
Alfred Hightower se ganaba la vida comprando y vendiendo pequeños viajes a una felicidad efímera, y tenía por tanto sus más y sus menos con la justicia americana. Cuando se dictó la orden de arresto contra él, decidió que no le apetecía demasiado la temporada a la sombra que le esperaba, y se fue del país. La policía de Howard County, buscando información sobre él, descubrió que era un gran fan de 'un juego de brujos y brujas', llegando al final a la conclusión de que ese juego era World of Warcraft.
El encargado de la investigación sobre el paradero de Hightower contactó entonces con Blizzard, pidiéndoles ayuda con el caso, y tres o cuatro meses después, ya cuando la policía suponía que compañía no iba a colaborar (dado que, de hecho, no tienen ningún tipo de obligación legal de dar información sobre sus clientes), Blizzard les envió la dirección IP, la información de la cuenta, la dirección donde se le cobraba, su nombre online y su servidor habitual. Toda esta información sirvió a la policía para situar a Hightower en Canadá, donde fue arrestado para ser facturado a Estados Unidos en breve.
Mientras que todos estamos contentos, supongo, de que haya un vendedor de crack menos en la calle, no estoy personalmente demasiado tranquilo sabiendo lo poco que les ha costado a Blizzard dar la información personal de uno de sus clientes. Podemos interpretarlo también como un caso de guerra sucia entre distribuidores de drogas, sin embargo. En Kotaku podéis leer esto mismo en inglés, junto con unos cuantos comentarios interesantes en el mismo idioma.
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