Como en casa

Diez días con Steam Machine

El nuevo hardware de Valve es una opción fantástica para los usuarios habituales de Steam; una consola PeCificada ideal si no fuera por su elevadísimo precio.

por Juan Salas | 7 agosto 2026 | 14:00

Siempre he mirado con interés y una pizca de devoción a quienes se mueven como pez en el agua en el amplísimo océano del PC. Quizá se deba a toda una vida ligada a las consolas, imagino que sobre todo tendrá que ver con haber tenido acceso solo a dispositivos muy limitados y desfasados, pero lo que tengo muy claro es que hasta que lo profesional no lo demandó no me lancé a las por aquel entonces desconocidas aguas de Steam. Mucho ha cambiado en estos tres años, centenares de juegos descansan ahora en mi biblioteca digital y, salvo cuando se trata de juegos exigentes en lo técnico —muchos de ellos indies, hace poco el Ambroise Niflette y la Campana Cosechada provocó que mi portátil optara por echarse a dormir—, acceder a los juegos a través de la plataforma de Valve me resulta la mar de cómodo.

Es un ecosistema que ahora siento como propio, un entorno en el que me muevo a diario ya sea para buscar información o para aumentar el inacabable backlog, pero hace tiempo que se siente casa. Imagino que por eso, por la comodidad que encuentro en Steam, pero también por la cantidad de juegos que ya poseo y por mi inmediata transformación en un zote negado y tecnófobo cuando me topo con sintagmas como «un ordenador a piezas», «tarjeta gráfica» o «actualizar los drivers», se me hizo la boca agua ante la idea de la Steam Machine. ¿Un ordenador que a efectos prácticos me va a permitir jugar a lo que tengo en el portátil pero directamente en el televisor, sin problemas en la imagen, sin arriesgar mi herramienta de trabajo y con las mismas sensaciones —la tranquilidad es lo que más se busca— y facilidades que una consola? ¿Dónde tengo que firmar?

Al final no estuvo disponible a principios de año y, al igual que sucede en el mercado de consolas, su precio ha acabado siendo mucho más elevado de lo que esperábamos. Por suerte no había firmado nada, porque si bien es cierto que un aparato como la Steam Machine tiene todo para convertirse en mi cacharro ideal para los próximos años, todo este cuento de la lechera videolúdico se desmorona cuando el modelo más barato eleva la factura a 1.039€, 1.428€ para quien opte por la opción (aún) más cara; el precio oscila en función del almacenamiento y de la inclusión o no del Steam Controller. Ante esta información el cántaro se me escurrió de las manos y se rompió en tantos pedazos que no hubo kintsugi que lo reparara.

Pero ha querido la fortuna que caiga en mis manos una Steam Machine, y ahora, después de haberla usado durante unos diez días, vengo a contar cómo es la experiencia de tener esta máquina en las manos desde el punto de vista de un usuario que dedica muchas horas a jugar en Steam, pero que está en el extremo opuesto a los compañeros de Digital Foundry en lo que a conocimiento arcano sobre hardware.

«Tus juegos en la gran pantalla*»

Al abrir la caja de cartón de la Steam Machine nos encontramos un cubo que, para quien quiera hacerse una idea de su tamaño, bien podría ser una Xbox Series X cortada por la mitad; igual es mi niño interior y su fascinación por la GameCube, pero me resulta una forma agradable. La instalación de este aparato es tan sencilla como montar un mueble de Ikea: la caja incluye el cable HDMI y el de alimentación, los puertos de la Steam Machine dejan claro que podemos enchufarle el torrente de Internet que aporta un cable ethernet y en la parte frontal encontramos dos puertos USB ideales para conectar teclado y ratón. Durante los primeros compases se nos indica que también podemos añadir una tarjeta SD por si queremos disponer de mayor capacidad de almacenamiento, cuya ranura también está en la parte frontal, bajo la pieza intercambiable que hace las veces de cara de la consola.

