The first of us

I Was a Teenage Exocolonist

La mezcla de simulador de vida y juego de rol de Northway Games nos lleva al primer asentamiento humano en el espacio a través una historia llena de matices sociales y políticos.

Antes de probar el juego tuvimos oportunidad de hablar con la escritora Lindsay Ishihiro. Una transcripción de la entrevista puede encontrarse en este enlace.

En cierto momento concreto, durante las primeras horas de juego de I Was a Teenage Exocolonist, nos damos cuenta de que el planeta en el que hemos instalado la primera colonia espacial de la historia de la humanidad ha empezado a rechazarnos. Cada año, una serie de terribles y monstruosos animales atacan sin tregua el asentamiento mermando nuestros, ya de por sí, escasos recursos. A través de sus personajes, el juego aquí apunta a tres vías para racionalizar (que no solucionar) este peligroso problema. Cal, uno de nuestros amigos, sugiere que debemos incrementar nuestros esfuerzos para entender el entorno que nos rodea y así protegernos mientras cuidamos el planeta. Dys, un chico huraño e independiente, se muestra totalmente convencido de que lo mejor es «desaparecer» y dejar de alterar un entorno que no nos pertenece, ni está preparado para nuestra llegada. Los más ruidosos, sin embargo, son los del grupo que quiere luchar. Aquellos que creen en la superioridad de la raza humana y piensan que el derecho a la tierra es algo que puede ganarse con el poder de las armas.

Es fácil acercarse a la ciencia ficción buscando respuestas para un futuro incierto pasando por alto los enormes esfuerzos del género por ayudarnos a entender los errores del pasado. Dentro de la ciencia ficción espacial, la colonización de otros planetas se ha mostrado tradicionalmente de formas muy diferentes dependiendo de si el territorio se encuentra o no previamente ocupado. Mientras que la conquista de planetas habitados (casi) siempre se representa bajo un prisma negativo, basado en los discursos contemporáneos alrededor de la guerra y el colonialismo, la llegada de seres humanos a planetas en donde la evolución no ha generado seres similares a nosotros se refugia bajo un prisma de falsa neutralidad pensado para que nunca lleguemos a plantearnos que ese planeta, con sus flores, sus insectos y sus grandes animales, no está tan vacío como podemos esperar. Las historias que lidian con la llegada de seres humanos a un planeta en el que no hay humanoides se han encuadrado en los márgenes de la lucha por la supervivencia o en los de la dominación científica del entorno. Sin embargo, y quizás gracias al nuevo auge de la ecofantasía, cada vez más historias enfrentan la idea de que poner un pie en un territorio no lo hace automáticamente nuestro. Entre ellas se encuentra I Was a Teenage Exocolonist, un juego cargado de ideas que nos invita a reflexionar siempre alrededor de valiosos matices.

El personaje principal del título de Northway Games pertenece a la primera generación de niños nacidos en el espacio. Tras pasar sus 10 primeros años a bordo de una nave, tendrá ocasión de vivir las primeras etapas de una colonia que debe plantearse cómo dirigirse para evitar los errores del pasado. Junto con nuestra relación con la naturaleza, el gran tema de I Was a Teenage Exocolonist es la importancia de reflexionar sobre nuestro legado, aprendiendo, interiorizando y comprendiendo los errores de nuestros padres. Aquí también el juego huye de binarismos y respuestas sencillas para plantear todo un abanico de preguntas que solo puede contestar el jugador. Un ejemplo de esto lo encontramos en la clase de ciencias sociales cuando aprendemos la historia de nuestros antepasados, personas que decidieron conscientemente poner en práctica un sistema de asimilación por el cual mezclaron sus culturas para crear nuevas tradiciones mayoritarias y no estigmatizadas. Tras darnos esta información, el título nos pregunta qué es lo que estamos pensando. Y aunque nuestra respuesta no afecta directamente a la narrativa, sí influye mucho en nuestras actitud al jugar. En la forma en la que nos replanteamos nuestras relaciones y palabras.

I Was a Teenage Excolonist es un juego de rol que nos permite vivir varios ciclos de 10 años dentro de la vida del personaje principal, acompañándolo desde la infancia hasta la juventud. Además de hablar con los diferentes personajes y explorar pequeños mapas, cada mes tendremos que elegir una actividad a la que dedicar nuestro tiempo, siempre manteniendo un ojo en nuestros cansancio y estado de ánimo. Estas actividades nos ayudarán a «crecer» haciendo que mejoremos habilidades necesarias para avanzar en la historia, como la capacidad de organización, la valentía o la empatía, y aumentemos conocimientos claves para la supervivencia como los relacionados con la biología o la ingeniería. Las actividades que seleccionamos también afectarán a nuestra afinidad con ciertos personajes que, y esto es algo especialmente estimulante, no siempre tendrán la misma forma de ver el mundo que nosotros, por lo que es posible que algunos amigos terminen por convertirse en rivales políticos. El funcionamiento de la propuesta de Northway Games es, sobre el papel, muy similar a la Citizen Sleeper con dos diferencias fundamentales: en I Was a Teenage Exocolonist todas las actividades a las que decidimos dedicar tiempo vienen acompañadas de un pequeño diálogo y un minijuego de cartas que les otorga cierta entidad y peso dentro de la narrativa y, además, la colonia en la que residimos desarrolla sus políticas propias, ajenas a nuestras acciones, en un giro que resulta mucho más estimulante e inmersivo. 

