Corazón mecánico

TOHU

El point and click desarrollado por Fireart Games se apoya en una excelente animación y dirección de arte para homenajear a los clásicos del género. 

El contraste y las contradicciones son abiertamente celebradas en Tohu. Puede decirse que es lo que lo hace especial. El point-and-click de Fireart Games está protagonizado por una pequeña niña que puede convertirse en cualquier momento en un fuerte robot, los escenarios, dibujados a mano, están llenos de insectos mecánicos y plantas de acero, mientras que la estructura moderna del juego choca contra su intención de homenajear a las aventuras gráficas de corte más clásico. La premisa, que nos lleva desde un planeta/pez a otro sin apenas descanso, pasa por reparar el Motor Sagrado que llena de vida el mundo; por revitalizar las conexiones y engrasar los engranajes que mantienen a salvo a todos los seres que lo habitan.

Hay un subtexto especialmente sugerente tras las historia de Tohu pero lo cierto es que nunca llegamos a explorarlo. La niña protagonista tiene la oportunidad de visitar a su creador que, en la vejez, parece haberla olvidado. Sin embargo, lejos de agarrarse a esa idea, y a las muchas otras que plantea después el juego, la historia acaba por tener un desarrollo minimalista —y algo infantil— dejando espacio para los tres pilares que soportan lo soportan: los puzles, el arte y cierto componente cómplice con el jugador. 

A nivel mecánico, el título de Fireart Games nos lleva por varios escenarios en los que tendremos que interaccionar con el entorno y con los objetos de nuestro inventario. Los tipos de puzles propuestos por el estudio polaco son lo suficientemente variados como para no aburrir en ningún momento pero, como no puede ser de otra forma, no todos son igual de divertidos. Mientras que en la primera parte del juego encontramos algunos rompecabezas que necesitan de casualidades e ideas felices para terminar de encajar, otras partes del juego —como la conformada por las visitas a los planetas de los tres sabios— consiguen fluir de una forma muy orgánica, equilibrando con tino la dificultad frente al entretenimiento. En este sentido, y a pesar de que puedan resultar demasiado sencillos, son los puzles que utilizan el humor y la absurdez los que presentan una estructura mejor cuidada. Un ejemplo de esto es la sección del juego en el que Cubus, el robot que funciona como nuestro alter ego, debe entrenar (el cuerpo y la mente) para vencer a su reflejo en un pulso o la sección en la que tenemos que salvar progresivamente a los diferentes miembros de una banda.

Aunque la principal referencia a nivel estructural de Tohu parecen ser las aventuras gráficas «para toda la familia» con las que muchos crecimos durante los 90, el juego se guarda bastante de ponernos en la obligación de «forzar» la resolución de los puzles combinando a lo loco los diferentes objetos del inventario, en favor de un planteamiento que nos lleve orgánicamente a la respuesta. Es especialmente interesante cuando los creadores apuestan por un tipo de feedback diferente, como por ejemplo el sonoro, que encontramos en algunos rompecabezas que funcionan como minijuegos, o los que utilizan como base los colores. 

Sin embargo, y también relacionado con los puzles, el arte es de lejos el apartado más interesante de lo que Tohu tiene que ofrecer. Recordando tanto a la vertiente más oscura de Amanita Design como a las películas desarrolladas por Cartoon Saloon, los escenarios y personajes de Tohu están llenos de detalles interesantes que descubrir y curiosas animaciones que observar. Desde los diferentes insectos que reaccionan a nuestro toque y que podemos recordar gracias a nuestro cuaderno, hasta las diferentes máquinas que componen el mundo, el universo de Tohu parece tener vida propia y cierto carácter artesanal que lo diferencia de un solo vistazo de otros títulos similares. La cantidad de animaciones que utiliza la niña para explorar el entorno parecen en cierto momento infinitas, consiguiendo que sintamos curiosidad, no solo por lo que va a pasar en el juego sino por la forma en va a hacerlo. La riqueza del diseño artístico de Tohu hace que explorar una y otra vez los escenarios en busca de pistas sea siempre agradable, a la vez que añade una capa de interés ante toda la información disponible. Dentro del apartado artístico, cabe destacar no solo la música sino los diferentes efectos sonoros que añaden un extra de personalidad a la propuesta.

Pero, sin duda, uno de los aspectos más interesantes de Tohu es la manera en que nos obliga tanto a manejar a la protagonista como a controlar nuestra propia presencia en el juego. Desde el principio, somos conscientes de que, como jugadores, podemos acceder a partes del escenario imposibles para la niña aunque la necesitemos para manejar ciertos objetos y hablar con los diferentes personajes. Además, algunos de los momentos más adorables del juego derivan de la forma en la que la niña nos transmite la información; ya sea señalándose el bíceps para indicar que no tiene fuerza suficiente o negando con la cabeza para indicarnos que hemos tenido una mala idea. Es triste, sin embargo, que el estudio no haya apostado por un juego totalmente mudo y desprovisto de textos, más afinado en lo experimental, que aproveche en profundidad las posibilidades expresivas de la excelente animación.

La versión de Switch también se siente de cierta forma desaprovechada. Obligándolos a usar el puntero, el juego se hace innecesariamente incómodo, sin terminar de conseguir demasiado el feel general que esperamos de la consola. Y aunque podemos adaptar la sensibilidad del puntero para adaptarlo a nuestro gusto, algunas partes de la propuesta —especialmente los minijuegos relacionados con la velocidad— terminan resintiéndose por no estar usando ratón, hasta el punto de que pueden resultar frustrante en ciertas ocasiones.

Lo mejor que se puede decir de Tohu es que es un título encantador, inmersivo y agradable. En el lado opuesto de la balanza, está el hecho de ver cómo muchas ideas son desechadas en favor —entiendo— de que el juego mantenga su espíritu infantil y sea apropiado para todos los gustos y edades. Sin embargo, hay más motivos a favor que en contra para darle una oportunidad, en especial si somos de aquellos que seguimos añorando las aventuras para PC y estamos a la espera de ver qué nos puede ofrecer un género que, para otros, se ha quedado desactualizado. Tohu es un juego que merece la pena ver. Que a pesar de sus contradicciones sigue impulsado por su potente corazón mecánico.

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Redactora
  1. rules

    Me apetece un point and click, pero dudo si antes de Tohu ponerme con el Röki o al revés, porque igual este a posteriori puede salir escaldado.

    1. Orlando Furioso

      @rules
      Röki es bastante majo.