Pixeles y palabras

Empatías asimétricas

Deborah López reflexiona sobre nuestra capacidad para empatizar con seres monstruosos, fantásticos o imaginarios cuando no podemos hacerlo con las personas que nos rodean.

Un héroe legendario, una exploradora intrépida, un brujo misterioso, un gato antropomorfo o una guerrera picta. A pesar de las marcadas diferencias entre sí, todos ellos tienen en común el medio en el que se despliegan, que son los videojuegos de nuestras estanterías físicas y digitales. Infinidad de personajes, habilidades, historias, escenarios y mundos en unidades de almacenamiento que traspasan las pantallas y monitores hasta hacernos interpretar papeles épicos, emotivos y peculiares. Esa es para mí una de las capacidades más fascinantes de los videojuegos. 

Cuando empecé a jugar, mi imaginación de niña conectó rápidamente con la articulación entre ese sujeto que estaba ahí, a mi merced, y mi yo, quien manejaba la entidad pixelada hasta descubrir qué había más allá. A la edad de casi 31 años, la conexión no es tan natural, pero queda el poso. Poder viajar a universos desconocidos y ponerme en la piel de otras personas o seres vivos, aprender de sus andanzas, de sus aciertos y errores, supuso para mí una cierta apertura a la diversidad y la pluralidad. O eso pensaba. Con el paso de los años y analizando las propuestas del medio, me di cuenta que aún quedan muchísimas perspectivas que los videojuegos pueden y deben abordar.

Antes siquiera de jugar a Carrion, el título independiente de Phobia Game Studio, tuve en consideración el principal atractivo que me ofrecía. Este es el de poder encarnar a un ser informe, viscoso y sanguinolento que busca abrirse paso en unas instalaciones militares matando a los humanos que quedan en el complejo. Para una persona como yo, que hasta en los contextos predominante inocuos escoge siempre la elección bondadosa, saltar a interpretar a un ser visceral y letal parecía ocurrente y entretenido. No lo voy a negar. Mi curiosidad y las ganas de un cambio, después de cientos de videojuegos haciendo el bien, palpitaban. Solo quería descargarme el título y empezar a serpentear.

Al hacerlo, me di cuenta que era emocionante «personificar» a una entidad depredadora. Mejor dicho, ratifiqué que ponerme en la piel de alguien diferente a mí es atractivo e instructivo a la vez. No solo me ayuda a empatizar con otras personas o seres, sino también a conocerme mejor a mí misma. Ser la mala, algo alejado de mi apego por intentar siempre ser cordial, apaciguadora y colaboradora, es una experiencia novedosa y catártica. Un videojuego independiente, centrado solo en la supervivencia de un engendro, precisamente me puso en las manos una forma de evadirme un poco del mundo. A la par que ha sido otro umbral que he podido traspasar. 

Al matar a militares e inocentes sin distinción, también tuve tiempo de preguntarme el porqué nadie ha criticado la entidad protagonista de Carrion a diferencia de les protagonistes de otros títulos. Matamos sin piedad porque está en nuestra naturaleza, porque queremos escapar de ese lugar. Pero es que en los videojuegos tenemos ejemplos, y no pocos, de protagonistas homicidas, dementes y asesinos a sangre fría que casi nunca han recibido críticas ni censuras por serlo. Por si fuera poco, en el supuesto caso de recibirlas, son templadas y se aceptan porque «el personaje es así», una frase que suena demasiado parecida a «soy así y no puedo cambiar». En otras palabras, una excusa falsa que busca moderar el tono del personaje y ganarse la aceptación del público aun cometiendo actos reprochables.

Sin embargo, parece que no todo está perdido porque sí se oyen críticas mordaces hacia protagonistas particulares. Pueden leerse en los chats de los directos de las empresas de desarrollo, en los foros de páginas de videojuegos, en las redes sociales y hasta en plataformas como Metacritic. Haya mucha o poca indignación, sean una gran parte de la comunidad o no, no importa ahora mismo. Lo trascendental para ellos es que luchan a muerte por lo que consideran válido o no, por los protagonistas con los que se sienten identificados y los que no. Casualmente, esos «defensores» empatizan con dragones morados, dioses mitológicos, aspiradores robóticos y erizos azules, pero no con mujeres musculadas, personas negras o individuos del colectivo LGTBI+. 

