Había miedo (¿cómo no va a haberlo?), pero pasó y resulta que el sol sigue saliendo: ayer, Nintendo enseñó en detalle, por fin, el esperadísimo remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time, clásico entre clásicos. Fue dentro de un Direct, el primero de los dos que hay esta semana (el segundo, hoy mismo, también a las 16:00), que sirvió como pistoletazo de salida a las celebraciones del cuadragésimo aniversario de Zelda, inaugurada en 1986 con el primer juego revolucionario de una serie a la que a menudo se ha asociado a las revoluciones.
Películas, Legos y cromos aparte (eso también lo tocamos en esta Recarga Activa), el plato fuerte del Direct de ayer fue, como es evidente, el remake de Ocarina of Time. Se anunció en junio y saldrá en noviembre, el día 5, a una distancia prudencial de GTA VI y de ese amiibo de Kirby que un día nos animó a colocar el lanzamiento en el día 12 de ese mes. Con esos tiempos tan ajustados, casi parece buscado que el Direct nos llevara, de la mano de Aonuma, de una emoción a otra en apenas veinte minutos: el shock inicial, francamente acojonante, se fue matizando y convirtiendo en otras cosas a medida que el persuasivo discurso de Aonuma iba orientándonos por los nuevos recovecos de este Ocarina of Time, presentando los nuevos gráficos y las features que lo convierten en un juego de 2026 pero también explicando con mucha calidez cosas como el nuevo salto, que ahora es un botón que pulsas cuando quieres, o la cámara, que en Nintendo 64 era diferente (su gramática era distinta, como diría Shigeru Miyamoto) porque el mando solo tenía un stick.
Por lo demás, estos nuevos gráficos no intentan esconder el hecho de que el juego original, el diseño de sus pueblos, mazmorras y su mundo, está ahí abajo, aunque tenga otra pinta. El caso se parece más al reciente, y recomendable, Star Fox que a otros remakes más radicales, con los de Resident Evil como gran ejemplo de esa otra manera de traer al presente títulos clásicos. Es un juego, en el fondo, de 1998, por mucha brizna de hierba que se le ponga a la llanura de Hyrule o mucha textura que tengan las ropas de Link (y tiene mucha textura, desde luego), y con eso también se dice algo sobre el estatus de Ocarina of Time y lo que Nintendo considera que hace que el juego sea lo que es y no otra cosa.
Y ahora, ¿qué? De primeras, toca comentar todo esto en la Recarga Activa de hoy, monotemática de Zelda, y después no queda otra que esperar a noviembre. El remake sigue siendo uno de esos proyectos en los que apasiona pensar, como mínimo, y el juego
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