No obstante, y a pesar de que las ideas políticas componen una parte muy importante de la experiencia, el juego también nos permite explorar las relaciones con los demás y reflexionar en todo momento sobre nosotros mismos. Aquí, en un sobresaliente ejercicio de coherencia narrativa, encontramos pequeños instantes en los que los niños nacidos en el espacio se detienen a considerar las decisiones de sus padres en términos muy variados y exclusivamente relacionados con su forma de ver el mundo. Así, si por ejemplo queremos desarrollar una relación con Cal, que ha sido felizmente criado por una familia poliamorosa, nos encontraremos con que él ha tomado la decisión de vivir en la monogamia. Como la colonia no cuenta con una religión mayoritaria, ni tradiciones alrededor de la organización familiar, resulta estimulante escuchar sus motivaciones y cómo se enlazan (o no) con la naturaleza de nuestro personaje. I Was a Teenage Exocolonist inventa un marco ético por el cual las habilidades y los rasgos de personalidad de nuestro personaje pueden dar lugar a sorpresas, alejándose de muchos de los esquemas habituales.

Uno de los rasgos de personalidad más sorprendentes en el juego lo encontramos en la barra que marca nuestra relación con la colonia y que nos sitúa en un punto del espectro entre el rebelde y el conformista. Lejos de acercarse a cada uno de los extremos de una forma categórica —poniendo la rebeldía solo como algo cool y heroico y el conformismo como una cualidad de gente obediente— el título relaciona cada uno de ellos con acciones tanto positivas como negativas, por ejemplo, la rebeldía aumenta con ciertos comportamientos antisociales (desde contestar a tus padres hasta no participar en las fiestas de la colonia) y el conformismo con la amabilidad y la búsqueda de la armonía. Como las diferentes categorías se piensan desde la situación de los personajes y no desde la del jugador, suscribirse a afirmaciones como «el capitalismo no es un buen sistema para la colonia» nos hará más conformistas, ya que está relacionado con la huida de nuestros padres de la Tierra.

Además de las mecánicas relacionadas con la gestión de tiempo y la selección de diálogos, I Was a Teenage Exocolonist incorpora un juego de cartas que funciona tanto para representar acciones simples —nuestro esfuerzo en una clase o nuestra actuación en un partido de pelota— como escenas mucho más complejas de discusión o combate. En estos minijuegos se nos pedirá organizar las cartas de nuestra mano, que representan conocimientos y recuerdos, con el objetivo de superar una puntuación determinada. Aquí no solo importan los puntos de cada carta sino también su posición tanto en el propio tablero como en relación a las cartas que le rodean. Y aunque a dificultad «normal» el juego es relativamente sencillo, podemos aumentar o disminuir el reto según queramos avanzar más rápidamente en la historia o detenernos aún más en estos momentos más gameys. Personalmente, creo que los retos de cartas encajan mejor en algunas situaciones que en otras. Cuando acompañan la exploración, hay momentos en los que llegan a perder su significado simbólico y, sin embargo, en las partes del colegio consiguen reflejar perfectamente el proceso de trabajo del personaje.

La última capa de I Was a Teeneage Exocolonist la compone la rejugabilidad. Ya desde la primera escena en la primera partida se nos indica que nuestro personaje sufre de un tipo de «sueños proféticos» que sirven posteriormente para acomodar, en las subsiguientes vueltas, el conocimiento del propio jugador y sus actuaciones consecuentes. El post game del título de Nortway Games es especialmente interesante en sus formas pero algo tedioso en su avance. Lo que en la primera partida era un agradable bucle anual, aquí, con diferentes sorpresas y opciones, puede llegar a hacerse pesado.

I Was a Teenage Exocolonist recoge el testigo de las grandes historias de ciencia ficción para hacer que nos cuestionemos nuestro entorno y nuestro papel en la degradación de la Tierra. Inspirado por las formas de la ciencia ficción clásica, resulta modernos y fresco en el planteamiento de sus ideas, sin llegar en ningún punto a ser aleccionador. En el juego de Northway Games la conquista del espacio no es solo una cuestión de fuerza. La vida entre las estrellas requiere lo mejor de nuestra humanidad.

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Redactora
  1. carlosgargra

    Muy buen análisis, Marta. Pinta muy interesante, gracias.

  2. Wild Crab

    Gracias por este genial análisis Marta. Personalmente este final de agosto estoy jugando a mi propio Doble A gracias a los compañeros de viaje asma y ansiedad. Estaba buscando cambiar de juego y creo que este me vendrá genial para olvidarme del anterior. Puede que sea una buena medicina, una más que ayude, pero de una forma mucho más estimulante que el resto. Conque creo que me voy a lanzar a por él hoy mismo.

  3. Pablo

    Me esta encantando este juego, gracias por el analisis!