Monstruos de bolsillo, 15 años después

Cómo hemos cambiado

El lanzamiento de Pokémon Perla Reluciente y Diamante Brillante nos invita a reflexionar sobre el concepto de remake y la evolución de la saga desde el lanzamiento original.

Nota: Este es un texto de opinión basado en las primeras horas de Pokémon Perla Reluciente. El análisis final del título se publicará en los próximos días.

Como consumidores es fácil que nos sintamos decepcionados ante la abundancia de remakes, reboots y reediciones diversas que buscan traer de vuelta, y no siempre en las mejores condiciones, obras con las que tenemos un fuerte vínculo emocional. El frenético calendario de estrenos y lanzamientos que tienen que enfrentar las productoras y distribuidoras de videojuegos, música y televisión encuentra en la reutilización de contenido una especie de comodín que permite ahorrar costes de pre-desarrollo y marketing, captando de entrada el interés de una audiencia que ya es capaz de reconocer la marca. Pero aunque los remakes han existido desde siempre, últimamente los diferentes anuncios son acogidos con un pronunciado fatalismo que pasa por encima de todas sus bondades inherentes. Teniendo en cuenta que los remakes y los reboots funcionan como una especie de modernización que permiten atraer a una audiencia para la que el producto original ha quedado desfasado, es inaccesible o tiene pocos atractivos, parece difícil ponerle alguna pega previa a un regreso que no altera de ninguna forma el producto original.

Desde el punto de vista del analista cultural, la desidia relacionada con este tipo de propuestas viene, no tanto por la reutilización de premisas, sino por el reciclaje de ideas que conlleva y que nos obliga a obviar en muchas ocasiones el nuevo contexto de lanzamiento para centrarnos de manera casi exclusiva en los cambios de forma. Por ir a un ejemplo bastante ilustrativo, aunque fuera de la industria del videojuego, podemos ver como el tráiler del inminente regreso de West Side Story aprovecha el atractivo de caras jóvenes, mucho más reconocibles para la audiencia contemporánea, mientras que mantiene inalterables la música, los diálogos y la premisa principal. En el momento de su estreno original en 1962, West Side Story fue un musical rompedor que abordaba la inmigración y la xenofobia mediante la historia de dos grupos, descendientes de irlandeses y puertorriqueños recién llegados a Nueva York, que enfrentaban diferentes tipos de prejuicios como parte de un proceso de «otredad». La cinta condenaba el enfrentamiento entre las dos minorías, señalando a través de la tragedia que el camino a seguir pasaba necesariamente por el amor y el entendimiento. Y dado que próxima versión, dirigida por Steven Spielberg, no parece tener intención de actualizar este comentario, el análisis de la cinta quedará a expensas de la técnica o recaerá, de forma ineludible, el las conexiones con la primera película y el momento social que la puso en marcha.

Desde su anuncio y el lanzamiento de los primeros avances, Pokémon Perla Reluciente y Diamante Brillante se mostraban como una actualización que, al estilo del remake de West Side Story, no tenía más ambición que la de modernizar un juego icónico a través de la reformulación de su apartado visual y el salto a una nueva plataforma que lo llevara a toda esa generación que no pudo disfrutar del juego 15 años atrás. Por eso mismo, al abordar un título de este estilo siempre es tentador recurrir a la socorrida nostalgia para usarla como marco contextual en lo que no puede ser otra cosa que una enumeración de las virtudes y los defectos que encontramos al mirar el juego con los ojos de un jugador más experimentado y alejado de sentimentalismos. Y aunque siempre encuentro poco estimulante este tipo de análisis, sí que me ha sorprendido en esta ocasión darme cuenta del hecho de que la saga Pokémon no (solo) se está quedando anticuada a causa de su inmovilismo, sino a causa de ser una franquicia cuyos pilares fundacionales son casi imposibles de adaptar a estos tiempos. Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente no solo muestran la falta de inspiración dentro de The Pokémon Company sino lo mucho que hemos crecido, avanzado y profundizado dentro de la industria del videojuego en general.

