[Había] un grupo de adultos ahí, con un aspecto muy estúpido con esas pequeñas guitarras de plástico, jugando frente a una pantalla. Y nosotros estábamos como «Sí, muy bien... sólo parece una banda muy mala». Ellos [Harmonix] dijeron: «Podemos hacer un gran juego con los Beatles, y os lo mostraremos». Y a Ringo y a mí nos intrigó.
Y así es como McCartney, después de una experiencia que no le gustó, decidió seguir el único camino que un hombre de su edad debe seguir: el de los verdes quemando en el bolsillo. De otro modo no lo comprendo, porque estar intrigado por algo está a mil jodidas millas de dejar una obra del tamaño y relevancia como la de los Beatles en manos de unos fabricantes de instrumentos de juguete.

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