He venido a hablar de mi libro

La pantalla de las lamentaciones

La pantalla de las lamentaciones

Esta es la cantinela de cierta clase intelectual: la gente se está volviendo estúpida y una sociedad saludable y democrática tiene que fomentar la alta cultura, las letras, las ciencias y hacer de todo el mundo un investigador potencial, una persona responsable que abomine de la vulgaridad porque, como todo el mundo sabe, atropellar a gente en el GTA te convierte en un criminal y ver una película sobre padres estadounidenses idiotas (casi siempre son hombres, qué se le va a hacer) te convierte en un idiota y un mal padre. Este artículo no pretende ser una defensa ciega de la cultura de masas —como si fuera posible una cultura que no lo sea—, pero sí una crítica descerebrada del «intelectual melancólico» que remira en su biblioteca buscando una sociedad refinada y pura que afortunadamente no ha existido jamás.

El concepto de «intelectual melancólico» se lo debo a Jordi Gracia, que publicó en 2011 un panfleto en contra lo que él tildaba de «jeremiadas» de un puñado de académicos que tienen la certeza de que su tren está descarrilando y que son incapaces de comprender la metamorfosis de la sociedad, por lo que no es de extrañar que anhelen un refugio protegido del paso del tiempo, ese desastre que corrompe y aniquila las buenas costumbre. Son reacios a analizar la tecnología en sus propios términos y la condenan en bloque, algo igual de imprudente que alabarla totalmente. Y tanto da que sean de izquierdas, de centro o de derechas, si es que todavía es posible esa división: el aislamiento voluntario, ese gesto infantil de taparse los oídos y cerrar los ojos, es lo que vuelve reaccionaria cualquier postura provenga de donde provenga.

La pantalla de las lamentacionesMe centraré en dos intelectuales de sobra conocidos y en temas que tengan que ver con nuestro medio, por supuesto, porque sus ensayos dan para mucho más. El primero, Mario Vargas Llosa, que por cierto aparece mencionado en el libro de Gracia como alguien que no se ha quejado todavía —tardaría un año en publicar el ridículo ensayo La civilización del espectáculo (2012)— lamenta que la civilización se haya frivolizado escandalosamente: «acaso nunca hayamos estado tan desconcertados respecto a ciertas cuestiones básicas como […] si palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, belleza, alma, trascendencia, significan algo todavía […]. La razón de ser de la cultura era dar una respuesta a este género de preguntas. Hoy […] [es] una forma de diversión para el gran público o un juego retórico, esotérico y oscurantista para un grupo de vanidosos académicos e intelectuales de espaldas al conjunto de la sociedad».

Desde luego al común de los mortales le preocupa qué es la belleza y muchos han dejado de cenar por la falta de respuestas. Es interesante que Vargas Llosa llame vanidosos a intelectuales que fueron activistas de los derechos humanos —no entraremos en detalles—. También, que considere que condenar todo el ocio sea una forma de posicionarse al lado de la sociedad. Pero lo más llamativo es su modo de argumentar, que repite en todo el libro: «ocurre A, concluyo que B». Como, según su diagnóstico, a poca gente le importa qué es la belleza, entonces la civilización está podrida. Como la gente se pasa el día jugando a videojuegos, entonces la gente es ludópata e inculta. Es curioso que, como también nota Jordi Gracia, su discurso participe de la vulgaridad que ataca: su ensayo carece de profundidad, es repetitivo como una canción pop —además de una miríada de ataques personales, solo una idea sobrevuela el texto: moriremos en el analfabetismo—, no presenta un solo argumento salvo impresiones etéreas y, ya puestos, si se burla de la vanidad, que escriba en primera persona y cuele artículos suyos como interludios entre capítulos no dice mucho a su favor.

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Lo que propugna es, en definitiva —todos lo esperábamos desde el principio—, una educación sólida, con muchísimas normas, que exija esfuerzo y desvelos, procurada por un comité de sabios, una minoría que es «la urdimbre social». Los delirios platónicos de Vargas Llosa nos remiten a la fuerza al archicitado mito de la caverna. Como se sabe, unos individuos están condenados a ver las sombras que los bultos exteriores (la verdad) proyectan sobre la pared (la opinión). Lo que se menciona menos es que los ignorantes son, como escribe Platón, «hombres que está en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras impiden volver la cabeza». No hay que pasar por alto los detalles: si están atados, no pueden liberarse. El intelectual (el humanista) es el salvador de esos pobres animales que si vivieran en nuestro tiempo estarían encerrados por un lunático (un intelectual vanidoso) en el sótano de su casa comiendo Doritos y jugando a Hotline Miami.

