Podría empezar con algún truco fácil para presentar este artículo. Por ejemplo, y como quien no se da cuenta, hablando de las golosinas que nos comprábamos al salir del colegio para el camino de vuelta a casa, o de colecciones de cromos sobre los temas más importantes, como dibujos animados, de las que hablábamos entre clases con nuestros mejores amigos. Retrotraer al lector, a fin de cuentas, a esa época dorada en la que se recuerda uno completamente feliz… para mediante alguna argucia, introducir ese elemento que tanto poder nos otorgó siempre, tan codiciado y valorado, con el que obtener felicidad en forma de, entre otras, las citadas: la moneda de cinco duros. Esto daría fácilmente pie para hablar de las máquinas recreativas, la importancia que tenían en aquel momento en el mercado y lo fácil que era por tanto encontrar una en la que invertirla y disfrutar de nuestro juego favorito, adentrarnos en mundos mágicos, y olvidarnos de lo que creíamos eran problemas.
Pero por supuesto, no lo haré. En primer lugar, porque en AnaitGames nunca utilizamos recursos tan burdos y en segundo, porque Golden Axe es una saga tan increíblemente mítica que cualquier jugador que se tenga un mínimo de respeto se saltará los pasos anteriores para imaginarse directamente el mueble de la recreativa abarrotado de pre y no tan preadolescentes, en todos los ángulos imaginables, estirando el cuello para poder ver a algún suertudo jugar esa historia de bárbaros, enanos, amazonas y dragones.
1987. El año anterior Top Gun había sido un gran éxito en taquillas, provocando que millones de niños —que después verían Águila de acero 1-n— soñasen con llegar a ser pilotos de caza. A los chicos de SEGA se les iluminó la cabeza ante tal panorama, y con Yu Suzuki al frente de todo el cotarro se pusieron manos a la obra con uno de los juegos que más admiración generaron en la época: After Burner.
El primer juego con el que vender, realmente, una Dreamcast sin usar el comentario de “es que es la consola más potente del mercado”. Para mí, un verdadero ciclón de entretenimiento que me tuvo pegado a la pantalla durante meses, lo que tiene su mérito teniendo en cuenta que es un juego que vino de los arcades.
¿Samba de Amigo? ¿Eso no es UN juego de Sega, y ya está? ¿Por qué nos habláis de “saga”?
Aish, mi pequeño ignorante… Samba de Amigo no fue el primer juego musical de Sega, ni mucho menos; sin ir más lejos antes se había hecho Space Channel 5. Pero de esa saga os hablará otro, porque a mí me dejaba indiferente (estética aparte). La cosa es que el original no está solo, como ahora veréis.
Hoy toca 2×1, señoras y señores. Hemos decidido juntar ambas sagas en un mismo artículo porque entre las dos suman pocas entregas y por sus similitudes en el apartado gráfico, una mezcla de gamberrismo y estilo marcadamente cartoon.
Wonder Boy es especial para mí por varias razones. A nivel personal me quedo con la tercera entrega, que me parece uno de los mejores juegos de la historia.
Pero en mí familia hay alguien no aficionado a los videojuegos que cada vez que oye la palabra Wonder Boy se emociona. Es mi hermana pequeña (que ya tiene 24 años), la que hace poco, el día que me compré la versión de Master System de Wonder Boy (yo tenía mucho antes la de Game Gear), encendió la Master y la dejó encendida 3 días (vamos, hasta que se pasó el juego). Sólo por eso, este juego se merece un vídeo como este (del que no soy el autor ni esa chica es mi hermana, pero pasa algo parecido):
1993, Nae había descubierto el milagro del cambio de juegos. Yo iba con un juego, ponía 1.000 pesetas, y me lo cambiaban por otro. Impresionante.
Normalmente los juegos eran chusteros. Pero una vez, iba yo por la tienda (se llamaba… creo que Arcademania o algo así, y estaba al lado de la plaza de toros de Valencia, dentro del pasaje) y vi un juego que se llamaba ‘Phantasy Star’. Lo había visto en algún sitio (una revista de trucos de Mega Sega, creo) y la portada y tal eran supermolonas. Así que fui corriendo a mi casa, enganché el ‘Forgotten Worlds’, y lo cambié por éste.
La impresión de ponerlo en mi Game Gear fue increíble. Una intro con personajes de dibujos animados, una música divertida, posibilidad de salvar las partidas… ¡además el cartucho era de 4 megas!
De hecho… llegué a aprender inglés (ya tenía una base) sólo para poder jugar a este juego (lo que dijo Oddler en Shining Force). Desde entonces adoro esta saga…
Como sabréis, llevamos un tiempo publicando una serie de artículos sobre SEGA y sus sagas míticas. Y creedme, queda para rato. En principio lo publicamos todos los sábados por la mañana, pero ya sabéis como va esto, resacas, nos levantamos en camas que no conocemos y lejos de nuestros ordenadores… así que a veces actualizamos días que no tocan. Pero bueno, si os perdisteis algunos de los artículos anteriores, aquí tenéis los enlaces:
Bueno, los que me conozcáis sabréis que ésta es mi verdadera saga fetiche. Y me vais a permitir, os voy a soltar un rollo bastante personal.
Mi primer encuentro con ‘Fantasy Zone’ fue en verano de 1992. True story. Yo tenía una Game Gear, no tenía un chavo, y mi madre me dijo que me podría comprar un juego.Como tenía el Master Gear Converter, fui a cierto gran centro comercial, y tras un rato repensándomelo, me tuve que decidir entre Fantasy Zone y My Hero. Yo realmente quería este último, pues tenía “muñequitos” de verdad, pero valía 1.000 pesetas más (para los que no dominéis bien el cambio euro-peseta, 6 euros de diferencia). Así que yo, que era pobre cual rata, elegí la opción más barata.
Posiblemente una de las más míticas y maltratadas de todas las sagas de Sega. Mítica… porque pocas cosas mejores hay que ser un ninja. Y maltratada… porque la última vez que salió un Shinobi “a tener en cuenta” fue en Mega Drive. Pero vamos allá. Leer más »