Un invento raro
Retrode 2, para los retrofetichistas
Conozco a unos cuantos adoradores de los los noventa que se sienten como si fuesen Hitler pulsando un botón para cargarse a un millar de famélicos niños judíos cada vez que abren un emulador y cargan la rom de un juego que todavía conservan. Las miradas de soslayo a la estantería de amor, casi un altar, en la que reposan sus cartuchos de SNES y Megadrive y la expresión de sus rostros es un poema bien jodido de Maragall. Al rescate, llega Retrode 2.