
¿Para qué valen las notas realmente? ¿Qué diferencia hay entre un 8,5 y un 9? ¿Qué significa un 7? ¿Es comparable un 6 de EDGE a un 6 de IGN? Desde el punto de vista lógico y matemático son una puñetera aberración sin sentido: son números sin una unidad delante. Al igual que las estadísticas sin el más mínimo rigor en manos de un becario del Qué! como recurso para los titulares chorras, son una degradación de algo útil en otros campos (los números) que fuera de un contexto cuantitativo y con cierto rigor, no tienen ni pies ni cabeza.
Pese a que son una chorrada desde el punto de vista racional, la importancia que han llegado a tener las notas en esta industria y en la prensa especializada llega hasta cotas enfermizas. El debate sobre los números llega a ocasionar una ingente cantidad de ruido que ensordece totalmente cualquier debate sobre aspectos concretos de los juegos. Sólo hace falta darse una vuelta por los comentarios de cualquier review en cualquier página y ver cómo el hilo deriva la mayoría de las veces en una estúpida conversación en la que lejos de debatir sobre el juego, cada gañán saca a relucir su escala de puntuación como si realmente hubiese una manera de puntuar única y verdadera:
Pues yo creo que es demasiado corto para tener un 9, te has pasado.
Pues me parece que merece un 7 en vez de un 8 porque no tiene cooperativo y eso a estas alturas no se puede tolerar.
Pues debería tener un 7,098712 en vez de un 7,203132132 porque en una pantalla vi un poco de clipping.
Sobre esto, no hay debate alguno: discutir sobre números en vez de hablar de juegos es rematadamente estúpido. Y al final el efecto de las notas es precisamente fomentar esa estupidez: cualquier posible debate sobre los contenidos del juego que debería suscitar una review es nulo, porque el lector medio de prensa especializada, ese "hardcore" que se informa tanto y que supuestamente ama el videojuego y lo salvaguarda de la tentación "casual", no es más que un monstrenco cuasianalfabeto al que le gusta más hablar de puñeteros números, vacíos e inútiles, que de los propios juegos. Al "hardcore" medio le encanta echar por tierra reviews enteras basándose exclusivamente en la nota, sacando teorías conspiranoicas llenas de distribuidoras y maletines con dinero que harían tener erecciones al mismísimo Pedro J. Ramírez. Y es que el "hardcore" medio se cree que lo sabe todo por el simple hecho de jugar mucho, y por eso muchas veces su acercamiento a una review es confirmarse a sí mismo que la tiene más larga que el redactor, hasta el punto kafkiano de llegar a discutir al redactor sobre juegos que no han salido al mercado, que el redactor ha podido jugar y el lector no:
¡No he jugado pero YO SÉ que no merece esa nota! ¡A mí no me la jugáis, que llevo jugando desde el Spectrum! ¡Estáis comprados!

El "hardcore" medio se acerca a una review para leer lo que quiere leer: que su consola es mejor que la tuya y que su juego favorito es el mejor del mundo mundial y es mejor que cualquier película, libro, disco o plato de cocina de diseño que se haya creado jamás. Por muy doloroso que sea para el que aspira a ser periodista especializado (o para el que lleva dando el callo durante décadas), lo cierto es que el "hardcore" medio no sabe distinguir la calidad de una review de un Tim Rogers o de Jim Rossignol de la de un DJ valenciano con aires de diva chochona, no sólo ya porque tenga la comprensión lectora de un crío de parvulario, sino porque al final con lo único que se quiere quedar es con el puñetero numerito. Y lo que es peor: en la mayoría de los casos, el lector se queda con el numerito no para decidir si un juego merece la pena (donde las notas pueden tener algo de sentido) sino para usarlo como bandera en sus guerras particulares de fanboy preadolescente en cualquier foro estándar:
Mi consola es mejor que la tuya porque a mi exclusividad le ponen un 10 y a la tuya no.
Chincha rabiña.
Ña ña ña.
La excesiva importancia que se le da a las notas siempre va a ejercer en contra de un periodismo especializado de calidad; mientras un puñetero número tenga más importancia que los textos, cualquier intento por convertir la review de un juego en algo más cercano a la crítica artística es completamente inútil. Y estos seguirá siendo así porque mientras las reviews sigan teniendo números, ese analfabeto funcional y gañán que es el "hardcore" medio va a seguir teniendo una excusa para leer en diagonal (o directamente, no leer) y regurgitar y cansinos rebuznos sobre quitame allá esas décimas, sobre la sempiterna conspiración del medio "comprado" o sobre si su juego favorito es el mejón der mundo mundiá.

Desgraciadamente, a veces no son sólo los fanboys de cuarto de primaria los que dan una importancia trascendental a las notas, sino que podemos ver incluso a directores de algunos medios cargar contra las notas de la competencia, como si eso fuese un indicativo de algo serio en lugar de una sarta de rebuznos completamente vacía, un clavo ardiendo al que agarrarse cuando se carece no solo ya de un discurso coherente, sino de una noción básica de lo que es el criterio o la profesionalidad:
Mis notas son más bajas que las tuyas. Somos más duros y por tanto más profesionales.
Ña ña ña.
Y lo peor es que al final ese mensaje realmente llega a calar en alguien: da igual que las reviews las escriban mandriles sin el más mínimo criterio o capacidad de expresión; si bajas la escala de valores, alguno se va a tragar realmente que eres más profesional. El caso más característico de esta confusión es la EDGE. En una dirección completamente opuesta a la tradición de la prensa, además de usar la escala del 1 al 10 con propiedad, la verdadera revolución de la publicación inglesa es el minúsculo tamaño en el que aparece el dichoso numerito dentro de la review: pequeñito. Enano. Minúsculo. Como un caracter más de los miles que componen la review, indicando clarísimamente que lo realmente importante es el puñetero texto. Y es que si EDGE es un referente de la prensa internacional es por la calidad de los textos, no porque pongan las puñeteros notas del 1 al 10 en vez de del 6 al 10. Tomar como referencia las notas de la EDGE pero no leer sus reportajes o reviews jamás es, de nuevo, otra práctica demasiado extendida que muestra la estupidez a la que puede llegar el "hardcore" medio por la influencia excesiva que tienen las notas en la prensa especializada.
[Continúa en la segunda página.]

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