Un análisis de Another Fisherman’s Tale

MAR
y MEMORIA

InnerspaceVR cuenta una historia asombrosamente emocionante y humana, que juega con los puntos de vista y las perspectivas con buen gusto y mucha habilidad.

Another Fisherman’s Tale cuenta la historia de Bob, un descoyuntado marinero obsesionado con la idea de alcanzar de una vez por todas la legendaria Libertalia, paraíso de libertad y bonanza, pero sobre todo cuenta la historia de Nina, su hija, que rememora las historias de su padre desde el sótano de la casa en la que vive con su madre, cada vez más mayor. Desarrollado por InnerspaceVR —el estudio parisino que firmó el primer A Fisherman’s Tale o el interesante Maskmaker, dos juegos de realidad virtual muy aplaudidos—, es un juego de una sencillez de la que apetece enamorarse, y que capítulo tras capítulo demuestra, en unas pocas horas, una capacidad narrativa asombrosa: con gusto y sutileza, las historias fantásticas de Bob que Nina recuerda mientras desempaqueta las maquetas del padre embelesan sin necesidad de ocultar más de la cuenta sus metáforas, y el contraste que hacen con la realidad mucho más dura que se vive fuera del sótano es impactante pero no estridente; es fácil ponerse en la piel de Nina, empatizar con su situación y sentir cercanía con su realidad, que podría ser la de cualquiera.

Menos común es lo que pasa cuando estamos en los huesos de Bob, si es que tiene siquiera de eso. El marinero es, como en la primera parte, A Fisherman’s Tale, un muñeco de madera; esta vez, eso sí, fragmentado, como su recuerdo. Manteniendo el gusto por las imágenes alucinantes y las situaciones imposibles, esta vez la historia se cuenta a través de cinco capítulos independientes entre sí, cada uno ambientado en una de las maquetas que va desenterrando Nina, y el gameplay es bien diferente: aprovechando que Bob está hecho de cachitos a duras penas unidos entre sí, debemos avanzar resolviendo las situaciones (me resisto a llamarlo «puzzles») por las que nos lleva la historia. Las manos, pegadas al cuerpo con unas cuerdas infinitas, pueden ser lanzadas y controladas desde la distancia; caminando como Cosa, la mano de la familia Addams, nos permiten llegar a sitios a los que no podríamos llegar usando el cuerpo entero. Además de las manos estándar, de vez en cuando encontramos otras prótesis que podemos combinar para resolver diferentes problemas. Podemos ponernos unas pinzas de cangrejo, por ejemplo, para cortar cuerdas o cables, o un garfio con el que desplazarnos hacia los ganchos que hay en algunos niveles; hay algún tipo de mano más, pero solo para momentos puntuales. La gracia está en combinar correctamente los tres tipos de mano más habituales, teniendo en cuenta que solo tenemos dos brazos; muy a menudo, encontrar la combinación correcta y manipular el escenario con ella es la clave del nivel. También es posible, por último, lanzar nuestra propia cabeza para examinar más de cerca lugares de difícil acceso; ganar esta nueva perspectiva es fundamental para entender los escenarios, y en combinación con las manos desmontables nos permite movernos por lugares estrechos y escondidos que de otro modo serían inaccesibles.

Estos son los ingredientes básicos con los que Another Fisherman’s Tale monta sus distintos niveles, cada uno de su padre y de su madre, todos suficientemente distintos como para que la iteración sobre estas mismas ideas sea solo una pequeña parte del interés del juego. Sí, la idea de la mano caminando sola mientras examinas por rendijas el camino que está siguiendo está en varios sitios, pero el reto específico parece menos importante que las setpieces e hitos narrativos entre los que se encaja. Como el primero, Another Fisherman’s Tale es un juego breve y compacto, preocupado por poder ser jugado al ritmo que mejor le vaya a cada persona pero también de que el conjunto sea suficientemente variado e intenso como para que cualquier ritmo sea apropiado; todo el rato pasan cosas, y la narración de Bob acompaña la partida con suficiente gracia como para que sus consejos, algo apresurados en alguna ocasión (¡el gran mal de nuestro tiempo!), no molesten mucho. Apetece, como decía antes, saber más sobre la historia de Bob, sobre sus aventuras, sobre su viaje imposible hasta Libertalia; también sobre cómo se enlaza el pasado de Bob con el presente de Nina, su hija.

