Tras la inevitable alegría inicial, dos dudas nos asaltan irremediablemente: ¿tendrá ahora Max la cara de Marky Mark? y ¿cómo coño puede Remedy estar trabajando a la vez en este juego y Alan Wake? Afortunadamente, Max seguirá siendo Max, pero un poco más demacrado, desaliñado y viejuno. Desgraciadamente, los creadores de las anteriores entregas no están desarrollando el juego, ya que la labor recae en Rockstar Vancouver, autores de Bully.
El protagonista ya no trabaja para el departamento de policía de Nueva York, y ni siquiera vive allí. Ahora vive «en un mundo de corrupción, confusión e intensa violencia», como si Max Payne 1 y 2 transcurriera en la Aldea del Arce, vamos. Sam Houser, fundador de Rockstar, afirma que «éste es Max como nunca antes lo hemos visto, unos años más viejo, más hastiado del mundo y cínico que nunca».
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