Refiriéndose a las 3D que ofrecen los nuevos televisores y con las que debemos usar unas gafas especiales presuntamente bastante caras, el analista de lo obvio, el señor que cobra un dineral por señalar con el dedo al oso polar que tenemos a tres metros y gritar con autosuficiencia "mirad, un oso polar", el gran Michael Pachter, dice que este cacareado efecto óptico terminará imponiéndose como una característica más en la electrónica de consumo, pero que va a necesitar su tiempo:Para que la adopción de esta característica se extienda, el contenido de las películas para televisores 3D debe hacerse accesible y las gafas deben bajar de precio.
Mientras la audiencia de la televisión 3D sea pequeña, los juegos en 3D serán durante al menos cinco años, y van a seguir siendo, una moda pasajera. Quizá dentro de una década empiece a afianzarse.
Por una vez, quizá Pachter no esté del todo equivocado. Y es que hay quien señala el HD como la última gran feature que todos hemos ido adoptando sin pensárnoslo, pero nos olvidamos de que la alta definición es una mejora objetiva en el visionado de cualquier contenido, pero las 3D son en realidad una mutación de la experiencia que no a todos gusta y, lo que es más importante, no todo el mundo puede percibir. Ahora la pregunta es: ¿tienen algún sentido los juegos en 3D si las teles 3D no llegan a convertirse en algo masivo?

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