Al igual que un porcentaje elevado de las películas de serie B, las clasificaciones por género de IMDb provocan frecuentemente la risa sin querer. Yo suelo darle uso a la búsqueda por género cuando no estoy in the mood para ver un dramón, o cuando quiero buscar películas de terror o ciencia ficción aún por ver y me apetece probar suerte en la Internet Movie Database 1. Decía que son un generador de risa involuntaria porque, cuando consultamos su entrada en la base de datos, vemos que Juego Mortal (Brainscan, 1994) está clasificada con las palabras comedia, horror, ciencia-ficción y suspenso.Creo que esas palabras dan la clave para su comentario.
Comedia
O yo me quedé atascado en los tiempos de Buster Keaton o en Brainscan no hay absolutamente nada de comedia, ya desde la base: Michael 2 es un chaval aficionado al cine de terror sobre cuya espalda pesa el tormento de haber perdido en un accidente de coche a su madre, accidente que le llevó irremediablemente a adoptar esa oscura forma de ser y que, para colmo, le dejó cojo. A pesar de que a estas alturas ya deberíais tener bien claro que la cojera de Michael es quizá lo más gracioso de la película y no es nada gracioso, por cierto, por respeto a John Flynn 3 seguiré con la sinopsis.
Michael, en su continuo afán por encontrar la experiencia más extrema y realista del horror absoluto, recurre por recomendación de su mejor amigo (su único amigo, de hecho; ya he dicho que es un chaval taciturno) al único sitio donde se puede descender a los abismos del infierno y volver a tiempo para hacer merienda cena: los videojuegos, ese inagotable generador de horrores. Gracias a un anuncio en la revista Fangoria, Michael se pone en contacto con la compañía que distribuye el juego, ese Brainscan que da nombre a la película, consiguiendo únicamente un confuso batiburrillo de promesas rozando la amenaza, bastante siniestras en general, sobre el funcionamiento de su producto. Aunque Michael no muestra interés en que le envíen el juego a casa, esta FX Interactive del averno pone en marcha el delivery, totalmente gratuito, de Brainscan a la casa del jovencito Furlong.

Me llamo John Connor. Me van a matar.
El conflicto de Brainscan, el motor del argumento del filme, aparece cuando el espectador ve que lo que en principio era un simulador de asesinato, un Hitman en primera persona, en realidad es un invento del diablo que posee a Michael y le lleva a cometer horribles crímenes en su vecindario. Es aquí cuando aparece la figura del Trickster, un bufón a lo Jack Sparrow que, imagino, es el que hace que la película se considere, aun parcialmente, una comedia. El Trickster es una suerte de Mefisto de videojuego que convence a Michael de que, ahora que está con la mierda hasta el cuello por haberse cargado a un vecino, lo único que puede hacer es eliminar a los testigos, metiendo cizaña para avivar la curiosidad de Michael por el juego, a estas alturas ya totalmente convencido de no volver a tocar un Brainscan (porque son cuatro partes o discos) en toda su vida.
Horror / Ciencia-ficción
Estamos, pues, ante el clásico chico fuera de sí asesina a gente contra su voluntad y la lía parda, y me viene a la cabeza ahora mismo la también adolescente aunque sustancialmente mejor (también con una etiqueta de comedia mucho más merecida) El diablo metió la mano, aunque en este caso con el delicioso añadido de haber un videojuego maléfico de por medio. Y en su condición de adolescente, no pueden faltar los ingredientes básicos: una chica de la que el protagonista está enamorado, un best friend forever y música atronadora de esa que los padres de principios de los 90 probablemente odiaran y que, por ello, tanto gustaba a los hijos (que no tardarían en renegar de ella, los más, o convertirse en parias sociales, los que siguieron abrazando sus primerizas pasiones de teenager).
El terror se nos presenta en esa variante, tan explotada desde los últimos años 70, que no es terrorífica sino que se apoya en lo escabroso y la casquería para que las novias se agarren fuerte en los cines; Brainscan tiene más de suspense que de terror, aunque lo que sí es terrorífico es lo deliciosamente histriónico del guión. Michael se niega en rotundo a jugar a Brainscan pero siempre termina cayendo en la tentación, protagonizando unas disyuntivas afectadísimas entre jugar y no jugar que ya sabemos a priori cómo van a terminar. Para colmo, el Trickster siempre aparece en estos momentos para dar una suerte de contrapunto pretendidamente gracioso, aunque definitivamente irritante, terminando de arruinar cualquier escena en la que Furlong, en sus horas más oscuras, se plantee la eterna duda: ser o no ser abducido por los videojuegos.

