
Una visión parecida se nos muestra en Painkiller: tras pasarnos la mayoría del juego recorriendo el Purgatorio en sus distintas y muy variadas formas, llegamos por fin al Infierno, que resulta ser un campo de batalla suspendido en el tiempo en el que podemos observar las deflagraciones estáticas de las bombas y las rocas de las catapultas detenidas en el aire en pleno vuelo, como si Dios hubiese pulsado Start en mitad de la madre de todas las guerras y hubiese abandonado la escena tal como estaba. Se echa de menos, eso sí, algo que no debería faltar en ninguna representación del Averno: los pecadores sufriendo la agonía de su siempre saludable castigo eterno.
Mención aparte merece el inédito Thrill Kill para PSX, que jamás llegó a venderse pero algunos pudimos disfrutar igualmente gracias a la magia de la piratería. En este loquísimo juego de lucha, los protagonistas (una dominatrix, un cirujano demente, un enano loco con zancos, un ex-empleado de correos psicótico, un agente del FBI con tendencias sociópatas, un juez esquizofrénico que se pasó a verdugo, una contorsionista circense feminazi, un pirómano, dos hermanos siameses y una diablesa ancestral) representan sus propias desviaciones mentales y vicios justo después de morir e ir a parar al Infierno en el que participarán en un torneo que premia al ganador con la reencarnación. ¿Y cuál es la visión del Averno que los tipos de Paradox decidieron mostrar? Pues una basada en distintos escenarios tan terrenales y sórdidos como una habitación acolchada salpicada de sangre, unos urinarios públicos, unas cloacas, un depósito de cadáveres, la escena de un crimen en un mugriento callejón e incluso el interior de la Configuración del Lamento que aparece en la saga Hellraiser.

God of War es otra de esas sagas que nos brindan una representación inolvidable del Hades. En el primer juego, cuando Ares nos ensarta con una columna lanzada desde kilómetros de distancias a lo Tao Pai Pai, contemplamos el Infierno griego como una especie de abismo gigantesco al que se lanzan las almas de los pecadores para terminar haciéndose unos largos en la célebre laguna Estigia. Afortunadamente, antes de pegar el panzazo del siglo, conseguimos asirnos a una plataforma hecha de carne y hueso (!) y enfilamos el camino hacia la superficie escalando por una serie de rodillos con cuchillas bien jodidos y con los que muchos aún tenemos pesadillas tres noches por semana. En la segunda entrega de las peripecias mitológicas de Kratos, sin embargo, el descenso a los Infiernos nos muestra una gran cavidad rocosa repleta de brazos oscuros que salen de las paredes intentando agarrarnos de la melena 1.
Pero el juego que con más devoción ha tratado tan socorrido lugar, y el que ha motivado la elaboración de este artículo, es evidentemente Dante's Inferno. Como todos sabeis a estas alturas, lo último de Visceral se sirve de los 34 cantos del poema épico de Dante Alighieri La Divina Comedia en los que el escritor italiano recorría el Infierno (el católico ) acompañado por Virgilio para más tarde adentrarse en los recovecos del Purgatorio y el Paraíso. Si algo estaba claro, incluso antes de ver las primeras capturas, es que para hacer un juego de acción, el poeta florentino debía ser alterado o prácticamente sustituido por alguien que se prestara más a liarse a guantazos con demonios de todas las formas y sabores. Y no cabía duda de que así se haría. Sin embargo, la representación visual del Infierno de La Divina Comedia en sí mismo era algo que preocupaba a muchos. La extrema facilidad con la que hoy en día cualquier adaptación se pasa la fidelidad a la obra original por el forro de los cojones era un motivo de congoja más que justificado, pero lo cierto es que, pese a las numerosas libertades que se han tomado en Visceral Games, los escenarios del juego guardan cierta complicidad con el poema de Alighieri. Dejaré los detalles más descriptivos para el análisis, pero basta decir que la estructura de los nueve círculos concéntricos se ha respetado escrupulosamente, las referencias tanto materiales como simbólicas al Infierno de Dante sorprenden a los escépticos que llevábamos meses arrancándonos los pelos de todo el cuerpo de puro terror y el temido intercambio de hostias contra Lucifer es, salvando algunos rasgos 2, francamente fiel.

No pasará mucho tiempo hasta que volvamos a ver nuevas reproducciones del Hades en los juegos venideros; siempre ha ocurrido y va a seguir ocurriendo. Dentro de unos años, quizá podamos estremecernos con las nuevas y excitantes concepciones que los artistas del videojuego hayan sido capaz de poner ante nuestros ojos. O quizá veamos repetida una y otra vez la versión católica del comedor de Satanás. Qué más da. Todo el mundo sabe que bajar al sótano a oscuras es una experiencia que templa el carácter, un ritual de madurez que, una vez superado, nos apremia a saltar sobre hogueras, golpearnos el pecho y conquistar a las chicas guapas. Si a todo eso le añadimos centenares de millones de almas condenadas a un sufrimiento eterno, un temible Lucifer hambriento de pecadores y un séquito de diablillos danzando al son de los gritos de dolor; la cosa sólo puede ir a mejor, ¿no os parece?

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