
Habitúo a decir que el terror y yo no nos llevamos bien, pero es una verdad a medias. Existe un territorio oscuro, inquietante y tenebroso en el que habitan obras como En las montañas de la locura o The Babadook, por poner solo un par de ejemplos, que me encanta, tanto es así que gustoso viviría en una habitación con vistas a esos horrores. A esta lista me cuesta más sumar videojuegos, por aquello de tener que ejecutar la acción necesaria para que el personaje avance, pero tras acudir a la presentación de Crisol: Theater of Idols y poder probar el juego de Vermila Studios tengo muy claro que será una de esas excepciones que me permitan disfrutar de los sobresaltos y la tensión que supone jugar a algo así.
Cuando leas estas líneas ya se habrá anunciado que el primer juego de Vermila Studios se publicará el 10 de febrero, dentro de nada y menos; una fecha que nos pareció tan cercana como atrevida, pero que puede ser ideal al aprovechar la distancia que todavía nos separa de Resident Evil Requiem. Motivos para aventurarnos en esta misión en la isla de Tormentosa sobran, ahora los desarrollaremos porque hemos podido probar el juego y charlar con el equipo dentro del propio estudio, en un evento de presentación bastante particular, celebrado en el espacio de trabajo de los responsables de Crisol: Theater of Idols.
Durante el último Junio Jugón no fueron pocos los juegos destacados, pero quizá uno de los que más se nos grabó en la retina fue Crisol: Theater of Idols. Puede que fuera por escuchar una canción en castellano, quizá por ver cómo el protagonista se lesionaba al cargar su arma de una forma que nos hizo pensar en Bioshock o, para qué esconderlo, por el tremendo canguelo que daban las criaturas con rostro de vírgenes y expresión impasible. Antes de anunciar la fecha de lanzamiento de su primer juego, el estudio madrileño Vermila Studios organizó una serie de encuentros con la prensa para explicar en profundidad su historia y la del desarrollo de un juego confeccionado con mucho mimo. La primera parada de esta minigira promocional fue en casa, lo que les permitió abrir las puertas de su oficina, pero sobre todo posibilitó que todo el estudio fuera partícipe del evento, algo no tan habitual.
Antes de hablar de nuestras impresiones tras probarlo, conviene aportar un par de pinceladas sobre quiénes están detrás de Crisol: Theater of Idols. Fue en 2017 cuando los caminos de los cofundadores de Vermila Studios se cruzaron, en una aceleradora de la que terminó saliendo el primer prototipo del juego. Tanta era su confianza en lo que tenían entre manos —algo que se vio reforzado en 2019 al recibir un premio de Epic Games— que en 2020 constituyeron el estudio. No tuvieron que esperar mucho para comprobar que el potencial de su juego era real, ya que fueron adquiridos por el Embracer Group ese mismo año, cuando una inversión de esa índole parecía la mejor de las noticias. No obstante, esta relación terminó en 2023 cuando los directivos de Vermila Studios recompraron la empresa para tener control total de su destino. La búsqueda de financiación para que Crisol: Theater of Idols retomara la senda que sus autores deseaban les llevó a dar en 2024 con Blumhouse Games, editora de nuevo cuño —en lo que a videojuegos se refiere, su trayectoria en cine es incuestionable— que publicó en diciembre Sleep Awake; esta unión contractual fue lo que el estudio necesitaba, ya que la publisher ha respetado la visión creativa del estudio, les ha brindado apoyo económico y ha estado muy involucrada en la promoción del juego.
Antes de poder sufrir con el mando en las manos, los dos responsables del proyecto realizaron una presentación muy detallada de todo lo que pretenden ofrecer en Crisol: Theater of Idols. Antes hemos mencionado Bioshock, un juego que no nos vendrá tanto a la mente cuando juguemos como quizá sí otro tipo de juegos de terror con un ritmo algo más pausado, pero también se mencionó mucho Blasphemous cuando se presentó el juego de Vermila. Normal, ¡cómo no!, ya que es quizá el epítome de lo que supone llevar la iconografía del imaginario español al escenario internacional del videojuego, pero sobre todo de hacerlo bien. Este juego también apuesta por la reimaginación de elementos que nos son muy conocidos con la intención de «homenajear la cultura española sin ser una españolada»; un ejercicio sin duda complicado, una apuesta que desde el estudio madrileño han logrado llevar a cabo mediante un muy buen equilibrio entre los elementos típicos del folklore español y una serie de mitos ficticios que permiten generar una dualidad en la que cada parte potencia a la otra.