Es decir, un videojuego en que eres una masa dispuesta a matar y comerte a otras personas no recibe un 0 por ello, pero sí lo hace un título que tiene como protagonista a una mujer lesbiana. Agenda, dicen. Meter con calzador, comentan. Yo lo que me pregunto seriamente es cómo algunas personas pueden jugar tranquilamente con un engendro y en cambio quejarse de hacerlo con una persona sea cual sea su orientación sexual, físico, raza o piel. Porque la mayoría de veces aquellos y aquellas protagonistas que levantan ampollas son colectivos rechazados y discriminados tradicionalmente por una sección de la comunidad. A su vez, son las personas discriminadas por la sociedad. ¿Casualidad?

Mostrar esas otras historias, esas con las que convivimos en el mundo real a diferencia del ser de Carrion, no es «meter con calzador». Más bien es un ejercicio de representación, diversidad e integración de personas con las que coexistimos y nos relacionamos. Es también ampliar las experiencias a narrar y a apreciar, enriquecer e innovar en el medio y aceptar la gran heterogeneidad que tenemos o podemos imaginar. Entenderlas como algo más forzado que ponernos en el pellejo de un monstruo o de un psicópata, prefiriendo así a seres irreales o dañinos que a nuestros compañeros y compañeras, podría ser un síntoma de que tenemos una escala de identificación algo prejuiciosa. 

Nadie se libra de tener algunos convencionalismos, tabús y rechazos, porque vivimos en una sociedad que los tiene e inculca. Pero es nuestra responsabilidad trabajar en ellos y no cerrarle a nadie las puertas a un medio tan rico como los videojuegos. Al ver las polémicas que suscitan algunas protagonistas o personajes que no son los encasillados en «hombre, blanco, heterosexual», tan numerosos en el medio, es evidente que nos queda un buen camino por avanzar. Repito, no importa tanto el número como el daño que una única persona puede hacer abanderando el rechazo, ya sea desde el público o desde las empresas de desarrollo. Un rechazo que a menudo está suscitado por el miedo a perder unos privilegios ganados a costa de intentar expulsar a los demás de la comunidad.

Tampoco valen excusas, como si venden o no los títulos, porque ha quedado demostrado que somos muchos jugadores quienes adquirimos y aplaudimos la variedad y queremos compartir nuestras aficiones con cualquier persona que esté interesada en ellas. Más aún, ese ejercicio de representación no debería de percibirse como una obligación, una imposición o un movimiento mercantil, sino como una responsabilidad para con quienes compartimos este mundo. Elles también tienen derecho a protagonizar, convivir, compartir y narrar sus historias. El odio no. Ese sentimiento solo nos recuerda lo mucho que hemos conseguido avanzar juntes y lo que aún tenemos por delante. Porque por cada mensaje de odio, hay otros de amor y respeto.

Ayer fui un gatito intrépido buscando a su dueño, hoy he sido un rey en su trono tomando decisiones trascendentales para el pueblo. Mañana… ¿Quién sabe? De lo que sí estoy segura es que, juegue a lo que juegue, lo haré en función de mis ganas, de mi trabajo o de los títulos que haya en mi biblioteca digital o física. Pero no por mis prejuicios ni por actos discriminatorios. No voy a perderme las miles de historias y personajes diferentes que me esperan, recordándome que el medio tiene la capacidad de ser plural, como la vida. Y quiero pensar que poco a poco lo será más. No obstante, está en nuestras manos construir una comunidad sana, diversa, abierta y receptiva que dé ejemplo a quien no lo sea. Hagámoslo unides.

Colaboradora

Apasionada de los videojuegos independientes y de la comunicación, no duda en hablar sobre videojuegos allá donde es bienvenida. La curiosidad me lleva a buscar respuestas en los lugares menos sospechados, así que siempre tengo preparadas algunas preguntas.

  1. rules

    Qué gozada de artículo, Deborah. Poco puedo comentar que no hayas escrito. Que disfrutemos de la capacidad de los videojuegos de ponernos en la piel de otro ser humano o de un animal, vegetal o cosa. Y que ojalá esa variedad siga aumentando y nos ayude a ser más empáticos.

