Análisis de FIFA 11
A estas alturas imagino que lo más similar al desarrollo de un nuevo FIFA es el soporte post-lanzamiento de los juegos de Blizzard; en vez de un torrente de creatividad colectiva, una docena de hombres meticulosos delante de su terminal, introduciendo pequeños cambios en un ecosistema con un equilibrio tan precario como precioso y evaluando los daños. Es alquimia digital, y el objetivo mejorar la fórmula en proporciones mínimas sin que te explote la probeta en la cara. Las consecuencias de esas alteraciones son terribles: un diseñador de Starcraft II cambia el valor de un decimal el martes y diez coreanos se suicidan el miércoles, incapaces de adaptar sus tácticas al nuevo parche. Claro que Blizzard no cobra por esto. EA, en cambio, tiene que explicar esos infames 60€ de cada octubre.