¿Es grave, doctor?

es grave  doctorEn estos meses, la violencia en los videojuegos está dando mucho de qué hablar. Tal vez demasiado; tal vez no. Tal vez de forma incorrecta; probablemente. Y aunque no pretendo para nada hacer un ensayo sobre el tema, sí voy a usarlo como excusa para que en AnaitGames se hable del juego de moda (con permiso de Ogame): F.E.A.R.Parece imposible hablar de esta obra de Monolith sin mencionar su genial ambientación o alabar sus magnificencias técnicas. Pero aquí nos gustan los retos, así que eso es precisamente lo que voy a hacer. Coño, ¿no os dije que esto iba de violencia en los videojuegos? Pues vamos a ello.es grave  doctorEmpecé a escribir esto después de caer en la cuenta de un hecho perturbador: me había encantado volarle la cabeza a uno de mis enemigos. Y por si fuera poco, después del certero «shotgunazo» me apeteció hacer una foto. Y compartirla con todos vosotros. No me digáis que no es para darle vueltas. «Soy un psicópata, un monstruo, un ser abominable que se alimenta del dolor de otras personas. Un momento… ¿personas?». ¡Eureka! Irremediablemente, mis pensamientos desembocan en una conclusión tan clara como el agua. Aquello que permanecía inmóvil en el suelo no era una persona. «Evidente», pensaréis. De acuerdo, pero es que tampoco era un montón de polígonos hábilmente texturizados. Aquello era (o había sido) un sentimiento, una percepción. Poco importaba cuál: me alegra igual estar ante el cadáver del aburrimiento que de la soledad.Gracias a un videojuego violento había acabado con algo que no quería cerca de mí. Pero lo mejor es que el hecho de que el juego fuese violento era algo anecdótico. Sentí la misma sensación que recorre mi cuerpo cuando en OutRun 2 adelanto un coche pilotado por una discusión con un amigo o en Winning Eleven 9 le clavo un golazo con el interior y por la escuadra a la injusticia disfrazada de portero. Pep 1 injusticia 0, amigos.Criticar algo que permite eso es de incultos.Y así, cada vez que el inquieto paciente que hay dentro de mí se pregunta «¿Es grave, doctor?» recibe como respuesta un reconfortante «Tranquilo, hijo. Es normal».
Redactor
  1. davedack

    Pues a mi así gore me está encantado.