  2. MarcGràcia

    Hace un tiempo, creo, Vigalondo escribió por el tuiter algo relacionado con «la mutilación del protagonista». Como un protagonista mutilado tendía a producir una reacción de «rechazo» en el espectador. Que ese vínculo entre observador y personaje de ficción es mucho mas profundo de lo que nos pueda parecer.
    Quicir, en parte puedo comprender que cueste según que vinculación con según que personaje. Por ejemplo, siendo blanco no tengo claro si jugar con un personaje racializado es una buena idea. Si simplificar/gamificar «lo racializado» puede tener cosas malas o si por otro lado ayuda a empatizar con esas realidades. Y quizás eso dependa en gran medida del juego. No es lo mismo un GTA San Andreas que un Detroit Beyond Human. Pero quizás en gran medida también dependa del jugador. Quizás sí se puede aprender cosas buenas con un mal juego. Y viceversa. Porqué la vida es un movidón complicado de la hostía, supongo.
    Y quizás jugar como «La Cosa» y matar indiscriminadamente es mas sencillo porqué en ningún momento tienes que plantearse cosas «reales». Es evasión y punto (lo cuál no está mal, todo se puede disfrutar).
    PERO, creo que hay una línea evidente que no hay que pasar. Y es la de ser un puto nazi mierdas que se pasa el día jaleando mensajes de mierda por lo tuiter porqué todo es LOL y todo es una conspiración para generar el «genocidio blanco» y mierdas similares. Toda esa gente sí creo que debería arder como los nazis en el cine de Inglourious Basterds. Y honestamente creo que TLOU2 hace eso a consciencia. Es Aldo Raine dibujando una svastika en la frente del gilipollas de turno. Y bien que hace.

    p.d: No sé cuantos han visto/están viendo la segunda temporada de «The Umbrella Academy». Pero tengo ahí unos problemas entre «cosas jodidas de la America de los años XXXX’s» versus «es una serie ligera y nos tomamos las cosas a chiste», que no termina de hacerme mucha gracia. En especial todo lo relacionado con el personaje de Allison Hargreeves.

  3. Oiolosse

    Muy buen artículo, aunque pensé que se hablaría más desde la perspectiva Carrion.

    Yo lo de los asesinos en serie no lo llevo mal porque habitualmente hay una excusa (eres un ninja contra otro clan – u onis; el hiss ha controlado a la gente y ya son como zombies, y un larguísimo etc de excusas) por eso tengo en gran recuerdo Tomb Raider (2013)

    Es curioso que cuando Lara estaba más cosificada y la jugaba en 1996, la chica andaba matando ratas, algún tigre de bengala, trex, alienígenas y sí 3, 3 astados, 3 hombres. Para no recordarlos, sus «say cheese» o «is nothing personal» eran quotes habladas en un mar de rugidos y gruñidos.

    En cambio en Tomb Raider 2013 Lara era como una adolescente que se estaba haciendo, y el esfuerzo, aunque un poco estereotípico, se podía poner de ejemplo de avance narrativo en los videojuegos. Hasta que empieza la escabechina. Cada vez te crees menos esas dudas, esos temblores de frío, esa en definitiva, humanidad, que iba desplegando, conforme pasabas a cuchillo a gente en oleadas.

    También tengo que decir, en cambio, que pienso que en esto la mayoría de los juegos lo hacen bastante bien, ya sea con excusas más o menos peregrinas, unas más de contexto y otras más conscientes, aceptando el pragmatismo que domina a los militares.

  4. ElAlexRG

    ¡Me gustan mucho los animales! Pero mato a todo insecto que vea porque dan asco y son basura evolutiva.

    Tenía que decirlo. Espero que nadie aquí sea de esa calaña.

    1. PUNKOMAN

      @alexrevg
      Vas a gozar el grounded.

      Sólo añadir, al hilo del logo este del Carrion del menú de la switch, un «¡Pero qué coño!» de Alfonso Vallés.

      1. ElAlexRG

        @punkoman Que conste en acta que me encantan los insectos (tanto como cualquier ser vivo). Pero siempre he pensado que es muy hipócrita eso de adorar a los animales bonitos y a los feos masacrarlos sin piedad por feos.

      2. Loberto

        @alexrevg
        Me acabas de recordar a una amiga que basa su veganismo en que el animal tenga carita reconocible o no (vamos, que cerdo ni hablar pero mejillones por supuesto que sí). Valors.

      3. Sisf0

        @alexrevg
        Ya, y las plantas sufren tb cuando mueren y se comunican con las de alrededor, pero al final hay que comer.

        Los insectos son plagas en todos los sentidos, sean propiamente porque destruyen plantaciones y demas o sean porque transportan enfermedades tanto a lso humanos y animales como a las plantaciones.

        A los insectos, excepto las arañas (cuya funcion natural es la de matar insectos), hay que exterminarlos si no quieres que causen verdaderos estragos. Joder que una plaga de carcoma sin exterminar te tira abajo una ciudad.

        Tb se aniquilan ratas y palomas, incluso jabalies.

        Y no es porque sean feos. Es porque no podemos compartir el mundo con ellos, igual que exterminamos constantemente bacterias y hongos desinfectando. Nos ha jodido.

      4. ElAlexRG

        @sisf0 Todo eso ya lo sabemos todos, no hace falta que lo expliques (al menos no a ninguno, de los que hemos comentado, creo). Tampoco soy vegano.

