Snack-horror

Bugsnax: el miedo es un estado mental

El debate sobre si Bugsnax es o no un juego de terror resulta estéril cuando renuncia a la atmósfera clásica que define al género. Es mucho más interesante analizar cómo utiliza todo aquello que creemos saber.

Aviso: Este artículo contiene spoilers de la trama de Bugsnax.

Sabemos que algo horrible va a suceder en el cumpleaños de Damien porque estamos viendo una película de terror. Sin embargo, si nos ponemos en la piel de los personajes resulta imposible imaginar que todos aquellos padres y vecinos que deciden pasar el sábado en la fiesta de la familia Thorn tienen algún tipo de conocimiento previo sobre el estado mental de la niñera que, como regalo especial, decide dar un salto final desde el mismísimo tejado. Cuando nos reímos y nos frustramos al ver a los adolescentes dejando solos la fiesta para subir a la planta de arriba a follar, lo hacemos desde el conocimiento de que, en un slasher, eso nunca sale bien. Pero los adolescentes, como los padres privilegiados de La Profecía, no saben qué tipo de ficción habitan. Para ellos, el día de los horrores es tan sólo un nuevo día más.

En Midsommar, el éxito pop firmado por Ari Aster, la protagonista sí que parece tener cierto conocimiento del tipo de historia en la que se encuentra. Los horrores personales afrontados por Dani en el pasado parecen haberle otorgado cierta sensibilidad que le permite ver a los Hårga (al menos en un principio) tal y cómo son de verdad. Precisamente porque nuestro conocimiento y sensibilidad para lo escabroso se alinea con los de Dani, el resto de secundarios de la película nos parecen profundamente idiotas. Fascinados con las tradiciones de la aldea sueca, Christian y Josh racionalizan desde la sociología todo tipo de comportamientos perturbadores. Para ellos, los Hårga y sus tradiciones no son más que un misterio que poco a poco deben comprender y descifrar. Paradójicamente, se encuentran en la misma situación que nuestro personaje en Bugsnax.

El protagonista de Bugsnax es un periodista decido a viajar a la isla Tentempié para hablar con la exploradora Lisabert sobre sus descubrimientos y el asentamiento de gruñecos que ha inaugurado. Pero tras su llegada, justo después de un un accidentado viaje, el protagonista encuentra que Lisabert no sólo ha desaparecido, sino que el pueblo ha sido abandonado poco a poco por sus habitantes. Como paso previo a poder entrevistar a los testigos de los hechos y poder resolver el misterio de lo que ha pasado en pueblo Picnic, tendremos que ayudar a los diferentes personajes mediante varias misiones que, habitualmente, conllevan la captura de uno o varios bugsnaxs.

Por supuesto (y antes de que alguien llame a la policía de la diversión), es importante dejar claro que, en sí mismo, Bugsnax no es un juego de terror. Las ficciones que quieren asustarnos suelen dejarlo claro desde un primer momento para utilizar en su favor nuestro conocimiento de que vamos a ser asustados. En una película de terror, un plano de una puerta o una secuencia con el personaje mirándose en el espejo del baño tienen persé connotaciones escalofriantes que nos pondrán nerviosos a la espera de ver aparecer al monstruo que puede esconderse en cualquier lugar. De no saber que tenemos que permanecer recelosos, una puerta no es más que una puerta y el plano del baño quizás solo anticipe una trama existencial. Bugsnax no se presenta como un juego de terror y por lo tanto no lo es. El juego es alegre, colorido, y utiliza mecánicas más cercanas a Pokémon que a cualquier survival o juego de terror tradicional. Bugsnax nos obliga a racionalizar todos los elementos perturbadores y terroríficos que presenta mientras nos distrae con puzles, trampas, personajes tontorrones y bichitos de ojos grandes. Y como Christian observando a los Hårga, lo estamos pasando bien. No entendemos lo que estamos viviendo hasta que es demasiado tarde.

Las pistas siempre han estado ahí. Cuando Young Horses presentó el primer tráiler en junio del 2020 fueron muchos los que señalaron con inquietud la discrepancia entre la alegre melodía de la música que funcionaba de acompañamiento y lo ominoso de su letra real. Como si fuera la terrorífica nana de una película de casas encantadas It’s Bugsnax! nos lanzaba una serie de advertencias que fácilmente podrían pasar desapercibidas en primer lugar: «adéntrate hasta lo más profundo para averiguar la verdad, quizás aprendas algunas cosas más», canta Kero Kero Bonito. Lejos de desmentir los rumores, los desarrolladores admitieron rápidamente que el juego era mucho más profundo de lo que parecía. Que, quizás, era mejor viajar a isla Tentempié sin ningún tipo de idea preconcebida. 

Pero aunque la experiencia de Bugsnax no tiene nada que ver con la que proporciona un juego de terror, es evidente que la base de su historia y gran parte de los elementos más extraños, perturbadores y desconcertantes que encontramos en ella, beben y se inspiran en los elementos más comunes dentro del body horror; un subgénero del terror que, durante los años 70 y 80, nos ayudaron a asimilar —al menos en occidente— los debates originados a raíz de las investigaciones en ingeniería genérica y la incipiente crisis de SIDA. Aunque el nacimiento del subgénero se lo debamos a Georger Franju y Los ojos sin rostro, entre los creadores que asentaron las bases del mismo no se pueden obviar a John Carpenter y David Cronenberg, dos de las influencias más evidentes en la narrativa de Bugsnax.

