NOT MY FUCKING TEMPO

Touch Pianist, el juguete más adictivo

Touch Pianist, el juguete más adictivo

Cuando era pequeño tuve uno de esos teclados Casiotone que suelen ser para los padres como la magdalena de Proust pero al revés: accionadores del horror, de la angustia y del estrés postraumático, aunque los míos tuvieron la vista de no regalarme un tambor y ahora no necesitan mucha medicación. El caso es que en aquellas tardes en que ellos sacrificaron su cordura por mi creatividad me pasaba horas aporreando las notas sin sentido y activando las melodías pregrabadas para coordinar mis pulsaciones, creando la fantasía capacitista de que era un niño prodigio que acababa de aprender a tocar melodías complejas como por arte de magia. Obviamente no tenía ni puta idea, y es posible que ninguna de las teclas silenciadas que golpeaba coincidiese con la música que salía de aquel chip engañoso, pero por algún motivo que nunca entendí me parecía divertido.

La máquina reproducía ella sola su cantinela y mis acciones no influían excepto cuando la apagaba o golpeaba el teclado contra una pared (esto es hago que sigo haciendo todos los lunes, en algún momento de la mañana) y las pilas se salían, pero había algo en acto de «jugar a ser pianista» que me proporcionaba satisfacción.

El pasado fin de semana descubrí Touch Pianist y volví a sentir esa misma sensación, ese placer misterioso. Se trata de una app para navegador y móvil que nos propone tocar piezas conocidas de música clásica con el teclado o la pantalla táctil sin necesidad de sabernos las notas o siquiera reproducirlas vagamente: se trata de trazar el tempo al que avanza la música, de hacer que oscile, se acelere o se ralentice a nuestro gusto. Solo necesitamos una tecla. O dos. O las que quieras.

No existe la posibilidad de fallar o perder o de que algún sistema de reglas nos comunique que lo estamos haciendo mal. No es un juego: es un juguete.

¡Y menudo juguete! Todo el que lo prueba se pregunta lo mismo: ¿cómo es posible que una mecánica tan sencilla y tan tonta se vuelva tan adictiva? Es el clásico refugio al que uno acude en los minutos muertos durante el trabajo, o mientras merienda delante del ordenador, o en la cama, después de cerrar las redes sociales y el navegador, justo antes de dormir.

La libertad es total, como quien juega con el zoológico de Playmobil, pero el reto es algo que nos imponemos nosotros mismos: hacer sonar las melodías a la velocidad en que lo haría un virtuoso del piano o bien interpretarla a nuestra manera, más rápido aquí y más lento allá.

Y aquí es cuando uno se percata de la magia: la capacidad de alterar las emociones que transmite una canción con solo cambiar su velocidad, haciendo de la Marcha Fúnebre de Chopin un allegro frenético y un poco macabro o de la Sonata No. 16 de Mozart un melancólico arrastrarse por las notas, como un borracho depresivo improvisando frente a un piano, con una botella de whisky en una mano y la otra sobre el teclado, antes de colgarse del ventilador con una soga.

Touch Pianist, el juguete más adictivo

Quizá la mayor virtud de Touch Pianist es precisamente el contraste entre una premisa que es esencialmente vacía, una estupidez sobre el papel, pero que tiene la capaz de entretener y enganchar durante más tiempo del que uno estaría dispuesto a reconocer en público. Y, rascando la superficie, es también una forma de acercar la alta cultura a los bajos catetos, una manera de que los analfabetos musicales podamos aunque solo sea oler muy levemente parte del aroma de lo que significa interpretar una obra maestra frente al piano, una insignificante migaja de la excelencia que muchos ni siquiera nos planteamos contemplar y que sabe a gloria.

Allá donde estés, adonde quiera que te lanzaran mis padres, pequeño y amado Casiotone (probablemente al jodido mar, no sin antes partirte por la mitad de un rodillazo furioso), tu dueño no te olvida.

Touch Pianist está disponible gratis en su web o en la iOS App Store, donde también podemos comprar más canciones en forma de DLC por 0,70 euros cada una.

Redactor
  1. Imper Universe

    Me encantan los articulos de este tipo, con recuerdos añejos y juegos chorras pero bonicos a la vez.

  2. Mominito

    Me encanta sentirme músico sin tener ni puta idea xD

    La cosa es que ya conocía algún juego que hacía algo 100% similar a esto y no doy con la neurona que lo contiene.

  3. Neo-Demon

    @albertaker dijo:
    +1 al subtítulo.

  4. Osuka

    Dioses! Yo también tuve un PT1! Fue mi juguete favorito, hasta que dejó de serlo.

    Esta tarde me sentaré con mi vástago a ver si consigo insuflarle algo de sensibilidad.

    Llevaba unos días sin leerte, se te echaba de menos.

  5. kokodafunk

    Ostras, genial!
    Si os gusta este estilo, os recomiendo muy mucho que probéis el Deemo.
    https://play.google.com/store/apps/details?id=com.rayark.pluto&hl=es

    Es free, pero con un poco más de chicha.

  6. sigur rós mallorca

    Otro +1 a esa referencia a Whiplash xDD.

  7. landman

    Me siento realizado.

  8. Ayalen

    Pues ahí está, media horita de la mañana bien invertida.

  9. SenyoretaYamabuki

    El Casio PT-1 fue la GameBoy de su época y el DA, DA, DA que venía preinstalado era su Tetris.

  10. carndolla

    [quote=»@kokodafunk«]Ostras, genial!
    Si os gusta este estilo, os recomiendo muy mucho que probéis el Deemo.
    https://play.google.com/store/apps/details?id=com.rayark.pluto&hl=es

    Es free, pero con un poco más de chicha.

    [/quGote] Gracias porque ya que no está para Android almenos probaré este. Merci!

  11. Selinkoso

    el talento de cualquier músico o artista proviene siempre de un ruidaje asqueroso, unos trazos inmundos y un sinsentido en las letras, pero de la aplicación no solo se puede ilusionar como músico sino sacar imaginación e ideas para hacer música de verdad. Como siempre es un placer leer así.

  12. Onishima

    Pues pensaba dejarle jugar a un primo mío pero… y un cuerno!! no quiero que me dé la brasa durante todo el verano.

  13. Chatyeux

    Me recuerda a esto:

    http://virtualpiano.net/

    y a la tarde tonta que me pasé creyéndome Mozart 😛

  14. Ronie

    Joder qué recuerdos con el maldito piano. Gracias Pinjed por estos momentos de nostalgia.