        Hablo de adorar a un gato y aplastar a conciencia un insecto en medio del campo/desierto por el hecho de ser feo, nada de plagas y demás (que eso, como ya digo, lo sabemos todos).

      5. Nessin

        @sisf0
        ¿Estamos locos o qué? El ecosistema es un conjunto de seres vivos que se mantiene en equilibrio. Los insectos forman parte de ese ecosistema. Sin insectos el mundo se iría a la porra. Otra cosa es hablar de plagas, ahí matar insectos es una cuestión defensiva por nuestra parte.

      6. molekiller

        @punkoman
        Creo que ya han cambiado, o van a cambiar el icono, porque vaya tela xD

        Editado por última vez 5 agosto 2020 | 10:24
    2. NahuelViedma

      @alexrevg
      Opinión impopular: no tengo esos grados altos de empatía con los animales y no me siento peor persona por eso. Por supuesto, nunca he ejercido la violencia con ningún animal, más allá de los aceptados socialmente (insectos claramente).
      Generalmente esa clase de relación que comentas se da en las grandes urbes dónde, por cuestiones lógicas, la vida animal es muy reducida. Todo ese amor por los animales, de animales que simbólicamente están más que muertos, nace como síntoma de nuestra propia conciencia.

      No es que quiera menospreciar a nadie, me parece genial que las personas le den cuotas de humanidad a algo que claramente no, pero no lo veo como el siguiente paso que algunos plantean.

      1. ElAlexRG

        @nahuelviedma Puede ser que sea por eso. Yo simplemente me dedico a pensar que todos los seres vivos que han habido y habrá parten de una misma bacteria y que para el universo mi vida vale lo mismo que la de una mosca, un elefante, un andromedano o la planta de mi tía Pepita.

  5. Samsks

    Creo que le estamos dedicando mucho tiempo a polémicas y tipos de jugadores que no veo entre los lectores de Anait. Muy interesante la reflexión del artículo pero creo que en este medio, con el alcance que tiene y el público que tiene, el artículo propone un debate esteril. Todos vamos a estar de acuerdo.

    PD: ojalá en un futuro artículo de ahonde más en el por qué de ese «doble rasero» que comentaba el texto.

    Editado por última vez 5 agosto 2020 | 10:36
  6. Yussuf Jones

    La verdad, nunca me he sentido representado por ese gordo bigotudo que va por la vida masacrando animales para rescatar una princesita que se deja raptar de forma sospechosamente insistente.

    Sin embargo eso nunca me imipidó coger la cria de pingüino y tirarla por el barranco frente a su desesperada madre. Todo gracias a la empatía en los videojocs.

  7. KyLe

    Si es que no empatizáis coño, empatizad!

  8. Diego.

    Ojalá el último párrafo se hiciera real y todos pudiéramos disfrutar de lo que nos apetece en el terreno cultural sin tener que explicarnos más de la cuenta.
    Leyendo el articule, por cierto, me ha venido a la cabeza el The Last Night, espero que salga tarde o temprano.

    Editado por última vez 5 agosto 2020 | 12:06
    1. Franru

      @carrington
      Que ganas del The Last Night, más bonito que el Persona 5: Dancing in Starlight.

    2. Héroe

      @carrington
      Saldrá a la par que el Little devil inside. No os hagáis daño esperando según qué juegos…

  9. Penesher

    Pues yo anoche cené espinacas y hoy he cagado verde.

  10. AvengerN7

    Cuando la obra en cuestión se presta a la fantasía de una manera tan evidente no existe el problema. No es lo suficientemente representativo de la realidad. En Carrion ni la propuesta, ni el personaje, ni el universo en sí van por ahí. The Last of Us Parte II es otra cosa. También es ficción, pero desde la misma propuesta hasta su ejecución se plantean problemas, situaciones y personajes extremadamente realistas, podrían ser personas reales, y ahí es donde duele a la gente que no acepta según qué cosas. Porque se generan emociones hacia estos personajes, del polo que sean, pero se crean. Aunque entiendo el punto y que Carrion ha servido de inspiración al post, si tratas de llevarlo a discusión esto se queda aquí. La comparación de «cómo es que eres capaz de jugar con este bicho pero no con una chica lesbiana?» no es válida, porque no ilustra y comete el riesgo de llevar esto al absurdo, cuando no lo es. Aun siendo interesante, plantearlo así hace que esto se quede en un nivel donde esto ya está entendido y que qué listos los que lo entendemos y qué borricos y retrógrados los que no y aquí paz y después gloria. Debate estéril me ha parecido leer en los comentarios.

    Editado por última vez 11 agosto 2020 | 13:04