La idea central en cualquier juego en la serie principal de Pokémon se revuelve alrededor del deseo de un niño de convertirse en Entrenador, una especie de luchador profesional, que captura, mejora y desarrolla estrategias para aprovechar las habilidades de los pokémon con el objetivo de derrotar a sus rivales. La estructura del título, como la de tantos RPGs y aventuras al estilo coming of age, utiliza el viaje como metáfora del crecimiento tanto personal del protagonista, como de su faceta de luchador competitivo. No obstante, entrando en Pokémon con ojos actuales es imposible pasar por alto la enorme disonancia entre los deseos expresados verbalmente por los protagonistas y las acciones que llevamos a cabo como jugadores. Mientras que los diferentes profesores que nos sirven de mentores nos recuerdan que el ser humano y los pokémon viven, colaboran y disfrutan en libertad y armonía, el núcleo jugable del título —incluida la compleción de la Pokedex—, necesita que capturemos y encerremos a los diferentes monstruos, sacándolos de su hábitat y estado natural, para que así obedezcan todas nuestras órdenes. La mayoría de juegos de la franquicia tienen además distintas formas de aumentar nuestra «amistad» con el equipo que nos invitan a pasar tiempo con ellos, a mimarlos y a acariciarlos, obviando nuestra intención de hacerlos combatir hasta desfallecer. 

Es dificil encontrar en los últimos años un juego más retorcido en este sentido que los de la saga Pokémon. No obstante, también es imposible no relacionar su violencia casual e infantil con el de otras propuestas, como la de Fortnite, que disfrazan con bailes y colores lo que es un brutal ejercicio de competición y supervivencia. Puede ser que el problema principal que enfrenta la saga Pokémon de cara al futuro no sea tanto la manera de lidiar con sus contradicciones —que pasamos por alto simplemente porque estamos condicionados para hacerlo— sino la imposibilidad de mantenerlas controladas mientras se abre a los requerimientos de los juegos de aventuras actuales. El mundo que recorremos en Pokémon Perla Reluciente y el resto títulos de la franquicia es estático y vulgarl; lleno de caminos con NPCs idénticos que nos repiten una y otra vez la misma frase y que siempre tienen un nivel algo más bajo que el de nuestro estado actual. Mientras que incluso los juegos más pequeños hacen uso de la IA y el diseño narrativo para intentar crear una experiencia más inmersiva y «realista» (es imposible aquí no mencionar a Hades en cuanto a las múltiples líneas de diálogos disponibles para sus personajes), y los diseñadores no dejan de explorar las posibilidades de la creación de mundos abiertos y la narrativa ambiental, en Pokémon siguen repitiendo sus impersonales diseños de interiores y sus pueblos separados por «pasillos» en los que subimos de nivel, bajo la excusa de ser un título para niños que debe (en este caso) mantenerse más fiel que nunca a la propuesta original.

Jugando a Pokémon Perla Reluciente he llegado a la conclusión de que, lejos de ser la «fórmula infalible» que consideraba, Pokémon es una franquicia que no podría triunfar en este estado a día de hoy. Los videojuegos han cambiado, y los requerimientos y las sensibilidades de los jugadores se han refinado en consecuencia durante los últimos años. Ante la salida de este remake me pregunto por las intenciones de Nintendo, y si el público objetivo de este lanzamiento son aquellos que no pudieron disfrutar del original o esa audiencia que ya lo hizo y que necesita conectar de alguna manera con los buenos recuerdos de su infancia. Mi opinión particular es que en este momento y estado Pokémon está seriamente desfasado y tiene una serie de problemas para llegar al público actual que van más allá de los que puede solucionar un remake. Que la saga ha dejado de ser un RPG de introducción para niños y se ha convertido en un token para adultos que quieren disfrutar con algo conocido y familiar. ¿Tiene eso algo de malo? Desde luego que no, pero me cuesta afrontar con seriedad el análisis dentro de una franquicia que carece de todo tipo de ambición. Buscar ideas y mensajes en un proyecto que parece que solo quiere fichar y cumplir con lo mínimo. Tomarme seriamente un remake que parece tomarse a sí mismo a broma.

Redactora
  1. fnxvandal

    Muy buena reflexión Marta.

    Añadir que… la pela es la pela y Nintendo, Gamefreak y Pokemon Company lo saben, es lo de siempre, mientras haya mercado, seguirán explotando la misma idea a pesar de ser todes conocedores de sus grandes defectos para los tiempos que corren.

  2. METALMAN

    Yo diría que siguen con su ley del mínimo esfuerzo (creo que les valía con hacer lo mismo algo más atractivo en lo visual) pero que esta vez les ha salido mal, porque el producto final está por debajo de esos mínimos (como bien apunta Marta, porque esos mínimos hoy en día ya nos son los de hace un par de años siquiera).

    El mayor riesgo de «no querer correr riesgos» es precisamente este: que tu visión del conformismo esté por debajo del mínimo para que se de ese conformismo por válido. Ni la nostalgia es suficiente si detrás no existe un respeto al 100% o una evolución lógica y bien aplicada dando un 110%. Es triste, pero Nintendo ha fallado incluso al reproducir la fórmula más manida de su repertorio… para que seamos conscientes de hasta el punto en el que empiezan a confiar en que nos pueden vender cualquier cosa.