Al igual que la forma de vida de origen extraterrestre de La cosa, el parásito de Bugsnax es un ente capaz de adoptar diversas formas biológicas (en este caso concreto, híbridos entre comida e insectos) para acercarse a sus huéspedes de manera que pueda ser rápidamente asimilado. La propia existencia de los bugsnax, y la relación con ellos por parte de cada uno de los gruñecos, es lo que termina por envenenar el ambiente de pueblo Picnic, sumiendo a los secundarios en un estado de disconfort y paranoia. Para el final del juego ya hemos descubierto que, lejos de ser los protagonistas, nuestro papel de detective sirve para hacernos testigos de la historia de Lisabert, una gruñeca que, a su manera, tiene un arco de personaje similar al del protagonista de La mosca.

En La mosca, Seth Brundle es un científico que, debido a un error durante un experimento con sus cabinas de transporte instantáneo, empieza a sufrir mutaciones derivadas de la mezcla de su ADN con el ADN de una mosca. Como Lisabert y el resto de los gruñecos,  Brundle recibe con entusiasmo los primeros cambios físicos que recibe que, en su caso, pasan por un aumento de la fuerza y potencia sexual. Los personajes de Bugsnax, como Meneo, perciben los cambios como un tipo de empoderamiento capaz de hacerlos a la larga mejores. Para cuando comprenden los peligros de su nueva situación ya es demasiado tarde. Las mutaciones han cambiado por completo su apariencia y no parece que exista la posibilidad de volver atrás.

Cuando les das ribblepedes a los gruñecos

Como en la mayoría de los títulos que pertenecen al subgénero del body horror el peligro en Bugsnax no proviene de nuestra mente sino de nuestra carne. No nos enfrentamos a un ente totalmente externo sino a algo que está dentro de nosotros y que, en ocasiones, forma parte de nuestro ser. Usando colorinchis y música alegre, Bugsnax recrea imágenes clásicas del género como la pérdida de los dientes, cambios en los ojos o pérdidas de extremidades. Sorprendentemente, nada de eso nos alarma. Mediante el uso de la atmósfera los desarrolladores de Young Horses nos han condicionado para dejar de lado nuestros instintos, sintiéndonos falsamente seguros y protegidos en un entorno de apariencia infantil. 

En Bugsnax la tradicional pátina de ciencia que encontramos en la películas clásicas de body horror la otorgan Floofty y sus experimentos, en conjunto con la arqueóloga Triffany. En ese sentido, no es sorprendente que ambas mujeres acaben perdiendo la cabeza, arriesgando constantemente sus vínculos afectivos y su integridad en favor de un misterio que no alcanzan a vislumbrar. Precisamente gracias a la presencia y a la personalidad de Triffany, somos capaces, como jugadores, de ignorar los múltiples esqueletos que se dispersan en los distintos enterramientos de la isla. Floofty, por su parte, convierte las mutaciones en un juego en el que nosotros también podemos participar. Temática, que no tonalmente, Bugsnax coincide con todas cintas que pretendían avisarnos de los peligros de centrarse en la ciencia y dejarse arrastrar por ella sin prestar atención a las consecuencias humanas y morales. 

Es importante repetirlo, Bugsnax no es un juego de terror. El terror necesita de una atmósfera y un ritmo concreto. Unas mecánicas que nos mantengan en tensión y unos satisfactorios sobresaltos que sirvan para dispersar la adrenalina. Sin embargo, la historia que narra el juego de Young Horses es macabra y oscura. Los elementos por separados parecen formar un puzle que, desde la distancia, produce pavor. Bugsnax sorprende al desvelar que nosotros no somos más que los alegres secundarios. Y que si queremos salir de la isla, esta vez sí, necesitamos escuchar las palabras de la protagonista.

Redactora
  1. JT'Salas

    Wow, no esperaba para nada que este juego diera pie a lectura así. Pero vaya, qué maravilla tener este tipo de sorpresas. El texto me ha encantado, ojalá saber más sobre cine de terror, pero mi cuerpo no lo soporta.

    Ahora procedo a ver el vídeo que puso María Kitttsune en Twitter para ampliar la experiencia.

  2. octal

    Desde luego me ha picado la curiosidad esta reseña, ahora quiero jugarlo.

  3. alexman85

    Entre el artículo de Marta y lo que comentaron Víctor y ella en el último Reload me están entrando ganas de retomarlo. El problema que tengo con el juego es que sus mecánicas no me terminan de enganchar y me resulta repetitivo.

  4. LaL

    Me ha durado el juego 30 minutos, es un completo aburrimiento en mi opinión. En cuanto a la review es impresionante, como siempre vamos 🙂

  5. Shalashaska

    Joder, qué ganas de jugarlo! El día que me compre la PS5 el Bugsnax va a caer también.

  6. rlb

    La «sorpresa» de su narrativa se diluye en un bizarrismo para mi gusto, incómodo (aplicar cierta «identidad» a los insectos-aperitivos para acabar comíendoselos y transformándose en engendros del mismo infierno, no ayuda) y sus mecánicas de tiempos de PS2, machacantes y ramplonas tampoco impulsan el juego.

    Yo también pienso que hay un trasfondo interesante, incluso disruptor (si es que queda algo así a estas alturas) , pero hay un sinfín de propuestas narrativas videojueguiles mucho mejores que Bugsnax (siempre a mi entender, claro está y sin sentar cátedra de ningún tipo)

    No me arrepiento de haberlo concluido y no diría que sea una perdida de tiempo, pero tengo la sensación de que este juego si no es por que sale a principio de generación, lo dan con el Plus y no venimos de acumular ganas de cosas nuevas … no lo tocáis ni con un palo; y lo digo en general, yo incluido.

    Editado por última vez 14 enero 2021 | 22:29
  7. VLT-Gray

    Magnífico artículo, me hubiera encantado descubrir todo lo escrito por mi cuenta pero las ansias pudieron más.

    Por estos artículos vale la pena registrarte y comentar.

  8. ivanen_10

    Vaya locura de artículo. Me ha encantado.