El incremental game no nació el año pasado, pero 2025 fue cuando descubrí este fantástico pozo en el que una mente sobresaturada y cansada como la mía pudo al fin encontrar acomodo y tranquilidad. En un reciente episodio de Any% Víctor y su tocayo recordaron el espléndido Stimulation Clicker, aquel juego que nuestro Víctor definiera como el primer gran juego de 2025 cuando todavía no habían ni llegado los reyes magos al hogar; después fue el turno de otros como Infiniclick o Journey to Incrementalia, sin olvidarnos de alguno que se publicó en 2024 como Nodebuster, Digseum o, quizá el que fue mi favorito, Astro Prospector. El juego malagueño mezcla la estructura y el progreso de este tipo de juegos con unos niveles endiablados solo aceptables para quienes disfrutan de los bullet hell, pero sobre todo evidencia que ante un tipo de juego cada vez más extendido es necesario tener algo que permita que tu propuesta destaque y no contribuya a una sobresaturación que acabe por lastrar el género en sí. Wild Growth también ha conseguido un bucle jugable muy bien medido, donde el progreso y el desafío están muy bien equilibrados, la duración es la suficiente para que la fórmula no estomague y sus particularidades temáticas son lo suficientemente ricas como para que el conjunto resulte verosímil y atractivo.
Nuestra aventura en Wild Growth comienza debido a que hay algo carcomiendo las raíces de Yggdrasil, el legendario árbol del mundo que forma parte troncal de la mitología nórdica; un imaginario tan habitual en las producciones culturales que para muchos personajes como Thor, Odín, Loki o eventos como el Ragnarök son tan conocidos como el Ratoncito Pérez. Emprenderemos pues un viaje junto a un pequeño grupo de guerreros en pos de solucionar este entuerto, un recorrido que tendrá varias etapas, una por cada nivel a superar. La vista cenital permite ver en el centro de la pantalla la formación de nuestros personajes, representados por cuadrados con un símbolo en el medio, como si de una runa se tratara. Nosotros colocamos a cada uno de estos personajes en la formación previa a que comience a llegar la oleada de enemigos, pero después ellos actúan por su cuenta y riesgo; al jugador le corresponde hacer las veces de sanador y curar como buenamente pueda a los suyos.




No es ninguna exageración hablar de Wild Growth en términos de juego de acción, ya que su núcleo jugable son los combates contra una serie de enemigos también representados por cuadrados de distinto tamaño y color a nuestros héroes; la legibilidad por suerte facilita la comprensión de lo que está sucediendo en todo momento, sobre todo gracias a la paleta de colores elegida. Suele ser habitual que nosotros seamos quienes ejercen la acción en estos juegos, pero aquí nos vemos forzados a tener un papel de apoyo —igual de importante, ¡incluso más de cara al éxito de esta misión!—. Sí podemos decidir dónde colocar a cada personaje dentro de la formación, un esquema que cuenta con más huecos que fichas totales podemos sumar al equipo una vez desbloqueemos todo el árbol de mejoras.
Comenzaremos con un guerrero de nuestro lado, el personaje más básico. Según avancemos podremos desbloquear más personajes, tanto otros guerreros como magos elementales, un berserker o un gigante con bastante más vida que el resto, ideal para tanquear ataques del enemigo y conseguir unos valiosos segundos en los que recuperar maná, la energía que tenemos a nuestra disposición para castear los hechizos curativos de nuestro arsenal de conjuros. Mientras el grupo trata de repeler a los enemigos, podemos hacer clic en aquel personaje que requiera nuestra ayuda para recuperar vida, una acción que haremos sin cesar con tal de intentar sobrevivir un poco más. Nadie dijo que ser el sanador del equipo fuera tarea sencilla y aunque a nosotros no nos ataque nadie —ventajas de tener una perspectiva casi divina— el agobio por evitar la derrota nos llevará al límite.


El reto es bastante estimulante, aunque la recta final es algo fulgurante, sobre todo en comparación con lo que cuesta abrirse paso en los primeros niveles. Es lógico que al contar con mejores habilidades, más energía para consumir, más capacidad de curación y unos personajes con más vida y ataque resulte más sencillo derrotar a los jefes finales que al principio nos hacían visitar Helheim. Otro detalle curioso en el juego de Cuddle Monster Games es que el número máximo de personajes con los que podemos afrontar cada nivel no nos permite utilizar a todos los que se pueden llegar a desbloquear, forzándonos así a tomar decisiones y no limitarnos a poner todas las fichas en el tablero sin más. No hay que ignorar este factor estratégico, ya que cuando la situación sea límite puede suponer la diferencia entre dar un paso hacia las raíces de Yggrasil o perecer en el intento.
Wild Growth es un juego en el que cada decisión es clave para el devenir de la partida, deberemos gestionar en cuestión de segundos nuestra energía y elegir si salvamos a nuestro guerrero o a esa ficha que va como pollo sin cabeza a por todo lo que se mueve, si conviene mantener con vida al gigante que está recibiendo más ataques o por el contrario hay que ser precavidos y darle un poco de salud a ese mago que tiene un horizonte despejado pero que a poco que se le complique el asunto puede acabar yaciendo en el suelo. Es increíble cómo unos pocos cuadrados chocando entre sí dan lugar a algunos de los enfrentamientos más épicos de los últimos meses.
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