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Qué poca fe en la humanidad, y al mismo tiempo cuánta fe en sí mismo. Ahora que uno puede, en la medida de ciertas posibilidades, leer y ver cine a destajo, buscar ensayos —de los de verdad— y estudios académicos, escuchar música a la que antes no accedía; ahora que tiene todo esto gravitando a su alrededor, cree que seguirá siendo estúpido de por vida. No obstante, con instrucción, lecturas obligatorias y una buena palmatoria, todos haremos un máster. El individuo que tiene opciones a su alcance es una bestia indócil, a menos que el intelectual melancólico sea su tutor. ¿Qué clase de instrucción? Pues un intensivo prolongado de clásicos. Para Vargas Llosa no ha habido cine después de Ford o Hitchcock (no han existido Sokurov, ni Kiarostami, ni Haneke ni Zvyaguintsev); ni literatura después de Faulkner o Thomas Mann (no han existido Robbe-Grillet, ni Perec ni Chirbes; y no cito a Pynchon porque lo detestaría). Apuesto a que un individuo moderno enganchado a internet sabría más de cine y de literatura que no es inferior —ni desde luego la sustituye— a la que él invoca.

Y esta es la falacia que Vargas Llosa y otros tantos repiten cansinamente: como todo lo que se hace es porquería, las obras dignas de reconocimiento universal no son vistas, ni leídas, ni escuchadas (no obstante, él no parece haberse preocupado por conocer nada posterior a los 70). Si uno consume algo, no se deduce por ello que deje de consumir otra cosa. De esto se deriva otro error de bulto: que la alta burguesía del siglo XIX fuera a todas las óperas no implica ni que las escucharan, ni que las entendieran, ni que supieran que la voz del Comendador de Don Giovanni bajaba de nota para aludir a su caída al infierno. En otras palabras, jugar al Mario Bros. no te impide ni leer ni entender Homero ni escuchar Stravinski, por citar dos nombres al azar —el name-dropping, esa técnica posmoderna, se le da muy bien a Vargas Llosa—.

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Giovanni Sartori publicó Homo Videns en 1997 para criticar el adoctrinamiento corporativo de los medios de comunicación italianos, por entonces ya monopolizados por Berlusconi. Se entiende que en este contexto se quiera desacreditar un medio dominado por un solo hombre. Pero Sartori cree que el abuso de imágenes deforma las mentes: a falta de texto, de progresiones sintagmáticas, el individuo se vuelve incapaz de pensar abstractamente. En breve todos seremos homos insipiens (necios) —Sartori disfruta utilizando locuciones con el género homo—. Las imágenes son solo fogonazos irreflexivos mientras que un libro de filosofía alude a conceptos complejos relacionados entre sí y vinculados a entidades no reales. ¿Cómo traducir en imágenes nociones como la justicia o la paz?, se pregunta Sartori. 

De nuevo, de una cosa no se deduce la otra. Ver imágenes no impide leer, ni a la inversa. Y si Sartori tuviera razón, ¿en qué lugar queda toda la historia de la pintura? ¿No eran también imágenes y generaban a su manera un modo de conocimiento? En muchos casos esas imágenes instruían de tal manera que no era necesario leer —pienso en el arte cristiano medieval—, así que aunque no sustituye el texto por entero, al menos lo hacía accesible. Y nada hace pensar que esta primera toma de contacto no estimule la lectura. De hecho, Platón tenía que recurrir a los mitos, una imagen literaria, para aclarar argumentaciones oscuras. No obstante, la conclusión es que la pantalla es nefasta, la imagen es peor que un mal virus, quien mira la pantalla es idiota y lo será por los siglos de los siglos.

Si hay que ponerse estrictos, la cultura no ha impedido ciertos desastres. Todos conocemos unos cuantos intelectuales que consagraron su vida al apocalipsis. Nietzsche decía que tenía amigos que con treinta años, de tanto leer, se habían vuelto locos.

