opinión, con otra dirección de arte con la que fuera más dificil caer en el valle inquietante el juego podría verse mejor y vender, sin distracciones, sus muchas e interesantes virtudes.

Vampire: The Masquerade — Swansong ofrece un acercamiento a la franquicia de Mundo de Tinieblas capaz de contentar tanto a los fans veteranos como a los nuevos jugadores. Gracias a toda la información disponible rápidamente desde el menú, los recién llegados podrán aprender sobre las sectas, los clanes y las diferentes denominaciones dentro de las relaciones vampíricas. Y con solo un pequeño esfuerzo extra en la exploración, los más curtidos encontrarán multitud de referencias al juego de rol y a los diferentes sucesos explicados en la quinta edición del manual. Big Bad Wolf consigue demostrar a la vez lo accesible que es el mundo de Vampiro y lo complejo y variado de sus posibilidades. Y lo hace a través de unos personajes con encanto con los que es todo un placer jugar.

[ 8 ]

Redactora
  1. Vhaghar

    Suena todo bastante bien. Y si lo peor del juego es su apartado técnico, voy tranquilo, que aún sigo tolerando bien el Bloodlines 🤣

    1. Neng

      @vhaghar
      El Bloodlines se tolera bastante mejor que Swansong en el apartado técnico, siendo honestos jajaja

      1. Vhaghar

        @neng
        Duras declaraciones xD

  2. flipper83

    Soy la única persona q sufre los subtítulos enanos en PS5?

    Por el resto el juego me está gustando y gran adaptación de vampiro

    1. Marta Trivi

      @flipper83
      No, yo me he quedado ciega

  3. DarkCoolEdge

    Me alegra mucho ver que ha salido bien. Toca pasar por caja 😄