Hole in the sky, take me to heaven

Análisis de Donut County

Análisis de Donut County

Detrás del humor de Ben Esposito —la versión gamer de Miranda July— hay una carga de verdad que no es habitual. La incomunicación y la muerte se confundían con la comodidad nostálgica del vaporwave y una revisión irónica del bobsleigh como descenso a los infiernos en CRAP! No One Loves Me; con Tattletail, su último juego comercial, se hundió en el lenguaje y la estética streamer para crear algo específicamente pensado para tener una ventanita en la esquina inferior derecha, hasta el punto que incluso la página de Steam parece escrita con esta broma en mente. De manera más prosaica, los juegos de Ben Esposito suelen, además, ser la puta risa. Es en el rigor y la seriedad con que explora las posibilidades de sus ideas disparatadas donde se distingue de otra gente que también trabaja, mucho más aprovechadamente, las estéticas más dankescas y vaporosas del arte internetero donde está esa verdad que mencionaba antes. Te partes el culo con las cosas de Ben Esposito, pero luego te vas a la cama y comes techo pensando en lo que has jugado.

Su nuevo juego comercial, Donut County, es más bien un juguete y nos propone controlar un agujero que arrasa con todo lo que se pone en su camino y que sirve de excusa para contar una historia sobre una ciudad que sucumbe al hambre de basura de una empresa de donuts a domicilio gestionada por mapaches. Ya en 2014 un lector de AnaitGames con muy buen ojo comentaba que Donut County (que justo acababa de recibir su nombre actual; hasta entonces se llamaba Kachina) parecía «un cruce entre Katamari Damacy y el Windosill de Vectorpark». Precisamente son esas las dos influencias que mencionó el propio Esposito en una sesión de preguntas y respuestas reciente, y no hace falta mucho más para hacerse una idea de cómo es el juego, uno de los más únicos y especiales que han salido en todo el año.

Cada nivel de Donut County sirve como excusa para conocer la historia de uno de los habitantes de la ciudad, y es un flashback al momento preciso en que BK, el irresponsable mapache que protagoniza el juego, le engulló con su agujero, teledirigido a través de una app. Son pequeños escenarios en los que el agujero que controlas transforma la paz y la tranquilidad en destrucción y descontrol; las físicas simples y las pequeñas variaciones que Esposito va planteando sobre la fórmula básica del agujero por el que tiene que caer todo (con un cierto orden: primero lo más pequeño, y por último, poco a poco, a medida que caen cosas y el diámetro del agujero se expande, las cosas más grandes, desde casas hasta enormes rocas) dan forma a las situaciones sorprendentes y simpáticas a través de las que conoces la relación de cada personaje con sus objetos, con su basura, antes de caer por el agujero y acabar atrapados en un hoyo a novecientos noventa y nueve metros de profundidad.

Donut County es, así, un pequeño juguete que en poco más de dos horas dibuja una pesimista imagen, por muy bienhumorado que pueda parecer visto desde fuera, sobre las relaciones que establecemos con nuestras comunidades y con los objetos que acumulamos; con un buen golpe de mala baba, algo que tampoco falta en otros trabajos de Esposito, Donut County sigue el ejemplo de Katamari y convierte en una actividad placentera la misma acumulación y pérdida de perspectiva que en última instancia critica. BK, el repelente mapache que una y otra vez niega la mayor cuando su amiga Mira y el resto de habitantes de Donut County le culpan de haber destruido la ciudad con sus agujeros, defiende su atracción instintiva por la basura asegurando que «aquí a todo el mundo le encanta la basura»: «Si no, ¿por qué generáis tanta?», pregunta.

Las maniobras retóricas de BK, que desvía la atención de sus actos sin parar para librarse de las culpas e incluso para darle la vuelta a la tortilla y quedar como el bueno o incluso la víctima (definitivamente da la sensación de que Esposito ha examinado la manera en que se relaciona la gente en internet para escribir a este irritante mapache), son terribles y frustrantes pero acaban llevando a un callejón sin salida interesante: por feliz que sea el final, BK ya ha inoculado en ti —a través de sus quiebros dialécticos y a través de la Trashopedia, un vademécum de la basura que acumulan los habitantes de Donut County en la que cada descripción es una coña tremendamente bien traída sobre cómo el mapache ve los objetos con los que convivimos a diario y a los que tanto significado damos— el veneno, y es inevitable no sentir algo parecido a la tristeza cuando piensas en que, efectivamente, alguna especie de atracción morbosa debe de movernos, como mueve a los vecinos de Donut County, a acumular todas esas cosas que con tanta pasión querían mangar los mapaches, que uno pensaría que son la criatura que más aprecia la basura hasta que ve con perspectiva nuestra propia situación y nuestra propia relación con ella. Si no, ¿por qué generamos tanta?

Todo esto se puede ver o no en un juguetito que sabe que no puede escapar él mismo a cierta irrelevancia al confundirse con la no poca basura que le rodea; hay más chicha, en fin, en Donut County de lo que la ligereza y chill infinito que transmite el trabajo de Ben Esposito parece dar a entender. Entre el nihilismo y la conciencia, Donut County juguetea con la subversión poniéndonos en el papel del malo: el que consume sin razón ni orden, por el mero placer irresponsable de consumir, aunque consuma por el camino a los demás y consuma el mundo entero, condenando a sus vecinos a un hoyo del que parece imposible salir. Esa es la carga de verdad que lleva a sus espaldas este juego, divertido y relajado pero también poderoso e inolvidable, amigable y firme, inteligente y disparatado hasta lo imposible (en cierto momento, pequeño detalle, suena una alarma y estoy convencido de que es un sample de Bebé Mario llorando sacado de Yoshi’s Island; quiero vivir creyendo que es así). Ya sabéis lo que se suele decir: un gran agujero conlleva una gran responsabilidad. [8]

  1. Xtreeeemo (Baneado)

    Cuanto mas veo esto juego mas me apetece un Katamari bien hecho y bien inspirado no como las últimas entregas.
    No se si el juego en sí transmitirá las mismas sensaciones pero al verlo es lo que consigue en mi.

  2. IndiAlien

    A 5 eurillos que está en ios va a quedar más pronto que tarde para darle en la tablet.

  3. jeffmills

    ¿Como crees que se adapta el control del juego a una tablet?

  4. jeffmills

    Vale, me acabas de responder en el podcast, para ya que nos vamos!

  5. Bienter

    @chiconuclear se te ha olvidado contar el origen del juego, un poco de crédito al gran Peter Molydeux y tal… 8)

    https://twitter.com/PeterMolydeux/status/154802887241908224

  6. Rompepistas

    Este juego pepino en Switch

  7. videogames sux

    Leo muchos 9 y veo muchos 8 ó 7, haré un escándalo right meow. Al que diga que es corto como punto negativo es pa encerrarlo y lanzar las llaves al mar. Va sobre subir UN NIVEL y, jolines, cuando te das cuenta te ríes y relajas aún más, que ya es decir. Sí, HACE REÍR Y RELAJA un montón, las dos junticas de la mano. EN FIN, agentes de la felicidad, soldados de sonrisas, espero sepan ver el divino montaje que hay aquí y lo disfruten a tope.

    Have a garbage day! 🌹

  8. orwellKILL

    tengo que jugarlo!

    añadir otro que acabaré convirtiendo en basura, y estaré atento a ver si el juego es consciente de esto mismo.

  9. DrTenma

    No es por hacer la broma pero estaba convencido de que esto también salía en Switch. Me llama mucho la premisa y que sea un juego cortito y directo, es el típico que caerá un día.