No creo que la postura contraria sea tampoco deseable. No todo lo que se hace por ahí es una maravilla y reducir el juicio al mero gusto —se acepta alabar lo que gusta pero no denostar, aunque sea con criterio— sería incurrir en el mismo error que un intelectual melancólico, solo que cambiando de signo: un papanatas genérico. Maldecir está bien, pero hacerlo burdamente no salva los argumentos por mucha autoridad moral que se tenga. Visto esto, es hasta honroso que intelectuales de esta talla se consuelen inventando un grupo homogéneo de estúpidos cuyo único propósito es fastidiar a los listos y convertir la vida en una ordinariez para desclasados e infelices. Desde luego yo siempre he sido un tonto pero —como diría Alberti— después de leer sus ensayos me he vuelto dos tontos.

Redactor
  1. Nindle

    Mierda, no soy capaz de leer el artículo, me pasa por hecharme una partida a Nuclear Throne, si es que soy gilipollas

  2. Kirblue

    Gracias por tanto, Anait.

    Y #lodelosGanglios, todo bien.

  3. Nigirid

    Gran articulo si señor

  4. lolskiller

    Esto es denso nivel platino

  5. Silvani

    Genial artículo. ¡Anda que si no sale el Patreon y me quedo sin leer cosas de estás!

    Respecto al artículo, pues lo de siempre. Cada generación considera que la anterior está perdida, es inculta, maleducada, no se preocupa por el futuro y se pasa los días en los bares. Y esto ya aparece en textos antiguos (ahora no recuerdo si romanos, griegos o egipcios, ¡malditos videojuegos!).

  6. Jaun

    Ahora que se de Vargas Llosa como un intelectual anclado en la primera mitad del Siglo XX, es más fácil entender su actitud reaccionaria ante la nueva política latinoamericana de estas últimas décadas.

  7. dagorlad

    Hacía tiempo que no leía tal cantidad de memeces en tan poco espacio. Y absolutamente todo de lo que se queja es lo mismo que él denota en el artículo (esa insufrible superioridad moral sobre el resto). Pero claro, viendo sus referencia cinematográficas y literarias uno ya se imagina que el articulista llega al nivel 100 de hipsterismo.

  8. Toddy

    Acabo de comer y esto es un TL, DR.

    Pero cuando me despierte de la siesta le profesaré la atención que intuyo merece.

  9. Rapther

    OS AMO.
    Hace mucho que fomento este discurso del «dejar de respetar» tanto a los clasicos por ser clasicos y de que se deje de odiar a lo nuevo por ser nuevo.
    Que hay cosas nuevas que se hacen ahora cojonudas. Tendrán menos público, pero existen.

  10. Elijah

    Gran artículo, da en el perfecto clavo de esa CULTURA, así con mayúsculas, que muchos defienden, y no comete el error de defender una opción ‘correcta’. Mis dieses.

  11. METALMAN

    El artículo me parece muy grande, la verdad, pero para alguien (yo mismo) que cree ciegamente en una censura actual (que evita todo lo posible las complejidades intelectuales) para llegar a cualquiera…pues igual tiene un sentido diferente.

    Quiero decir, que los medios (principalmente el cine y la literatura) están censurados en gran medida, porque la visceralidad y la propuesta de algo demasiado complejo es repudiada constantemente.

    Más que tratarse de darle una forma reconocible a la cultura, se trata de darle libertad (hay una especie de modelo «comercial» que no para de repetirse y que cuenta con muy poca originalidad y demasiados topes absurdos). Cuesta encontrar grandes películas o grandes libros en el circuito más comercial (y no me voy a los clásicos), y no hay que ser demasiado clasista para afirmarlo. Es mi sensación, la verdad.

    Lo del videjuego: pues bueno, aun es un medio joven que tiene mucho por demostrar, pero ya es arte y ya es cultura, le pese a quien le pese.

    (lo siento si me he explicado mal, es que juego mucho a videojuegos).

  12. Andreas_Niporesas

    O_O …se me escapan algunas más de tres cosas… digievolucionando de Homo Insapiens a Homo Anaitero…

  13. Sunion

    No sé qué me gusta más: que se deje a parir a Mario Vargas Llosa (jejejejeJEJEJEJEJEJEJE), el nivelazo del artículo o su vínculo con el mundo del videojuego. Bravo.