Lógicamente esta es la parte de ciencia-ficción de la que habla IMDb: la tecnología que vuelve loco al hombre, algo que tiene, en el caso que nos ocupa, mucho más de ficción (invención, cosa fingida) que de ciencia, me temo, porque Brainscan lo que hace es enviar putas luces a través de la pantalla, de esas que tanto escándalo causaron cuando se descubrió que, en la serie Pokémon, provocaban ataques epilépticos fulminantes que hacían que nuestros pequeños saltaran del sofá al techo, como poseídos, efectivamente, por el mismo demonio que hace, en Brainscan, que el joven Michael asesine despiadadamente. Un descubrimiento, el de la conexión entre Brainscan y los Pokémon, que haría que Josue Yrion tirara el atril al suelo en una representación en vivo del clásico gag de la traviesa polla tiesa.
Suspenso
Pero si no es una comedia, ni hay tanto terror como podríamos esperar, ni la ciencia-ficción tiene una solidez considerable en ella, ¿qué nos queda? Recordemos que había una última palabra en la clasificación por géneros: suspenso. Esta neutralización del maravilloso término suspense no es desafortunada, sin embargo, para clasificar a una película fallida en muchos aspectos que sin embargo se convierte en un clásico inmediato para cualquier aficionado al peor cine. Si esta película fueran las respuestas a un examen, sin duda el suspenso sería la única calificación posible; ahora bien, como en esos exámenes en los que ante un Use an example to show that Tracey is wrong la respuesta es Shes a woman, aquí hay una forma de suspender muy graciosa, aunque haya más de chanza que de comedia en las risas que nos arranca Brainscan.
Aunque la propuesta de un videojuego tan real que se confunde con la realidad misma se ha explorado más veces ((eXistenZ (David Cronenberg, 1999) o, más recientemente, Gamer (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2009) podrían ser ejemplos de esto.)), sólo el tiempo logra dar a películas como esta Brainscan esa pátina de moho que hace que ahora la veamos, desde nuestra perspectiva de cínicos adultos de vuelta de todo, como una colección de delirios, exageraciones y cinematografía pobre que desgraciadamente hoy día no se ve de forma tan naïf, tan primitiva, tan honesta y movida por el puro hacer cine sin pensar en lugar de por complicadas maniobras mercadotécnicas. Puedo afirmar que yo, siendo un preadolescente que escuchaba cosas tan dispares como Korn o Estopa, flipé bastante con la película.
- Sobre las plot keywords también se podría hablar, pero habrá que dejarlo para otro día. [↑]
- Un jovencísimo Edward Furlong al que luego veríamos haciendo de nazi hermano de un nazi en American History X, pero que para entonces era ya un viejo conocido por su papel de el todavía más joven John Connor en Terminator 2. [↑]
- John Flynn dirigió Brainscan en 1994 pero es muy probable que no le conozcáis o no conozcáis su producción por ella; Flynn, que consiguió cierta fama con El expreso de Corea, no hizo su pequeña aportación al mundo de los videojuegos cinematográficos en delirio de debutante, sino que ya llevaba sus años en el mundo de la dirección y nos había regalado dos títulos muy a tener en cuenta: Buscando justicia, con un Steven Seagal en ejemplar buena forma, y más notablemente Encerrado, bien conocido thriller carcelario protagonizado por Sylvester Stallone. [↑]

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