Crisol: Theater of Idols se desarrolla en la isla de Tormentosa, un lugar detenido en el tiempo en el que impera el culto al mar. La influencia de esta creencia permea todo lo que nos rodea: edificios, objetos, cartelería, criaturas, a sus propios habitantes… todo. Para generar contraste —y conflicto, que siempre viene bien como punto de partida para que empiece la acción—, nuestro protagonista llega al terreno insular enarbolando la bandera de la fe dominante en Hispania, es un enviado de quienes creen en el Sol y está dispuesto a combatir la herejía. Bastante católico por su parte ir de misión a enseñarle a esos paganos que la única fe correcta es la suya.
Gabriel, el protagonista, contará con varias armas de fuego para abrirse paso por Tormentosa. Contaremos con la compañía —no constante— de Mediodía, un personaje autóctono que nos hará de guía y servirá de contrapunto sobre todo por su personalidad; el típico contraste entre las partes de una dupla —Quijote y Sancho, Sherlock y Watson…— que funciona tan bien para hacer brillar a ambos y, sobre todo, que puedan tener un arco de personaje interesante y bien afianzado. Sin haber jugado a la versión completa del juego de Vermila podemos esperar que a lo largo del juego Gabriel comience a poner en duda la misión que le llevó a Tormentosa y nada mejor para cambiar y crecer que descubrir que tus creencias no son tan férreas… ni fiables.
Habrá algún que otro personaje más que nos ayude, como la Plañidera, quien cuenta con uno de los diseños más interesantes del juego. Tanto la Plañidera —quizá el personaje con la voz más interesante del juego, por lo que hemos podido probar— como Mediodía son ejemplos ideales de cómo han trabajado en un diseño repleto de elementos folklóricos típicos, pero con las suficientes vueltas de tuerca como para resultar verosímiles en un mundo como el del juego. No es fácil ponerle un traje de luces a un personaje y que no resulte llamativo, ideal para romper la inmersión, pero en Crisol: Theater of Idols lo logran.
El mar nunca olvida. Yo tampoco.
Y hasta aquí la lista, el resto de seres vivos, o al menos seres móviles, que nos vamos a topar buscarán acabar con nuestra vida. Los más habituales son los astillados, unas esculturas de madera como las que encontramos en iglesias y catedrales, con alguna que otra fractura debido a la humedad y el paso del tiempo, algo que notaremos tanto si cometemos la osadía de fijarnos en esos detalles segundos antes de que nos ataques como si escuchamos con atención su inconfundible rechinar. Es un tipo de enemigo muy interesante ya que a efectos prácticos es como un zombi clásico, al que por ejemplo podemos tratar de incapacitar disparando a sus piernas y así ganar tiempo, pero tiene un girito más que seguro que le dará un susto a más de uno. Ante la duda no le deis la espalda a un enemigo hasta que estéis seguros de que no va a continuar persiguiéndoos.
El bestiario de Crisol: Theater of Idols está compuesto por más criaturas, todas ellas asociadas a elementos reales. Si los astillados son figuras de tamaño humano talladas en madera, los endemoniados angelitos que nos tratarán de ensartar con sus flechas de querubín exudan la cera de la que están hechos, igual que la gigantesca virgen que nos perseguirá —Dolores, no es fácil de olvidar— en distintos momentos del juego está hecha de metal —es, a efectos prácticos, un relicario gigante— y, por tanto, ya podemos olvidarnos de derribarla a base de disparos o cuchilladas como al resto. Esta criatura es quizá el personaje con mayor potencial, ya que tanto por lo que nos contaron los responsables de Vermila como por el encuentro que tuvimos con ella en la demo quedó claro que la relación entre Gabriel y Dolores será de los puntos fuertes del juego.