  14. Jabba_Lags

    Al final de tanta fijación por Vargas Llosa el artículo cae en los mismos vicios que critica y se plaga de nombres y citas que no aportan nada salvo engordar el texto y saca conclusiones entre hechos que no tienen nada que ver.

    Es curioso como con este artículo de opinión podemos descubrir una falacia que aparece aquí: que tengamos hoy en día mayor facilidad para acceder a la cultura no implica que se consuma mejor, simplemente se consume más. No tienes más que ver, por ejemplo, la listas de libros más vendidos de cualquier punto de venta, donde estoy seguro de que no encontrarás a ninguno de los escritores que has mencionado como ejemplos de grandes literatos de esta época.

  15. Artelosus

    Por Deus Ex; cada vez que Sartori habla de la moderna fascinación por la violencia viniendo del país que inventó el circo romano, me entran ganas de arrearle con un tubo catódico.

    Pasado el exabrupto, siempre han existido dos culturas: la alta cultura, destinada a perdurar desde su misma concepción, y la baja cultura o cultura popular, destinada para un consumo inmediato y limitado en el tiempo. Es la diferencia entre una obra de Mozart y una canción popular poniendo a parir a algún rey de la época, por poner un ejemplo.

    Sin embargo, el rasgo diferencial de la producción cultural actual es que esos límites ya no están tan claros, desde que estamos en un contexto de producción para las masas. Ya no existen mecenas. Ya no se puede producir una obra para que sea encerrada en una sala de un palacio y sea admirada por cuatro connoisseurs. Ahora todo lo que se produce debe ser considerado masivamente rentable o, si no, no se produce. En consecuencia, cambian los criterios de producción cultural y ya no es tan fácil separar un tipo de arte de otro.

    Entonces, ¿quién decide qué es alta cultura y qué es baja cultura? ¿Quién establece esos nuevos criterios? Esta gente lo tiene muy claro: son ellos mismos, un grupo de autoproclamados aristócratas de la cultura que se sienten legitimados para ello. La Liga de los Hombres Extraordinarios del Verdadero Arte.

    Es, básicamente, el viejo y clasista discurso de siempre: arrebatar a las masas, el ciudadano de a pie, el pueblo o como se quiera denominar la capacidad de decisión sobre qué es arte o qué no lo es.

    Lo más irónico de todo es que el estatus del que disfruta esta gente es precisamente debido a su apoyo popular. Es como si dijesen: «Bien; me habéis leído, me habéis apreciado y me habéis alzado hasta el púlpito desde el cual os hablo. Os lo otorgo, gentucilla: aquel día anduvísteis finos. No obstante, ya me ocupo yo de deciros lo que es bueno y lo que es malo a partir de ahora. No, no me déis las gracias: felicitaros a vosotros mismos.»

    Vamos, el «ya decido yo porque, si decide la gente, ¿dónde vamos a parar?»

    Que a alguna de esta gente se la considere progresita en algunos círculos… menuda empanada.

    P.D.: Joder, perdón por el tocho. Me he puesto a darle a la tecla y ha salido todo del tirón. Sorry.

  16. Dr. Sonic

    Me recordó mucho este articulo a esta frase:
    «La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros».
    Sócrates, nació en el 470 a.C. y murió en 399 a.C.

  17. Selinkoso

    Anait el único templo del videojuego al que hay que entrar sin zapatos, que santa casa, que lecturas!

    Pdta

    @drsonic dijo:
    Me recordó mucho este articulo a esta frase:
    «La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros».
    Sócrates, nació en el 470 a.C. y murió en 399 a.C.

    que comentario, quien quiera que seas, excelente.

  18. Amadeus

    Totalmente en desacuerdo con el artículo. Que lo audiovisual nos modifica el cerebro es algo que es jodidamente evidente. La televisión fue el primer paso, un medio que busca la espectacularidad por encima de la reflexión, el impacto por encima de lo calmado, la denotación por encima de la connotación. Con la televisión el cerebro humano perdió capacidad reflexiva.

    El segundo paso ha llegado con Internet, los hipervínculos, los teléfonos inteligentes, la cultura del momento. Todo eso ha vuelto a modificar nuestro cerebro. Cada vez es más complicado que los nativos digitales se siente durante un tiempo prolongado a leer un texto sin que su atención se disperse. Eso es un auténtico drama y también es parte del fondo de lo que dice Sartori en Homo Videns.

