Eso fue lo que debió pensar un grupo de ingenieros quienes decidieron que la garra amarilla con la que trabajaban cada día, sería mucho más amena de controlar si se hiciera a través del cacharrín de Nintendo. Ni cortos ni perezosos, esta panda de geeks se pusieron manos a la obra a programar en Python para adaptar el software de Bender (el mostrenco metálico) y que pudiese interpretar las órdenes del Wiimando. El resultado, como veréis, es una animalada. Aunque mi idea del lanzamiento de vehículos habría sido mucho más gratificante.
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