We got the rally on the run

Análisis de V-Rally 4

Análisis de V-Rally 4

No suelo consumir literatura de videojuegos, aunque está plagada de lecturas interesantes, pero siempre he echado en falta un tipo de corriente ensayística más centrada en el concepto concreto de diseño que en la historia o en la autoría de grandes obras. Hay cantidad de escritos sobre famosos diseñadores de juegos, sobre sagas concretas y su relación con otras ciencias y sobre retrospectivas preñadas de anécdotas y vivencias reseñables que colorean pedazos de historia valiosísimos de nuestro medio, pero tengo la impresión de que solo se está prestando atención a lo trascendental (por motivos comerciales evidentes) y yo personalmente disfruto de las disecciones específicas y delimitadas de elementos concretos. Hay una cosa en particular sobre la que se podría escribir un buen libro de videojuegos y que yo leería encantado: los derrapes. A nivel científico es un tema apasionante: la forma en que los videojuegos han intentado durante años emular ese instante de transición física en el que vehículos simulados (bloques gráficos que circulan entre dos líneas paralelas) pierden la tracción y un montón de variables (peso, superficie, inercia…) entran de repente en la ecuación, multiplicando exponencialmente la complejidad de la conducción.

Pero la magia del derrape es que además también tiene un valor humanístico, diría que incluso artístico: el videojuego ha logrado, no sé si a costa de sacrificar algo de rigor, convertir el derrape en una de sus experiencias más placenteras y con mayor capacidad de transmitir sensaciones a través del mando. Es un discurso que aún se está escribiendo, y V-Rally 4 viene a escribir una página más.

El estudio parisino Kylotonn sabe que, con la licencia recién adquirida por Bigben, tiene entre las manos una ventaja emocional sobre muchos otros juegos de conducción desarrollados desde cero. El primer V-Rally, también de elaboración francesa en Infogrames, fue en su día la respuesta a toda una institución instantánea como Sega Rally, y aunque nunca llegó a ocupar un puesto tan alto en la historia como el juego de carreras japonés, sí que se alza como uno de las grandes aproximaciones arcade al subgénero del rally. Y de hecho utiliza bien esa ventaja al principio: nada más arrancar V-Rally 4, nos proponen un par de carreras para coger soltura al volante y la primera impresión es de una conducción fluido y accesible, con mucho control, y de un apartado visual que no hace estallar cerebros pero goza de cierta solidez y esa honestidad siempre agradecida en los arcades de conducción que muestran a buena distancia las curvas por venir. Los paisajes y escenarios son también resultones, con alguna que otra filigrana con la iluminación; en el circuito japonés hay un paso por el clásico e inevitable bosque de bambú que filtra algunos rayos de sol posándose sobre la carretera; y los circuitos americanos son también un buen ejercicio de belleza sin los lujos técnicos de otros estudios.

No obstante, la cosa empieza a decaer poco después del tutorial que nos pasea por todos los menús. La idea del modo carrera es interesante, con eventos de distintas modalidades (rally típico y rally cross, por ejemplo, que combina en circuitos cerrados superficies distintas como grava y asfalto) que nos proporcionan dinero, así como retos concretos patrocinados por sponsors, y que se suma a un presupuesto que podemos destinar a comprar coches o mejoras y a pagar el sueldo de miembros del equipo de mecánicos (reparación), ingenieros (mejoras) y agentes (búsqueda de competiciones) cada uno con sus especialidades concretas y la posibilidad de despedirlos, sustituirlos o sumar más empleados. La dinámica se convierte rápidamente en un amasijo de pestañas y listados enfocadas a maximizar la entrada de dinero, sin que la progresión tenga un camino claro y gratificante, y con eventos cada vez más repetitivos. Tarda poco en darse uno cuenta que las carreras online dan bastante más dinero en este grindeo pocho (y unos pilotos más interesantes su vetusta IA), pero tampoco es de mucha ayuda el sistema de salones y el matchmaking lento e ineficaz.