    Respecto a Vargas Llosa, pese al profundo desprecio que le tengo como persona, rompo una lanza por él. No he leído el libro aquí mencionado, pero por cómo se ha desarrollado el artículo, creo que entiendo el fondo. Por un lado hay que tener en cuenta algo muy importante: lo que eleva a un producto cultural al nivel de obra de culto, de obra maestra, es su capacidad para mantener su vigencia y sus estructuras a lo largo del tiempo. Es, por tanto, el tiempo una magnitud indispensable para elegir unas películas sobre otras. No es porque los críticos sean unos sibaritas el motivo por el que Ciudadano Kane siempre aparezca como la mejor película de la historia.

    En segundo lugar, es totalmente innegable que el impacto de la televisión, del espectáculo, del impacto, de la denotación (como mencionaba antes) han acabado contaminando al cine. De ahí imagino que también viene parte de la crítica de Vargas Llosa. Películas con la narración y el fondo de Transformers o Furious 7 no las he visto yo en el Hollywood Clásico ni, obviamente, en el moderno y posmoderno.

    También me ha parecido entender a lo largo del texto que cuando un autor actual decide pedirle al espectador/lector que sea partícipe de la obra, implicándose intelectualmente en ella, ya está cayendo en eso del «intelectual melancólico». Y me parece terrorífico.

    Apuesto a que un individuo moderno enganchado a internet sabría más de cine y de literatura que no es inferior —ni desde luego la sustituye— a la que él invoca.

    Pues yo me apuesto a que ese individuo moderno, habitante de Internet, que seguramente denoste lo antiguo por antiguo en virtud de lo nuevo y con una carencia total de pensamiento crítico y reflexivo, como mucho alcanza a saber de películas y libros. Saber de cine y literatura es algo que no está al alcance de cualquiera.

  19. chicoxin

    @amadeus dijo:
    Pues yo me apuesto a que ese individuo moderno, habitante de Internet, que seguramente denoste lo antiguo por antiguo en virtud de lo nuevo y con una carencia total de pensamiento crítico y reflexivo, como mucho alcanza a saber de películas y libros. Saber de cine y literatura es algo que no está al alcance de cualquiera.

    Me voy con las manos en la cabeza. Hoy día y gracias a la tecnología es más fácil que nunca consumir cultura, y la juventud consume mucha más de la que se piensa.

  20. dennel

    Según Vargas Yoshi, Pong sería el mejor juego de la historia en cuanto a desarrollo de nuestro intelecto.

  21. kimbauer

    No creo que se defienda el pasado, se defiende lo perdurable. No deja de ser el discurso de la modernidad, plataforma de lanzamiento del presente a la eternidad (habermas dixit). Tal vez el tema no sea la melancolía por lo pasado si no por el futuro. Cuando @chiconuclear muestra su preocupación por la desaparición de los videojuegos por el simple hecho de que su soporte es caduco,¿ se está marcando un vargas llosa?
    La cultura de masas va asociada a la sociedad de consumo y todos sus productos son queridamente perecederos. Entender la cultura contemporánea como la cultura que producimos y consumimos hoy, sin ocuparnos de como se transmite hacia el futuro. No me parece una preocupación baladí.
    Hay gente que traza paralelismos entre la imprenta y lo digital y no entiende que la primera, además de un mecanismo de producción y transmisión, también lo fue de conservación. Por ejemplo.
    De forma consciente o no, nuestros hábitos culturales hoy son presa del paradigma del fin de la historia, damos por hecho que si algo es relevante hoy, lo sera mañana, y no.
    No es suficiente crear cultura de calidad, si se pierde la capacidad de situarla en un contexto pasado/futuro va a acabar siendo intrascendente. A alguien que se preocupe de estas cosas podemos llamarle intelectual o no, pero sus aportaciones van a ser necesariamente melancólicas.

  22. Sams

    En otras palabras, jugar al Mario Bros. no te impide ni leer ni entender Homero ni escuchar Stravinski

    @artelosus dijo:
    Sin embargo, el rasgo diferencial de la producción cultural actual es que esos límites ya no están tan claros, desde que estamos en un contexto de producción para las masas. Ya no existen mecenas. Ya no se puede producir una obra para que sea encerrada en una sala de un palacio y sea admirada por cuatro connoisseurs. Ahora todo lo que se produce debe ser considerado masivamente rentable o, si no, no se produce. En consecuencia, cambian los criterios de producción cultural y ya no es tan fácil separar un tipo de arte de otro.

