Según leemos en Joystiq, en varios aeropuertos americanos hay cacharros como el de la foto, que venden juegos para DS e incluso la propia portátil (al mismo precio que en cualquier tienda, dicen) para pasar el rato durante el vuelo. Yo, que soy pobre y poco puntual, vuelo muy poco y siempre llego a embarcar por los pelos, sin tiempo para comprar nada; pero si fuera rico, organizado, mujer y cuarentona, usaría estas máquinas sin dudarlo.
Me parece, pues, un movimiento bastante inteligente. Se demuestra una vez más que el sector de las expendedoras está lleno de genios. Vender así cartuchos de tinta para sacar dinero a costa de esa epidemia llamada síndrome del estudiante es tan brillante como lo de las manzanas en los colegios, que no se venden ni p'atrás pero seguro que están subvencionadas a más no poder.

Mejor que los libros pero peor que salir la noche anterior y aprovechar para dormir en el avión.
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