V-Rally 4 funciona muy bien en momentos concretos, en rallies de punto A a punto B sobre localizaciones vistosas, tramos con el copiloto dando instrucciones sin parar (muy bien dobladas al castellano, por cierto: no se siente como una voz en off robótica sino como un compañero de voz temblorosa por los baches absorto en el trance de recitar cada indicación en una libre probablemente raída y cubierta de flechas y notas; paralelamente en el centro de la pantalla aparecen, de manera opcional, las mismas indicaciones en iconos con grado y forma de curva) y haciéndonos entrar en un estado de concentración absoluta que poco tiene que ver con ímpetu descuidado que se espera de un arcade. Creo que por momentos alcanza un equilibrio difícil y muy agradecido, especialmente apuntalado en un excelente dominio del derrape si el coche tiene el peso adecuado (cuando uno inclina el cuerpo sin querer mientras gira siempre es buena señal), pero solo en circunstancias muy concretas. El juego tiende demasiado a menudo a perder esa tensión positiva y a tropezarse en su propia inconsistencia con el arbitrario manejo de algunos vehículos y el modo carrera sin vigor.

Análisis de V-Rally 4

A medida que uno echa horas en V-Rally 4 los problemas indeterminados empiezan a cobrar nitidez, pero nunca terminan de ser aspectos del todo concretos sino una sinfonía borrosa de sinsabores y cuestiones mal resueltas. Diría que tanto la IA como la propia física de la conducción no han sido bien adaptadas a los modos alternativos que el juego propone, como el rally cross, y hay superficies como los circuitos nevados que más bien parecen circuitos de grava con una capa de pintura blanca. Que las estadísticas de cada coche no acaben de trasladarse a la conducción real (hay coches de la primera tanda que rinden mucho mejor que otros desbloqueados más adelante, a pesar de que tengan mejores características en todas las facetas) y que la personalización del vehículo a base de barras de deslizamiento (podemos alterar desde la altura del chasis hasta el reparto de frenada, o usar perfiles predeterminados según superficie) tampoco tenga un reflejo palpable y medible una vez en la cabina de conductor son cosas que terminan torpedeando la experiencia a medio plazo. V-Rally 4 es un juego especialmente desafiante a la hora de aprender a domar su conducción, casi emparentado con los simuladores de rally, pero que termina flojeando cuando se trata de proponer algo más que una trazada estimulante a los pies de un monumento bonito. [6]

Redactor
  1. Epetekaun

    Cada vez que veo un juego de rallies, hecho en falta que salga la saga Rallysport Challenge, que bueno que era la segunda parte.

  2. Mominito

    @epetekaun Y los Virtual Rally de PSX? En aquel entonces causó una sensació brutal entre la gente de mi entorno, habia piques con rotación de mando incluido y publico esperando su turno.

  3. Diego.

    Joder.
    No me esperaba este análisis.
    Tenía muchas ganas a VRally4, la verdad pero lo dejé de lado al ver los análisis (carne de £10-20, pensé ) y tú no haces más que confirmar que falla en aspectos demasiado importantes para lo que se le exige a un juego así. Además, a día de hoy la sombra de Dirt, en sus dos vertientes, es demasiado alargada.

    Creo que la saga V Rally nunca fue un referente pero sí que consiguió crear buenos juegos, igual debería haberse quedado como un buen recuerdo.

  4. ssxforever

    @epetekaun
    Pues yo sin duda los Colin McRae Rally iniciales 🙁

  5. AdrianXunkeira

    Tenía esperanzas con este juego, quería uno de conducción bueno para Switch pero habrá que esperar otros intentos.

  6. orwellKILL

    Yo tb le tenia ganas, pero va a ser que no. Por lo menos a su precio de salida.

    Que recuerdos la epoca del vrally y el colin de psx…

  7. Dela

    Buen análisis, @pinjed y muy buena la introducción. La historia de los juegos de conducción no interesa a casi nadie pero es realmente fascinante (solo hay que recordar el enfrentamiento entre Namco y SEGA en los años ´90). Quizás me quedé en esa época, porque para mí Sega Rally sigue siendo el rey de la pista; y, hablando de este título y de libros, no puedo dejar de recomendar -aunque es difícil de conseguir- el «Sega Rally Championship Competition Driving Guide» un libro de cómo se desarrolló este título de #AM3.