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El fascismo nunca se impondrá a la belleza

Análisis de Over the Alps

por , 14 de enero de 2020 a las 09:00 - iOS

Nota AnaitGames 7 Versión analizada: IPAD Política de puntuaciones
De y Apple . Lanzamiento: 20 de diciembre de 2019

Análisis de Over the Alps

Los mejores espías de la historia son aquellos que no conocemos. Las cocineras de altos cargos militares que mantenían al enemigo informado de todo lo que se cocía en aquella casa. Los funcionarios de bajo rango que aprovechaban los huecos en la administración para sustraer información confidencial, o los conductores que, con una charla casual, eran capaces de desenterrar incluso el más oculto de los secretos. Sin embargo, la ficción nos ha presentado a otro tipo muy diferentes de espía: el culto, el elegante; el educado, el conocedor. Si es un hombre, este espía será de mediana edad, lo suficientemente viejo como para tener ser un hombre experimentado y, a la vez, lo suficientemente joven como para ser aún atractivo y dinámico, porque por supuesto es un hombre de acción: delgado, elegante, es capaz de disparar, correr e incluso saltar de un coche en marcha si las cosas se ponen realmente feas. Pero cuando se ponga en pie tras la caída su elegante traje a medida seguirá estando impoluto. Porque antes que nada, nuestro espía es un personaje de buen gusto. 

La espía femenina en la ficción tiene puntos en común con la masculina y, no obstante, normalmente suele presentarse como su némesis. La única figura capaz de desestabilizarlo. La persona capaz de hacer que pueda perderlo todo. Aunque también sea culta y distinguida, la espía femenina es joven. Sexy, atrevida. No tanto una mujer de acción como una maestra manipuladora. Una chica que sabe sacar todo el partido tanto a su físico como a su educación. Y lo lo hará, por supuesto. Al menos si lo considera necesario.

El punto de partida y los personajes que encontramos en Over the Alps nos remiten rápidamente al cine de espías más clásico. Entre los ingredientes principales encontramos a un caballero del imperio británico, expatriado por la inminente llegada de la guerra, y a una atractiva rubia —ella dice que es austriaca— que parece tener algo más que afinidad por la nueva ola de nacionalismo germánico que ha comenzado a gestarse por el territorio Alemán. La historia transcurre en Suiza. Una Suiza que quizás no es tan neutral como podría parecer cuando su ejército presta favores a fascistas como Mussolini y garantiza el tránsito de miembros del partido nazi mientras que la inteligencia británica tiene que ocultar su posición. O, al menos, eso es lo que nos han dicho a nosotros. No necesitamos un trasfondo cuando somos un trajeado espía que bebe ginebra en uno de los vagones de un tren transalpino. Nuestra situación nos dice todo lo que necesitamos. Y la historia se inicia con solo una breve indicación: encuentra a tu contacto. Descubre qué es lo que necesita Control, tus responsables. A diferencia de otros acercamientos a las películas de Bond por parte de los videojuegos, Over the Alps deja de lado la acción para centrarse en la narrativa. El juego —que cubre tan solo una misión que nos llevará de punta a punta del país— nos permite contar los sucesos a través de las cartas que nuestro protagonista, el misterioso agente Smith, envía a su amigo de la infancia, el señor Aubrey. Nuestra misión como jugadores será elegir «qué sucedió entonces», cómo reaccionó Smith o qué era lo que pensaba en cada momento, afectando esto a las subsiguientes decisiones y los propios giros de la trama. Y es precisamente en estos reveses dramáticos que encontramos una y otra vez los elementos que aportan mayor frescura al juego. La trama, aunque tradicional, tiene un par de sorpresas verdaderamente efectivas y encuentra muchos lugares en los que marcarse un tanto incluso ante aquellos que se enorgullecen de conocer todos los entresijos del género. 