Ya sabemos quién, dónde y contra quién, ¿pero con qué contamos para acometer esta misión divina? Pues con un buen puñado de armas de sangre. En la demo que hemos probado hemos podido utilizar una pistola, una escopeta y un rifle francotirador, cada una de estas armas de sangre con su propia forma de recargar. Como se ha visto en los distintos tráileres, nos tocará clavarnos las armas para extraer sangre y convertirla en munición, lo que hace de cada recarga un momento de peso ya que la sangre es también lo que condiciona nuestra vida. Este vínculo deriva en un juego de decisiones de lo más divertido, ya que durante los combates tendremos que tener en cuenta si nos conviene más renunciar a un poco de vida para conseguir unas balas o por el contrario es mejor que usemos alguno de los jeringazos que tenemos a mano para llenar la salud antes de proceder a recuperar munición. Además, no es lo mismo sacarte sangre para craftear una bala de pistola que un cartucho de escopeta, tanto por tiempo empleado como por volumen de sangre invertido.
El sistema de combate es una de esas cosas que demuestra cómo se puede coger algo muy ligado al imaginario judeocristiano que tenemos grabado a fuego en España y convertirlo en una mecánica jugable, no porque quien acuda a misa clave su mano en una superficie para fabricar objetos, sino por la idea del sacrificio y un enviado divino que debe martirizarse y sufrir un dolor inhumano en pos de lograr que su fe impere. Eso sí, las armas de sangre no son nuestro único recurso, ya que también contamos con un buen cuchillo —desconozco si Gabriel lo ha sacado de Albacete, pero ojalá— con el que podremos emprender el combate cuerpo a cuerpo con aquellos enemigos que se pongan a nuestro alcance. Eso sí, mucho ojo, que la hoja se mella; podremos pulir el cuchillo en ciertos puntos del juego si queremos que su daño se mantenga, de lo contrario nos costará dios y ayuda acabar con un único astillado a base de navajazos.
Por lo que hemos podido probar, Crisol: Theater of Idols sabe distribuir bien sus momentos de acción y tensión, de tal forma que podamos recuperar la calma en zonas que no son precisamente un paseo por el campo —aún recuerdo una cabeza gigante que parecía sacada del parque abandonado más terrorífico que uno pueda imaginar—, pero que al menos nos permiten observar y escuchar lo que nos rodea sin tener que estar pegando tiros para sobrevivir. Es en estos momentos donde también daremos con los recuerdos de sangre, recreaciones de sucesos del pasado que nos posibilitarán acceder a información muy interesante tanto para conocer qué ocurrió en esa isla como para futuros encuentros decisivos; sin ir más lejos en la versión de prueba que catamos nos topamos con la típica figura de anticipación y cumplimiento al presentarnos unos dispositivos explosivos y luego ser estos de lo más útil para jugar al escondite. Quizá esas sean las partes más tensas del juego, las que protagoniza Dolores, quien nos obligará a abrazar el sigilo al convertirnos en un ratoncillo que huye de un gato metálico gigante con cara de virgen.
No hace falta jugar mucho a Crisol: Theater of Idols para comprobar que incluso los menos fieles del género pueden disfrutar de esta aventura por la isla de Tormentosa. Solo por la cantidad de detalles que tiene la construcción de su mundo o por el trabajo en el diseño de sonido uno se siente llamado a jugar más y más. Este canto de sirena funciona desde el minuto uno, en mi caso pude deleitarme con el repiqueteo de la lluvia en distintos materiales, el inquietante crujir de una criatura a lo lejos, dispuesta a abalanzarse sobre mí, o el fluir de la sangre cuando encontramos un animal muerto del que abastecernos para recuperar vida. Si nuestro corazón sobrevive a la tensa y densa atmósfera que rodea todo lo que sucede en el juego de Vermila Studios, podemos estar ante una de las primeras sorpresas del año.
Crisol: Theater of Idols se publicará el 10 de febrero en PC, PlayStation 5 y Xbox Series X|S de la mano de Blumhouse Games. La versión que probamos nos situaba a mitad de partida, un complemento a lo visto en la demo que se publicó el pasado otoño.
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