Para descubrir esto, dos grupos de jugadores no experimentados fueron entrenados en el noble arte de jugar a Call of Duty (uno de los grupos) y a Los Sims (el otro). Los que jugaron a Call of Duty mejoraron su sensibilidad a los contrastes en un 43 por ciento, mientras que los que jugaron a Los Sims sólo lo hicieron en un 11 por cierto y, además, el tamaño de su pene en vigor se redujo en un 300%, consiguiendo, por otro lado, una estupenda vagina.

Uno de los jugadores de Call of Duty del experimento celebra, victorioso, su conversión en súper hombre.
«Nuestros resultados establecen que el tiempo invertido frente a una pantalla no es necesariamente negativo para la visión», dijo la doctora Dr Daphne Bavelier, una de las profesionales involucradas en el experimento, en el que doctores norteamericanos e israelíes aunaron fuerzas intelectuales para descubrir cómo de fortachones acabamos después de invertir media vida jugando a la consola. Otra victoria para los videojugadores.

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