
Decid adiós al E3, que el de este año se ha portado. Cuesta acordarse de que hace pocos años la mayoría de los participantes decidieron que el esfuerzo no merecía la pena. Hemos vuelto a los tráilers y las demos exclusivas para el evento, y todo parece seguir creciendo en Santa Mónica. También el número de babes.
No me corresponde a mí, o por lo menos no ahora, juzgar si todo el boato es diversión inocente o si estamos contribuyendo a ese cáncer de la industria que es el culto al hype, pero es obvio que lo de Santa Mónica es puro show business, y las esperadísimas conferencias el tercer acto de la función. La relevancia de éstas queda clara cuando uno recuerda que el mayor golpe que ha llevado la marca PlayStation desde su nacimiento vino en el E3 2006, cuando el mundo videojueguil decidió que zOMG Sony doomed en los comentarios de GameTrailers tras una presentación especialmente bochornosa.
Desde luego el (relativo) tropezón de Sony con el lanzamiento de PS3 tiene muchos padres y Giant Enemy Crab no fue más que uno de ellos, pero la influencia de estos actos en la opinión general hablamos de los jugadores hardcore, claro está es innegable. La de este año debería haber sido buena sin ningún tipo de paliativos, pero el consenso general es que ha estado medio peldaño por debajo de lo esperado. Tengamos en cuenta que, entre otras cosas, han presentado un nuevo modelo de PSP, un Metal Gear de los importantes, no de los otros para la misma, un Final Fantasy XIV de los otros para PS3, su Bolaloca particular y la exclusiva de Agent, un juego que solamente por su origen ya asegura un millón de unidades vendidas. Regó todo esto con vídeos francamente buenos de Trico, Uncharted 2 y GT5, y una miríada de otros third party. Hace mes y medio esto hubiera sido suficiente para considerar la presentación de Sony un éxito rotundo.
Siendo justos, la posición de partida no era muy favorable. Las filtraciones fueron tantas que incluso Tretton hizo una mención un tanto amarga mientras anunciaba lo nuevo de Rockstar North, la única sorpresa ilusionante. Tan dañina fue esta situación que incluso la conferencia de Nintendo resultó más fresca. No mejor, porque la desidia de Kyoto hacia el mercado hardcore es evidente, pero arrancó un par de momentos de sorpresa made in E3 con sus Marios, Metroid o Golden Sun. Absolutamente inesperados, aunque la gran N nunca ha tenido problemas para mantener sus cosas en la intimidad.
Pero para poner todo en perspectiva tenemos a mano un ejemplo de casi perfección: Apple. La compañía de Cupertino paraliza el mundillo Mac un par de veces al año con unas keynotes infalibles, lo cual es algo muy poco común en el campo de la informática. Casi nadie tiene el interés suficiente por los nuevos Windows como para soportar un horrible streaming pixelado durante dos horas, y hablamos de una compañía que puede delegar la presentación de sus actos a un gigante de la comunicación/comedia como Steve Developers Ballmer. Es Jobs el que parece haber encontrado la receta. Y lo hace con un jersey negro, vaqueros feos y una atención al detalle legendaria, pero también un control férreo y milimétrico de las expectativas, el ritmo y el sentido del espectáculo.

"And now the Vitality Sensor comes bundled with all Macs. For free."
Uno podría pensar que la atención al detalle es algo que se presupone en este tipo de actos, pero siempre se acaba maravillado ante la capacidad de estas corporaciones para dejarse en ridículo. No hablaremos aquí de las ya clásicas pantallas de error en cualquier presentación de Microsoft, porque entendemos que ya hemos presentado nuestro caso a favor de Apple lo suficientemente bien 1. En 2006 Sony presentó su fallido SIXAXIS con una demo de Warhawk jugada en directo. Cómo no, el momento crucial en que el jugador debía hacer aterrizar su nave salió mal. No fue una catástrofe ni mucho menos, pero al fin y al cabo en este tipo de actos se exige la perfección. Si en una demostración supuestamente ensayadísima se percibe esa torpeza, ¿qué me pasará a mí cuando lo tenga entre manos? Algo similar sucedió cuando un par de desarrolladores de DICE realizaban un walkthrough de un nivel de Mirror's Edge para GameTrailers. El jugador, supuestamente un experto, se precipitó a su muerte unas cinco veces seguidas en el mismo lugar. Lo suficiente para sembrar en mí el miedo a una experiencia repetitiva y relajar mi trempera metafórica. Y aunque algún día me haré con él, de momento aún no lo he comprado.
Nada importa lo impoluto de tu actuación si lo que presentas no es interesante, claro, y ahí entra tu conocimiento de las expectativas del público. El E3 es un acto eminentemente hardcore. Cierto es que su seguimiento llega más allá de eso y encuentra su camino hasta algún telediario que se ha quedado sin cracks que fichar por el Madrid, pero por lo general es el jugador concienzudo el único que se molesta en seguir el desarrollo de la guerra de consolas que rige su vida. Así que no sorprende a nadie el desdén que se ha ganado Nintendo con sus últimas conferencias. En una feria tan acostumbrada a megatones término, por cierto, acuñado por la gran N cuando aún era tal, quitar espacio a juegos de acción para enchufar Brain Trainings, WiiFits o medidores de tensión 2 deja a los fans de toda la vida como inconsolables viudas. Centrarse en algo que no sean juegos mainstream o presentaciones de hardware es salir derrotado.
[Continúa en la segunda página.]

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