La línea que separa la realidad de la fantasía es a la vez evidente y delgada, y la manera en que las historias del padre parecen ser reflejos distorsionados de su vida real es fascinante; desde la primera persona de Bob, el Bob muñeco de madera al que se le separa la cabeza del cuerpo y que puede hacer que sus manos caminen por su cuenta, estamos a la vez en la primera persona de Nina, escuchando con fascinación las fantasiosas aventuras de su padre, llenas de situaciones imposibles, criaturas de leyenda e invenciones de todo tipo. Pero lo que cuenta Bob está en realidad mucho más pegado a la realidad de lo que sugieren los peces parlanchines o los piratas pintorescos de los que te habla el pescador; al fin y al cabo, basta echar un vistazo alrededor para ver la madera del techo, las paredes de hormigón del sótano, el patito de goma que había también en la mesa en la que Nina había colocado la maqueta dentro de la que está desarrollándose el capítulo. Bob está contándole a su hija una historia real —la suya misma—, protegiendo a la vez a la niña, que ya adulta recuerda y comprende lo que había detrás de esos cuentos fantásticos que tanto la apasionaban años atrás, y a sí mismo, usando la imaginación para no enfrentarse de cara a su pasado.

La historia que cuenta Another Fisherman’s Tale se ha contado antes, por supuesto, pero en la manera en que se cuenta aquí hay algo que la hace especialmente interesante. En parte tiene que ver con el formato: la realidad virtual se usa aquí para potenciar la sensación de escala y generar un buen puñado de imágenes muy potentes, que en pantalla plana seguramente tendrían menos impacto. Impresiona, en el tercer capítulo, avanzar por unas oscuras cavernas submarinas mientras a un lado u otro van apareciendo enormes peces abisales; o mirar al cielo desde la orilla del mar y ver, en vez del cielo azul, el techo del sótano en el que unos minutos antes estabas en el papel de Nina. El ritmo relajado del juego hace que la exploración siempre deje sitio a la fascinación, a empaparse del entorno y sus rarezas; los peores momentos del juego son precisamente las que te obligan a actuar con rapidez, como una sección del capítulo tercero en el que tienes que evitar que unos barriles explosivos te hagan daño. Pero hay otra parte del interés de esta historia que está sencillamente en la manera en la que está contada, en cómo está escrita y dirigida, en la terca inocencia de los relatos fantásticos de Bob, que no engaña a nadie más que sí mismo. Los diálogos están bien escritos, pero es la cálida actuación del cómico francés Jacob Augustin la que hace que las frases destaquen, que tengan una textura y un peso formidables.

Las propias escenas son en su mayoría suficientemente interesantes como para que ni las estrecheces técnicas de Quest 2 (donde se disfruta sin problema pero también sin grandes alardes; el juego se hace venir bien lo de las maquetas para ser un poquito acartonado sin que chirríe demasiado, aunque imagino que las versiones de PlayStation VR2 o SteamVR tendrán un poco de chicha visual extra que seguro que se agradece) ni algunas torpezas mecánicas difíciles de ignorar —para ser uno de los grandes protagonistas del juego, lo de mover las manos cuando las sueltas del cuerpo da más dolores de cabeza de los que debería— consigan empañar las tres o cuatro horas que dura Another Fisherman’s Tale. Le bastan dos o tres sesiones a lo último de InnerspaceVR para confirmar la buena mano del estudio para dar forma a historias muy emocionantes y humanas, emotivas sin por ello renunciar a ser divertidas y divertidas sin por ello perder capacidad para impactar. En esta ocasión, el juego de perspectivas (literal y figurado: las de la historia que se cuenta y la de nuestros avatares) de Another Fisherman’s Tale sirve para tejer una bonita historia sobre el tiempo y la memoria, sobre lo que dejamos atrás y lo que proyectamos hacia el futuro, con un manejo narrativo pero también tecnológico tan suave que es fascinante; como si llevaran haciendo juegos, y lleváramos jugando, en realidad virtual toda la vida.

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  1. Phalanx

    Quizás no es el sitio pero necesito leer tu análisis de Tears of the Kingdom. ¿Para cuando?

  2. Nessin

    Tengo la sensación de que mis psvr1 se han convertido en material retro de la noche a la mañana 🙁 ains….