
Detrás de una puerta con el logo de 2K Czech esconde el que para mí es, a falta de ver un par de cosas potentes, uno de los tres mejores juegos del evento. Me encantó el primer Mafia y me gusta todo lo que se ha visto y publicado de esta secuela, pero para describir lo que nos enseñaron aquí hay que usar palabras varios peldaños por encima de gustar o encantar.
La demostración empieza con Vito en su piso franco. Todavía no ha escalado demasiado en la famiglia (lo hará mucho más a lo largo de los diez años que abarca el juego), pero sí lo suficiente como para tener a una señorita en la ducha y a otra en el sofá, que ya es algo. En ese momento recibe la llamada de un tal Giuseppe, que ya tiene los papeles que necesitaba. Después de elegir modelito en el armario de la entrada, empieza lo bueno.
Nada más salir por la puerta, queda claro por qué Mafia II, con su mimo y su atención por el detalle, marcará la diferencia. En lugar de la escalera vacía que encontraríamos en el 99,999% de los juegos, aquí hay un tío pidiendo perdón a su mujer para que le deje entrar en casa y una señora limpiando. Habrá algo de vida, dicen, en la mayoría los cientos de interiores del juego.
Al salir a la calle, algo parecido: siguen habiendo y sucediendo más cosas de las que estamos acostumbrados a ver. Ese macarra que se pone chulo con una chica es ideal para enseñar el nuevo sistema de combate cuerpo a cuerpo, muy currado para un juego de este tipo: unos cuantos puñetazos y un empujón contra el capó del coche bastan para tumbar al tipo y meternos a la tremenda en el bote. Pero otro día, que ahora hay que trabajar.

Llegamos al piso donde habíamos quedado con Guiseppe, pero en la escalera nos interrumpe otro tipo que nos pide un favor; ¿hacer volar por los aires unos cuantos coches? ¿Cómo se puede uno negar a eso? Vito acepta y se va a por provisiones: munición para la pipa y unos cuantos molotov.
Una vez más, en cualquier otro título podríamos ir hasta el garaje sin más. En otro título no vendrían dos perdedores a intentar atacarte a punta de navaja, ni un policía que pasaba por allí te pediría la licencia de la Magnum con la que estás enseñando a los atracadores que aquello había sido una mala idea. Después de huir del agente del orden y de despistar a los refuerzos, llegamos al objetivo. Empezamos a quemar coches y Oops, otro imprevisto. Habría barriles de gasolina o alguna mierda similar por ahí, porque no contábamos con esa cantidad de explosiones que están derrumbando el pequeño parking en el que estamos. Y claro, nueva visita de la poli, ahora con bastantes más coches.
Después de una intensa persecución, a la que nos dejan un momento de respiro, me meto en una taller para cambiar el color del coche y, ya que estamos, mejorar el motor. Se pretende evitar la sensación de que los coches sean de usar y tirar, que lamentes mínimamente el hecho de perder un vehículo que has modificado a tu gusto y en el que, sobre todo, has invertido un dinerillo. Me parece un acierto.

Rayos, TODO en este juego me parece un acierto. Lo único que se me ocurre criticar son un par de fallos gráficos y problemas con el v-sync (lo que mostraron corría en 360, por cierto) que, eso sí, hay que poner en el contexto de un aspecto visual brillante, una ambientación cojonuda y una ciudad enorme. Además, siempre quedará la versión de PC para llevar temas técnicos al límite, tal y como confirmaron en la misma presentación.
Como decía al principio, poco o nada de lo visto en la gamescom me ha dejado mejor ¿sabor de ojos? que Mafia II. Muchas cosas y muy malas tienen que pasar para que esto no sea uno de los mejores lanzamientos del próximo año.
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