Quizá no sea lo más correcto hablar de consola, pero independientemente de si utilizamos teclado y ratón o un mando para movernos por ella la sensación que provoca es más parecida a la que tuve al instalar la Xbox Series X que a la que viví al estrenar el portátil en el que hasta ahora utilizaba Steam. En cuestión de minutos, la Steam Machine está lista para su uso, una vez hayamos elegido el idioma, ajustado el tamaño de la pantalla y seleccionado nuestra cuenta en la plataforma de Valve. Superados estos trámites y una rápida actualización, la máquina cumple con el eslogan de su caja: nuestros juegos están ya ahí, en la gran pantalla.

La pantalla inicial de la Steam Machine por defecto muestra aquellos juegos a los que hemos accedido recientemente, con unas tarjetas bien claras en formato vertical y una horizontal con más protagonismo para el último juego que hayamos abierto. A esa primera fila de la pantalla se suma una segunda donde aparecen las últimas noticias relacionadas con los juegos que tenemos en la biblioteca, de una forma más clara y, al menos para mí, llamativa que como lo hace en la versión de escritorio de Steam. Es una fila en la que también podemos ver con un simple gesto la actividad reciente de nuestros amigos, por ejemplo.

Resulta sencillo e intuitivo navegar por la consola. Desde la pantalla de inicio, lo más natural es pasar a la biblioteca donde veremos todos los juegos asociados a nuestra cuenta. Existen distintas opciones para ordenarlos, desde la fecha en la que se añadieron a nuestra biblioteca hasta los que más horas hemos jugado, pero también por sus reviews o por orden alfabético. Sobre todo el catálogo descansan varias categorías que, en mi caso, no aportan mucho, pero están lejos de sobrar: además de ver la «biblioteca completa» podemos acceder a una pestaña dedicada a los juegos que se consideran idóneos para la Steam Machine.

Por ahora no me he encontrado con ningún problema relacionado con la compatibilidad de un juego con esta plataforma, solo con avisos de aquellos títulos que todavía no contaban con el check de Valve; ninguno de ellos ha fallado y el único aviso que se ha cumplido es que al utilizar un Dualshock 4 —tengo mandos mejores, pero le tengo cariño y es la forma más clara de comparar la experiencia, ya que es el que usaba con el portátil— los botones reflejados en pantalla podían no coincidir con los del mando. Esto es algo que ya ocurría al jugar en Steam en mi ordenador, por lo que la traducción instantánea de que X es cuadrado y A es X ya sucede sin pararme a pensar.

El ecosistema Steam

Los entendidos en deporte suelen hablar de los intangibles cuando quieren poner en valor ciertas figuras que a veces son infravaloradas por el mero hecho de que sus contribuciones no se ven reflejadas en lo que muestra la estadística. Esos intangibles, ese je ne sais quoi, es lo que me viene a la mente cuando intento explicar por qué me resulta mucho más entretenido, cómodo y placentero jugar con la Steam Machine en vez de en el ordenador. Juego en la misma silla, en la misma habitación, incluso podría jugar en la misma pantalla… pero no es lo mismo.

Dejando la mística al margen, aunque no pienso renunciar a los intangibles que elevan la experiencia al acercarnos a ciertas obras culturales, la respuesta sí de puede apoyar en ciertos hechos. Las limitaciones del ordenador en el que jugaba antes hacían que algunos títulos —Godot de un tiempo a esta parte me ha dado muchas alegrías, pero los AAA y todo aquello que apunta al hiperrealismo suelen ser sinónimo de echarse a temblar—  no pudieran ejecutarse y que muchos de ellos exigieran que el dispositivo pusiera su sala de ventilación a trabajar a máxima potencia, generando tanto ruido que ni con auriculares se podía mitigar. La pantalla también influye, ya que por alguna razón —lo de mi condición de zote tecnológico ya lo avisé hace unos párrafos— al conectar el ordenador al televisor el color nunca terminaba de ser fiel al original.

