El primer juego de Neil Gaiman
Análisis de Wayward Manor
Wayward Manor es un juego en el que el fracaso del jugador no importa, pero tampoco su éxito.
Wayward Manor es un juego en el que el fracaso del jugador no importa, pero tampoco su éxito.
La aventura de Telltale se cierra dejándonos con la cabeza dando vueltas, intentando encajar en la cabeza todas las piezas del puzle que nos han mostrado.
En la página del juego en Steam se puede leer: «Nota: Este no es un típico juego basado en mecánicas, es una historia corta e interactiva con elementos jugables».
Sus promesas no se cumplen, no tanto porque nos mienta deliberadamente como por falta de confianza en sus propias ideas; simplemente no sabe qué camino tomar.
El primer paso de EA en la simulación de lucha en la nueva generación sabe lanzar sus golpes, pero no llega a ser tan brillante como su currículum nos hacía esperar.
Un simulador de conducción off-road solo puede ser cuadriculado y sobrio hasta extremos soviéticos, y, en eso, el estudio británico Ovee acierta de lleno.
Sigue adoleciendo de errores de bulto, glitches ridículos, incongruencias mecánicas, pero se conoce mejor y es mucho más sagaz que sus predecesores.
Obsesionado con su propia linealidad como historia de fantasmas, Murdered termina amordazando a sus mejores ideas y aguando sus propios puzles hasta rozar la tragedia.
El desenlace se acerca y Bigby ya ha tragado mierda más que suficiente. Un capítulo puente que baraja y reparte las cartas antes del showdown final.
Ubisoft Montreal se atreve con una historia sobre alienación y venganza en un mundo hiperconectado, algo aguada por el qué dirán y las presiones externas.