    Una pena, porque esto tendría que haber sido una celebración a mayores de algo mítico. En fin.

  3. Deses

    A Pokémon le cuesta horrores no retroceder, pedirle que avance y evolucione es irrisorio.
    Estuvieron cerca de mejorar en algunas de esas contradicciones con Sol y Luna, pero no era suficiente. Y como luego volvieron para atrás, ese avance quedó deshecho y olvidado.

  4. NycteriX

    Comentaba hace un tiempo por aquí que, con un par de salvedades, rara es la IP con la que Nintendo no se ha acomodado y le ha valido cumplir con el mínimo en estos últimos años. No dejan de tomar decisiones perezosas y si hay algún ejemplo capital en ese respecto durante el último lustro es Pokémon.

    Y este remake es la culminación a una pereza que roza la desfachatez y la tomadura de pelo al usuario. No ya es que sea el primer caso en el que se habla de un remake propiamente dicho y no de una reimaginación mejorada (los anteriores siempre añadían mecánicas y mejoras de juegos posteriores) si no que, en lo meramente artístico parece un juego de smartphone de medio pelo, quedando notablemente por detrás que juegos previos de la saga como Espada/Escudo y, sobre todo, el Let’s Go Pikachu. Y, por si fuera poco, ni siquiera se han dignado a tomar como base la tercera entrega de dicha generación, también siempre con mejoras añadidas. Nada, los juegos base con los gráficos de Pin y Pon y vamos que chutamos. Todo ello para estrenar el primer juego de la saga principal desarrollado fuera de GameFreak. No sé si lo han hecho a propósito pero cuando muchos llevábamos años quejándonos del inmovilismo y la mediocridad de GF, llegan los amigos de ILCA y se cascan esto… Que, por cierto, es el juego de Pokémon con más bugs de la historia. Al menos antes salían pulidos, ahora ni eso.

    En lo que no estoy de acuerdo, mal que me pese, es que una franquicia como esta no pueda funcionar hoy en día. Creo que es difícil discutir que la saga ha ido hacia atrás, en cuanto a profundidad y contenido, desde Blanco y Negro 2. ¿El resultado? Ventas cada vez más meteóricas. Los números de Espada y Escudo, dos juegos que dependen de sus múltiples DLC para ser entregas mínimamente dignas, son de auténtica locura. Y todos nos reímos y avergonzamos cuando este esperpento se anunció hace unos meses pero ahí está, días y días entre lo más jugado y visto de Twitch y, a buen seguro, vendiendo a paladas. Nos quejamos de que son lineales, repetitivos, fáciles y sin ideas pero, a la hora de la verdad, premiamos la ley del mínimo esfuerzo con nuestro dinero. Yo mismo he sido de los del «venga, que seguro que no está tan mal» arrastrado por la nostalgia de haber crecido con la saga pero tras la broma de Espada y Escudo a mí no me ven el pelo en un buen tiempo.

    Sobre la conclusión, tan sencillo como colgarle un suspenso a este texto. No digo que este sea el caso pero parece que para rajar de Nintendo y sus juegos se tenga que acudir a redes sociales o textos satélite y cueste mucho atizar y destapar las vergüenzas en análisis con nota.

  5. Orlando Furioso

    Este juego no tiene un público definido. A los que les gustó el original, no tienen alicientes; a los que no jugaron, como yo, tampoco (vaya diseño…); a los que no conocen nada de esto, menos; se dirá que a los nostálgicos, pero no a todos, porque esto sale en unas condiciones que solo con un recuerdo muy distorsionado o haciendo abstracción de lo que ofrece el mercado ahora mismo, podría llamar su atención. Luego va a vender una barbaridad, como casi siempre, y habrá que pensar en que la ausencia de público es básicamente cualquier público.

    Como llevo diciendo desde hace tiempo: GF es el problema.

    Editado por última vez 24 noviembre 2021 | 17:26
  6. LordSyme

    El último párrafo es para enmarcar. Un texto fantástico.

  7. IriquoisPliskin

    Excelente razonamiento, solo una acotación, el problema no es que sea un remake sino que no varió ni un poco el contenido del original, más allá del remozado gráfico y probablemente algunos aspectos de calidad de vida; cuando lo suyo sería, mejorar la calidad del contenido.

    1. Deses

      @pliskin04
      Bueno, algún cambio a habido. Por ejemplo, han quitado las bases secretas y ahora la calculadora no funciona.