Todo esto se disipó de un soplido al arrancar la Steam Machine. Todos los juegos que he podido probar, tanto nuevos como los viejos conocidos, se ven bien, funcionan bien, no aportan preocupación alguna. La máquina no hace ruido alguno y casi ni se calienta, algo que en pleno agosto se antoja esencial para la supervivencia tanto de la tecnología como de quien hace uso de ella. Este es uno de los motivos que ha provocado que en estos diez días haya pasado mucho más tiempo en Steam fuera del horario laboral de lo que hubiera hecho sin este dispositivo. Apetece jugar con la Steam Machine, a lo que sea, porque solo encuentras facilidades; es el auténtico plug & play —enchufar y jugar—  que tanto añoramos los consoleros que acabamos recalando en Steam.

Antes de concluir quisiera comentar un par de cosas más que me parecen relevantes sobre las sensaciones utilizando la Steam Machine durante estos primeros días. Para quien no haya usado nunca la plataforma de Valve va a resultar igual de legible e intuitivo que hacerlo en la versión de escritorio, incluso la movilidad por sus páginas es similar al poder utilizar teclado y ratón. Quien tenga ya dilatada experiencia en Steam verá que tiene todo a su alcance, también la tienda si quiere ampliar su colección. En mi caso, por comodidad en el pago, continúo comprando los juegos en el ordenador —el método de pago está ya más que controlado— y en cuanto añades uno a tu biblioteca aparece en la Steam Machine; luego solo hay que instalarlo, un proceso que es increíblemente rápido, juraría que más que en ordenador. 

Además de todo lo que ofrece Steam, este dispositivo no deja de ser un ordenador y como tal dispone de un escritorio al que acceder en cuestión de segundos. Desde el menú de la Steam Machine podemos elegir apagar la consola, cambiar de cuenta o, lo que nos interesa ahora mismo, acceder al escritorio. Allí encontraremos sin pérdida alguna la posibilidad de descargar Firefox y en muy poco tiempo podremos navegar en la Steam Machine igual que lo hacemos en un PC. Sin ir más lejos este texto es el primero que he escrito utilizando la Steam Machine como plataforma en vez de mi portátil y, aunque es algo que nadie más que yo notará, os aseguro que las sensaciones son distintas. Los intangibles.

¿El mejor uso de una Steam Machine? Abrimos debate.

Estas primeras impresiones sobre la Steam Machine son, a todas luces, extremadamente personales; quien disponga de un ordenador digno de la NASA no habrá tenido las limitaciones y contratiempos que me hacen pensar en darle un besito por las noches a este cacharro por todos los problemas que me evita. De todas formas jugar a videojuegos también es una experiencia subjetiva, más o menos racional según el momento. Es por eso que esta semana, al ver la noticia de que Monsters are Coming! se incorporaba al catálogo de Game Pass —hoy mismo, de hecho—, fui directo a Steam a comprar el juego. A igualdad de condiciones en lo jugable, porque a Game Pass juego a través de la Xbox Series X, prefiero hacerlo en la Steam Machine aunque implique pasar por caja. Una decisión que se apoya en la comodidad que encuentro en esta nueva plataforma, en los juegos a los que tengo acceso en ella —quienes tengan una biblioteca bien nutrida tienen más elementos para hacerse con una, al igual que ocurrió con la Steam Deck; otra cosa es el precio a pagar, claro—, al espacio mínimo que ocupa el aparato en mi escritorio y, por qué no decirlo, a no tener que ponerme una pinza en la nariz como cuando toca hablar de ciertas empresas que ya sabemos qué tipo de campañas apoyan

Graduado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la universidad de lo de Cifuentes, Juan es una de las voces de NAT Moderada y ha colaborado en medios como BreakFast, Desayuno Continental y Cocinando Fandoms. Observador nato, le encantan los gatos y si algún día ves que te mira intensamente es porque quiere grabar un podcast contigo.