Don’t look at it

The Open House: Nunca es solo una casa vacía

The Open House: Nunca es solo una casa vacía

El hogar funciona como refugio. Como protección. Es el lugar en el que pasamos nuestras horas más vulnerables y en el que podemos quitarnos toda máscara o escudo que necesitemos de cara al exterior. Pero un hogar es mucho más que cuatro paredes; es confianza, calidez, familia, seguridad… y precisamente por todo esto es también un concepto muy frágil. La mera idea de que alguien pueda estar observándonos desde el exterior o el pensamiento de que, quizás, el peligro se encuentre de puertas para dentro, puede transformar un hogar en una mera casa. Un espacio y unos objetos unidos quizás por alguna que otra historia. Una historia, sin duda, escalofriante.

En el lugar donde se generan las historias de terror las casas ocupan un lugar privilegiado. No por nada, son el espacio en donde aprendemos a temer a la oscuridad, donde escuchamos estremecedores crujidos y en donde enfrentamos nuestras primeras pesadillas. Géneros como los de las casas encantadas basan gran parte de su interés en llevar al extremo las luces tintineantes o las extrañas sombras que se desprenden de los muebles de salón. Otros como los home invasions pervierten la noción de santidad hogareña recordándonos que en cualquier momento un extraño, un vecino, o aquellos amables jovencitos con los que nos cruzamos en el campo de golf, pueden hacernos una visita violentamente inesperada. Y por supuesto están las casas con impronta, los hogares cuyas paredes se han teñido de las degradaciones que acontecieron con anterioridad. Historias como Poltergeist: Fenómenos extraños o Terror en Amytiville nos recuerdan que un hogar es algo personal e íntimo y que si el mal se ha introducido en él, más nos valdría estar poseídos pues lo sufriremos como si estuviera en nuestro propio cuerpo. Pero la revolución del terror hogareño está aconteciendo de forma especial en los videojuegos en donde las ficciones pueden desprenderse de la narrativa más explícita —de esas malditas conclusiones y explicaciones que, en ocasiones, empobrecen el resultado final— para moverse en el plano subjetivo, estimulando el lóbulo frontal para, simplemente, hacernos pasar miedo. Hacernos pasar mucho, mucho miedo.

The Open House: Nunca es solo una casa vacía

En The Open House somos los clientes de una moderna inmobiliaria que ha decidido incorporar la visita virtual a todas sus propiedades. Al inicio del juego, un agente nos proporciona toda la información relativa al programa que vamos a utilizar y al inmueble que vamos a visitar; una enorme casa de tres dormitorios y cuatro baños que parece toda una ganga en este acomodado barrio de las afueras. Pero nuestra visita, como no puede ser de otra forma, no será exactamente como esperamos. Porque algo horrible ha sucedido en esa casa. Y puede que la maldad aún se esconda entre las sombras, acechándonos en pasillos que parecen infinitos.

A pesar de ser un juego gratuito, de apenas una hora de duración, que está desarrollado usando materiales previamente disponibles internet —desde imágenes de stock a librerías de efectos libres de derechos—, The Open House es una de las vivencias más terroríficas que podemos encontrar en un videojuegos. Y el secreto se encuentra en su espectacular diseño, que se centra en las emociones del jugador para proporcionar una experiencia puramente sensorial. El inicio tiene mucho en común con Doki Doki Literature Club y su forma de jugar al despiste con el tono y el género real de la obra para, posteriormente, inspirarse en la exploración malrollera de Gone Home o, en su tramo final, en la terrorífica irreverencia del mítico P.T. Por supuesto, el componente meta que suele estar cada vez más presente dentro del terror en videojuegos hace aquí su aparición en forma de cambios en el gameplay y en la interfaz que evitan que en ningún momento nos pongamos demasiado cómodos o intuyamos de alguna forma qué es lo que se encuentra (literalmente) a la vuelta de la esquina. Uno de los elementos mejor implementados dentro del diseño es la forma en la que se nos proporciona la información, primando la practicidad al principio —lo que consigue ponernos realmente nerviosos— y esperando al momento oportuno cuando el juego se despliega en su totalidad. La nota inteligente, llega cuando nos obliga a repetir ciertas acciones una vez nos ha dado información sobre los peligros que podemos encontrar, logrando que gran parte del miedo que pasamos jugando venga precisamente de anticipar qué sucedería si nuestras peores pesadillas terminan por hacerse realidad.

Podríamos hablar de la forma magistral con la que los desarolladores controlan el ritmo a través de las diferentes partes del juego o de cómo consigue hacer terror partiendo de la situación más aburridamente mundana del mundo.También es interesante el hecho de que, sin tener ni un solo jumpscare la escena más terrorífica de la partida suceda en nuestra cabeza, estimulada por un pequeño clip de audio. Pero The Open House es uno de estos juegos que se disfruta mejor si no conocemos nada de la propuesta. Si simplemente nos dejamos llevar. Ahora que todos estamos encerrados en casa The Open House nos recuerda que podría ser peor. Podríamos estar encerrados con eso. Podríamos estar siendo obligados a observar.

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The Open House: Nunca es solo una casa vacía

The Open House está disponible en itch.io

Redactora
  1. kong

    Aaaagh, tiene una pinta buenísima y quiero jugarlo pero me parece que me voy a cagar vivo

    Anyway, el artículo me ha recordado este vídeo de Jacob Geller sobre Control y casas encantadas, bastante chulo https://www.youtube.com/watch?v=mexs39y0Imw

  2. Huespal

    The Open House es uno de estos juegos que se disfruta mejor si no conocemos nada de la propuesta.
    Fuck.

    Aun así me ha gustado leer el artículo. Parece que da miedo, miedo.

  3. jk_eye

    Soy muy aficionado a trastear en itch.io y este se me había pasado. Un pequeño juego muy bien llevado. Inquietante y divertido a la vez. El girito en el uso de los controles me ha gustado especialmente.

    Comentando sobre el hogar como lugar donde comenzamos a experimentar el miedo, S. King en su libro «Mientras escribo» (si no recuerdo mal) localizaba de forma más concreta los cuartos de baño como lugares donde lo pasamos especialmente mal, lugares de terror: es el lugar donde nos curamos heridas, vomitamos o nos miramos en busca de anomalías en nuestro cuerpo… toda una reflexión que se me ha venido a raiz del texto.

  4. Boraj

    Acabo de ver la peli “Vivarium” y leer este artículo me ha despertado algunas cuestiones sobre la peli que pasé por alto.
    Os la recomiendo.

  5. DarkCoolEdge

    @jk_eye
    Nunca había visto los baños desde esa óptica. Para mí siempre han sido más bien lo contrario, un lugar de purificación, donde te quitas la mugre y expulsas tus detritus. Un sitio del que lo normal es salir mejor de como has entrado.