Aunque se apoya en la gran mayoría de tropos extendidos para construir sus personajes y sus situaciones, Over the Alps se aleja de manera enérgica de la soluciones más comunes en las ficciones de espionaje pop —disparar, usar artefactos tecnológicos o usar la influencia de los contactos— para premiar sutilmente usar habilidades como el engaño, la caballerosidad, la honestidad o la sutileza. Recurrir a las pistolas o a los golpes deja indicios de nuestro paso por las idílicas localidades suizas que no nos podemos permitir. Y si queremos ser discretos, mejor dejar de lado las frases épicas y los comportamientos dramáticos: los vecinos siempre recuerdan a aquel que habla como un actor. A pesar de estar narrado en pasado, el juego se las ingenia con habilidad para mantenernos enganchados, escondiendo desde la propia naturaleza de la misión —no podemos escribirla en una carta, por supuesto— hasta la identidad de nuestros supuestos aliados. Solo tenemos una cosa clara: el fascismo es el cáncer de Europa y es nuestro deber colaborar para derrotarlo.

Análisis de Over the Alps

Tanto en su jugabilidad como su interfaz, Over the Alps nos recuerda en muchas ocasiones al mítico 80 Days. Creado especialmente para disfrutarse en una plataforma móvil (o en tableta, ya que es uno de los exclusivos de Apple Arcade) este point-and-click no solo cuenta con un precioso diseño visual sino que tiene una interfaz perfectamente adaptada para que incluso los más novatos puedan disfrutar del juego. Una de sus decisiones más inteligentes pasa por utilizar pájaros para indicarnos qué edificios nos abren una rama narrativa. Entre las opciones más torpes está la de unos informes que en ocasiones no son tan claros como deberían y que permanecen en pantalla demasiado poco tiempo como para ser entendidos a la primera. No obstante, estas no son las únicas ideas que demuestran el ingenio del equipo londinense Stave Studios. La elección de sellos como elementos indicadores del tipo de diálogo que vamos a escribir y como piezas coleccionables crean una sensación de inmersión que tanto la música —escueta pero contundente— como las pequeñas y pulidas animaciones que podemos ver a lo largo de toda la partida acaban por reforzar. Y lo más interesante, es que el juego está perfectamente traducido al castellano. 

Over the Alps es un juego muy agradecido. Corto y directo, se relaciona tan bien con quien busca una trama de espionaje clásico como con quien quiere una vuelta de tuerca en un género empantanado, que parece no recordar sus raíces en favor de las escenas de acción pop. Si entramos dentro de su artificialidad y nos dejamos llevar por ese ambiente de sospechas y traiciones, es fácil sentirse unido a sus personajes y encontrar un interés genuino por su destino. Aunque el juego no cuenta con demasiadas ramas, sí que permite cierto margen de rejugabilidad, en especial en lo referido al camino que tomamos para llegar a nuestro destino y a los personajes que conocemos durante la misión. Aunque le pesa el hecho de convertir a su protagonista en el típico seductor, forzándonos a establecer relaciones con las protagonistas femeninas (a las que convierte en ocasiones en premios), resulta interesante que no use a los nazis como villanos genéricos e intercambiables sino que critique abierta y apasionadamente muchas de las ideas que compartían tanto los fascistas italianos como los alemanes. Over the Alps se ríe de los nacionalismos y critica sin ningún tipo de ambigüedad a aquellos que comulgan con las ideas de la ultraderecha. A pesar de su pequeño tamaño, el juego quiere ser incuestionablemente político y el viaje de sus personajes se utiliza también para hablar de lo innecesario de la guerra cuando las naciones no son otra cosa que líneas ficticias pintadas en un mapa.

Ha llegado la hora de dejar de subestimar los juegos pensados para plataformas móviles. Y no es solo que haya títulos muy buenos. No es simplemente que tengamos juegos inteligentemente pulidos. Es que en móviles y en tabletas encontramos juegos llenos de ideas y con sólidas intenciones autorales que se distancian del ruido que en muchas ocasiones produce lo mainstrean. Over the Alps es exactamente lo que quiere ser. Subvierte (y muy bien) solo hasta donde le apetece. Y además de todo esto es sencillo. Una experiencia que, potencialmente, podríamos disfrutar todos. [7]

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