
Dije que os comentaría qué tal lo nuevo de Sonic esta semana, y lo prometido es deuda. Un poco justo, pero es que desde que sé que Tim Schafer también lo es, me he vuelto todavía más procrastinador. Los líderes del mañana, ya sabéis.
SEGA también ha ido postergando lo de crear un título a la altura de su mascota. Unas veces se ha quedado más cerca que otras, pero una partidilla rápida a los juegos de Mega Drive, al de Mega CD o incluso a los de Dreamcast bastan para sentirse con derecho y deber, si uno es un buen seguero de exigir más.
Este enésimo intento, Sonic Colours, nace de una evidencia pura: a Unleashed le sobraba el jodido lobo. Takashi Iizuka, su productor y seguramente el nombre más ligado al erizo que sigue en el Sonic Team, no lo dijo explícitamente durante la presentación, pero casi.

Las transiciones entre control en dos y tres dimensiones, el correcto equilibrio entre el avanzar sin más, sobre raíles, y el detenerse para calcular bien el salto, los enemigos flotantes tendiendo puentes que sólo el homing attack puede cruzar... todo es familiar y nada parece poner en peligro los esquemas que conocemos.
Menos conocidos son los Wisps, pequeños alienígenes que Robotnick explota en su parque de atracciones espacial (!?) y que Sonic el «personaje central» en ambas versiones, aunque Tails estará también por ahí, y tanto Knuckles como Amy se dejarán ver en DS usará a modo de power-up. Con el Wisp cian, por ejemplo, podemos salir disparados rollo láser o ir de un punto a otro por una especie de cables de fibra óptica o vete tú a saber qué tienen por ahí. Más interesante, por lo que vi, es el amarillo, que sirve de taladro y permite jugar bastante con la verticalidad especialmente hacia abajo, claro de los niveles. Durante toda la aventura iremos encontrando nuevos Wisps, que a partir de entonces podremos usar también en pantallas ya superadas; lo de buscar varios caminos es algo que siempre me ha gustado de los buenos Sonic, así que ojalá la cosa funcione aquí.
Habrá que echar mano de los bichitos bastante a menudo, pero Iizuka afirma que eso no interferirá en el ritmo del juego. Veremos.

El diseño de las tres fases que vi me pareció muy decente, pero sin grandes sorpresas ni loopings memorables. No me convencieron, a falta de ver el escenario del teaser, en lo artístico; algo llamado Tropical Resort siempre queda mejor con un cielo azul que con uno estrellado y Sweet Mountain reafirma mi teoría de que los pasteles y las piruletas gigantes sólo pegan con Mickey Mouse. Los píxeles de la versión portátil desarrollada por Dimps y basada en los Rush, evidentemente lo hacían todo ligeramente más bonito, pero la de Wii también tiene unos gráficos por encima de la media.
No pude ver algunos de los elementos que definen un Sonic, como sus enemigos finales o sus esmeraldas, pero sí se nos confirmó que habrá ambas cosas.
En definitiva, Colours parece un buen título. Si detrás de los Wisps no se esconde el fantasma de la novedad y la innovación mal entendida que tanto daño ha hecho últimamente a la franquicia, podría ser el mejor Sonic en años.

Sin embargo, ¿hasta qué punto es eso suficiente? Es imposible no pensar en Super Mario Galaxy al ver el mapa del mundo de Sonic Colours, y eso puede ser un problema. Mientras SEGA ha perdido años preguntándose qué le faltaba y sobraba a su erizo, Nintendo mejoraba hasta lo indecible una fórmula que nunca ha dejado de ser ganadora. Nos llevan años de ventaja, camaradas segueros, así que lo bueno sin más, lo que llevamos demasiado tiempo esperando, puede no bastar. Lo sabremos a finales de año.
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