«Rara vez juego, no pertenezco a esa generación» dijo «pero he tenido que investigar e informarme sobre los videojuegos debido a mi trabajo. La gran mayoría de mis colegas parlamentarios siempre están queriendo prohibir el último juego, pero no conocen los entresijos de la industria. Hay poca gente en este país que se dé cuenta de su importancia para la economía del Reino Unido».
Este hombre que con una frase ha pasado de no caerme a caerme bien, no se quedó en ello sino que denunció el descenso del Reino Unido al cuarto lugar como productor de videojuegos, proponiendo medidas para solucionar los problemas de la industria británica: una mayor definición en la formación y educación de los desarrolladores (vamos, que haya carreras de desarrollador de videojuegos en las universidades), y exenciones de impuestos para las desarrolladoras con objeto de evitar la fuga de desarrollo a otras naciones con costes más bajos como la India, medidas de las que ya disfrutan otros sectores considerados clave como el turismo o la moda.
Desde aquí no podemos sino mirar con envidia a los hijos de la Gran Bretaña y desear que algún día nuestros políticos dejen de dar la barrila con cuestiones tan acuciantes como procesar a Yugurta el Númida por violar la igualdad de sexos en sus conquistas macedónicas y que den un empujoncito a nuestros esforzados desarrolladores patrios. O por lo menos, que no se lo pongan más difícil, pardiez.

Don Foster siendo awesome en un momento cualquiera.

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