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Rudyard14

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  • Rudyard14, 20/04/2016 @rudyard14, Principiante Offline

    Sobre la violencia en los videojuegos

    El presidente Frank Underwood, genialmente intrepretado por Kevin Spacey en la serie House of Cards, desata sus iras jugando nada menos que a Call of Duty antes de salir a la palestra a hacer todo tipo de barbaridades por perpetuarse en el poder político. En cuanto tiene un rato libre agarra el mando y dispara a todo lo que se mueve con ansia, un ansia feroz, que es la misma que libera cuando comete las tropelías más gordas de una serie que pone los pelos de punta por su realismo, y que nos hace desear a todos que nada de lo que ahí vemos sea cierto.

    Desde hace más de 25 años hay un fenómeno mediático que consiste en acusar a los videojuegos de despertar, fomentar y potenciar la violencia en los niños y jóvenes de nuestra sociedad. La creencia, generalmente llevada a cabo por periodistas que poco o nada conocen del tema (más allá de unas cuantas toneladas de prejuicios), sostiene que un niño o joven que pasa demasiadas horas al día jugando a Call of Duty o GTA, por poner los dos ejemplos más citados en estos sesudos reportajes, tiene más posibilidades de salir al mundo real y reproducir lo que durante horas y horas practica en el universo digital.

    Antes de seguir, me gustaría dejar más que clara mi postura en este debate: no me considero una persona violenta, ni racista, sexista, homófoba o intolerante; sin embargo, he jugado mucho y a muchos de estos juegos citados y otros tantos que dejo en el tintero, y me lo he pasado muy bien con buena parte de ellos, sobre todo aquellos que eran buenos juegos. Es algo de lo que no me arrepiento y que no me da vergüenza decir, porque era una forma de ocio que ocupaba un lugar concreto, definido y claro en una vida donde los referentes reales, es decir, mis padres, mis profesores y prácticamente todas las personas adultas que me influyeron en esa época me predicaban valores muy positivos.

    Precisamente porque mis referentes morales no tenían nada, absolutamente nada que ver con los videojuegos, ninguno de estos, por desproporcionado que fuera en sus extremos o flagrante que fueran sus infracciones morales, ha dejado en mí una huella que marcara mi personalidad o me llevara a tener comportamientos agresivos, antiempáticos o asociales en el mundo real.

    Pasemos ahora a GTA V, que sé que últimamente es el que suele dar pie siempre a todas estas críticas, y que para suerte de sus desarrolladores está siempre en el ojo de todo huracán mediático que se precie (menuda publicidad se lleva este juego sin invertir un dólar, es asombroso). Ya comenté en referencia al análisis de la versión de PS4 que no me haría ninguna gracia que mis hijos pequeños jugaran a este juego. No considero que nada de lo que aparece allí, en sus diálogos, personajes o situaciones sea apropiado para un menor de edad: la brutalidad, crudeza y la falta de censura por parte de los desarrolladores... Para ese tipo de público, GTA V me parece un auténtico despropósito.

    Ahora bien, si hablamos de un público adulto, formado y con cabeza, no solo no veo ningún problema a GTA V sino que yo mismo lo recomiendo encarecidamente, porque a pesar de todas las barrabasadas morales que se le quieran achacar a los personajes del juego, como tal juego me parece una obra de arte en prácticamente todos los aspectos imaginables, desde el diseño al concepto general como al (casi) infinito mundo de posibilidades que abre para cualquier tipo de jugador.

    El problema de una sociedad incapaz de ofrecer modelos de comportamiento válidos, valores y principios morales adecuados a sus niños o jóvenes no está en que estos jueguen a videojuegos con un alto contenido de violencia, máxime cuando esos juegos, como el caso de GTA V, lo que precisamente hacen es reflejar con extremo realismo la degradación de una sociedad donde esa violencia o esa falta de valores es algo estructural y sistémico. Para muchos padres negligentes es mucho más fácil enchufar al niño a la consola que pasar tiempo con él, como también es mucho más fácil luego culpar a la consola de los desmanes de un niño asilvestrado que reconocer el fracaso como educador.

    Antes de agarrar el mando, Frank Underwood ya era un psicópata, alguien incapaz de funcionar correctamente en coordenadas de realidad y que encontraba en el videojuego una continuidad a sus muchos problemas mentales. Los usuarios de consolas, como norma general, no somos psicópatas., pero sí somos, y sobre todo a ciertas edades, personas que necesitamos una educación en valores fuerte y sin paliativos, excusas o negligencias, que hagan que hasta el videojuego más violento nos afecte lo mismo que tirar una peonza.

    Porque muy mal estamos haciendo las cosas cuando es Trevor, y no papá o mamá, el que nos explica cómo funciona el mundo.
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  • Rudyard14, 11/04/2016 @rudyard14, Principiante Offline
    Actualmente metido en Hyrule para darle a la saga el homenaje que se merece.
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