Análisis de Donkey Kong Country Returns
El Retorno del Rey
Hace 16 años, sólo eran 16 bits
En noviembre de 1994, Nintendo logró hacer creer a miles de jugadores que habían saltado una generación tecnológica sin cambiar de consola.
El Retorno del Rey
Hace 16 años, sólo eran 16 bits
En noviembre de 1994, Nintendo logró hacer creer a miles de jugadores que habían saltado una generación tecnológica sin cambiar de consola.
Si podía considerarse a Case Zero un sabroso aperitivo para abrir estómago de cara al manjar que fue Dead Rising 2, quizá Dead Rising 2: Case West sea el postre.
Las reediciones de juegos antiguos en consolas de la generación presente, sometidos o no los originales a un lavado de cara más o menos intensivo, parecen haber llegado para quedarse; nosotros no somos de piedra, y nuestro corazoncito no puede soportar el impacto que supone la perspectiva de volver a jugar Shadow of the Colossus, esta vez en alta definición.
En septiembre, tal y como muchos nos temíamos, se confirmaba que el lanzamiento de The Last Guardian se retrasaba hasta finales de 2011. A la mayoría nos fastidió ese anuncio, pero estoy bastante convencido de que para la gente de Game Republic supuso un enorme alivio.
Digámoslo ya: es malo, pero de algún modo se las apaña para que enciendas la consola para echar una partida más.
Hablando con Pep el otro día, surgió en la conversación el tema de mi, digamos, bloqueo temporal mientras escribía la crítica de Need for Speed: Hot Pursuit, este texto que estáis leyendo. Es difícil hablar largo y tendido sobre algo tan brutal, tan inmediato; aquí juegan las entrañas, no el intelecto. Para los impacientes, ya os lo adelanto: estamos ante un juego de coches muy, muy cojonudo, un arcade de conducción robusto al que pocas pegas se le puede sacar.
La nueva gran franquicia de Ubisoft Montreal es de esas que dividen a la gente.
Hay algo de belleza en el desastre, ¿no creéis? Uno contempla en el televisor imágenes de cadáveres flotando entre los restos de casas de madera arrasadas por un tsunami y, aunque la primera sensación (y la que debemos expresar por convención social) es el sobrecogimiento, también hay una parte de nosotros, una muy recóndita y oscura, que se siente fascinada por lo que sucede ante sus ojos, por la consagración del caos, por el triunfo aplastante de las inabarcables fuerzas de la naturaleza (lo irracional) sobre el hombre (lo racional). Pues algo así es Deadly Premonition: una anomalía, una muestra excepcional de que partiendo de una ejecución nefasta, una historia absurda y un ritmo incorrecto puede orquestarse algo bello y difícilmente repetible.
The Shoot tiene un lugar privilegiado en nuestros corazones (al menos el mío), por una sola cosa: recuerda más a Point Blank que a los esfuerzos actuales de esta industria nuestra por acercar a un público más generalista a los videojuegos.