¿Os habíais enterado? Grand Theft Auto VI estrenó ayer su «mirada extendida» en Netflix, como había prometido, y ese extenso vídeo de 26 minutos está ya disponible en el canal de YouTube de Rockstar; lo tenéis, por si acaso, sobre estas líneas.
(Si prefieres una cosa más seria, en la web de Rockstar se puede descargar la mirada extendida en 4K y sin batallar con la compresión de YouTube y Netflix; son 14 GB de vídeo.)
Es uno de esos vídeos con los que Rockstar suele hacer historia, cueste lo que cueste reconocerlo, como cuando se coló en la portada del diario Público con el «violento y amoral» GTA IV hace ya dieciocho años. En este caso, el vídeo presenta un montaje (mejorable algunas veces, extraordinario otras) que mezcla escenas más extensas con varios picaditos de las aparentemente infinitas situaciones que pueden suceder en el estado de Leonida, con los magnéticos Jason y Lucía como dúo protagonista; hay situaciones descacharrantes, Florida Men (y Women: ojo a la señora de los martillos) y momentos cómicos, pero el tono del vídeo seguramente esté marcado más por la primera escena, la llegada a un narcopiso para una recogida que, como suele ocurrir en estos casos, se acaba torciendo.
Las carreras de motos y las persecuciones de alta intensidad y el paracaidismo y el wrestling sobre colchones mugrientos y los atracos a licorerías y las grandes fiestas en Vice City están muy bien, pero personalmente confieso que es ese narcopiso lo que se me ha quedado grabado en la cabeza. Es en esa escena inicial, más impresionante cuando piensas —como recuerda el vídeo al final— que todo está capturado en una PlayStation 5 normal y corriente, sin apellidos, donde la mirada extendida muestra algunas de sus cartas más impactantes: la naturalidad y fluidez de las animaciones, la suavidad con la que los personajes reaccionan a nuestra presencia cuando nos plantamos delante y les preguntamos algo, el enfermizo nivel de detalle de cada muesca en la pared y cada astilla en el ventanuco de seguridad de una puerta, recortado a bocados por el florido grupo de traficantes que preparan la mercancía dentro de un piso violentamente preparado para desalojar a toda prisa en caso de que llegue, como acaba llegando, la policía.
Me impresiona mucho también la forma en que Jason y Lucía entran en un ascensor, por ejemplo, antes de llegar a la altura en la que está esperando su contacto, y cómo pasan por diferentes viviendas mientras escapan de la inesperada redada. En muy poco tiempo vemos cómo no uno sino varios personajes entran en espacios de dimensiones muy diferentes, del portal a un estrecho ascensor, de un rellano a pisos con diferentes tamaños y configuraciones, y de alguna forma GTA VI resuelve el tradicional problema del espacio en los videojuegos sin problema, con habilidad de mago; algo de eso, de desviar y redirigir la atención del público, hay en todas estas escenas.
A lo que voy es a que, le interese a uno más o menos GTA VI (a buena parte de los comentaristas de El País, que llevó a Jorge Morla a ver el juego a las oficinas de Rockstar en Edimburgo, le resulta gravísimo ver una celebración de la violencia tan terrible en la portada de un periódico: llegan, como decía antes, dieciocho años tarde), lo que se ve en el vídeo es impactante por muchos motivos. Puedes elegir qué es lo que quieres que te impacte: los gráficos, así sin más, en un sentido amplio y no muy definido; la selección musical; la bonita naturalidad con la que Jason se come una patata frita mientras sale de un supermercado; la mirada frenética en los ojos de Lucía cuando salen pitando para escapar de la policía; el prompt que te propone pulsar R2 para coger la mano de tu novia, y que según los avances podría ser más importante de lo que parece (y no estamos para decir que no a un guiño a Fumito Ueda). Hablando de avances, el de IGN está muy bien: a lo largo de 69 puntos, lanzan detalles más o menos sueltos que intentan formar una imagen, algo así como una constelación que nos ayude a hacernos en la cabeza una idea aproximada de lo que será este juego.
Hay un elefante con forma de puerro, si es que eso es siquiera posible, en la habitación. No sé si yo tengo la GTAmanía muy alta, pero en mi caso las recientes filtraciones no solo no han hecho que esta mirada extendida me impresione menos sino que quizá haya sido al revés: la build filtrada, que no se sabía muy bien dónde corría o hasta dónde abarcaba a nivel de contenido, tenía una imprecisión que me ha explotado en la cara, hablando rápido y mal, cuando he visto primeros planos de personajes, cinemáticas en entornos más variados o hasta a Lucía con peinados distintos (sobre los peinados de Lucía habría que escribir otro artículo, o un libro). Incluso los momentos que riman entre las filtraciones y el material oficial me han resultado impresionantes: la escena del paracaidismo, en la que se ve el gigantesco mapa extendiéndose hasta donde llega la vista, sirve como confirmación de que GTA VI hace algunas cosas que ningún otro juego ha hecho antes —insisto: en una PS5 pelada, la de 2020—, como hizo Red Dead Redemption 2, que ahora parece casi un ensayo para este Grand Theft Auto, en la generación anterior.
¿Y ahora? Ahora toca esperar, parece, porque de momento Rockstar nos emplaza directamente al 19 de noviembre, la fecha en la que sale el juego.
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