    No estoy de acuerdo. Con el poco dinero que puedo ganar financio un puñado de proyectos culturales, entre ellos el de esta misma página. Y no se yo si el esquema alta y baja cultura hoy en día sigue vigente, varios autores sostienen de hecho que ha quedado diluida y solo hay una cultura (no digo que piense esto pero si desde luego se ha democratizado).

  23. Artelosus

    @samsks

    Me alegro de que no estés de acuerdo; haya debate. 😉

    Respecto a la financiación de la producción cultural y el ejemplo de esta misma página: esta web está financiada, precisamente, mediante un sistema que se denomina «micromecenazgo» y que se ha popularizado en un contexto reciente de medios de comunicación masivos e hiperconectividad. Incluso la propia terminología sugiere que pasamos del modelo de un único mecenas que aporta toda la financiación al de muchos «pequeños» mecenas que aportan una pequeña parte de la cantidad total. Pasamos de lo individual a lo colectivo; de lo privativo a lo masivo.

    Ten en cuenta que yo opongo la producción cultural moderna a la previa a la Revolución Industrial, cuando empiezan a formarse ciertas condiciones que cristalizan en los medios de comunicación masivos, ya en el S. XX.

    Pero qué te voy a contar, si tú mismo participas en el Patreon junto con otros cientos de personas. Precisamente esta web es un gran ejemplo de una forma de financiación colectiva/masiva que jamás se había llevado hasta esta escala, y que depende de conseguir una masa crítica de inversores para financiar un proyecto. A Kickstarter, por ejemplo, me remito.

    Y respecto a la validez del sistema alta/baja cultura, lo que digo es precisamente eso: que hoy ya no es vigente o, si lo es, los límites no están tan claros; que se han diluído, como tú dices. Vamos, que estamos totalmente de acuerdo o no he entendido el matiz que me quieres hacer.

  24. Artelosus

    @kimbauer dijo:
    No es suficiente crear cultura de calidad, si se pierde la capacidad de situarla en un contexto pasado/futuro va a acabar siendo intrascendente.

    Ante todo: me ha encantado el comentario.

    Entrando en materia: es curioso ese criterio moderno para establecer la trascendencia de una obra. Antes prevalecía el criterio de que el discurso de una obra fuese imperecedero y su mensaje universal y atemporal -además de dotado de una gran perfección formal.

    Hoy, parece que la obra más válida es aquella que representa la rabiosa actualidad del ser por encima de sus características formales: la mejor obra no es aquella que representa al ser humano, aquello que es inmutable en él, sino una determinada forma de entender al ser humano en un momento muy preciso, aquello que es mutable. Que consiga capturar el dichoso zeitgeist.

    En cualquier caso, excelente comentario.

  25. Sams

    @artelosus
    ¡Estamos de acuerdo pues! :boohoo:

  26. Trukers

    @nindle
    I want like you when I grow up

  27. DrTenma

    Otro artículo muy interesante. Obviamente los intelectuales melancólicos no son nuevos y me atrevo a sugerir que debajo de ellos lo único que hay es el clásico desamparo tras observar que el mundo ha cambiado y ellos ya no encajan tan bien como antes.

    Creo que todo esto está fuertemente ligado a esa distancia generacional que dificulta a nuestros padres el uso de internet y que a nosotros nos dificultará el manejo de la próxima tecnología. Conozco muchos niños pequeños que ven más natural la pantalla táctil de una tablet que pasar páginas de un periódico.

    Yo entiendo que Vargas Llosa o Giovanni Sartori vean a una sociedad estúpida; pero creo que lo que realmente ven es a una sociedad «distinta». En efecto, ver la televisión o usar una consola, no impide leer un libro o escuchar música. Y, como bien dices, que hace un par de siglos se fuese más a la ópera no implica que la entendiesen y, admitámoslo, escuchar ópera o música clásica, o leer a Schopenhauer no te hacen más inteligente. Si acaso te harán más culto en esas áreas. Pero ser culto (tener más conocimiento) tampoco implica que se sea más sabio pues, además, hay que ser capaz de entender esa cultura y saber obtener de ella «algo más».