
Atari ha anunciado la compra de los derechos de Wizardry, al menos parcialmente: suyos son los derechos de explotación de las cinco primeras entregas, las que se publicaron entre 1981 y 1988.
Estos primeros Wizardry están entre los RPG más influyentes de la historia, «y aun así muchos de ellos no han estado disponibles durante más de dos décadas», cuenta Wade Rosen, el CEO de Atari. Esta compra les da la «rara oportunidad» de traerlos de vuelta, a golpe de relanzamientos, remasterizaciones y ports para consola. «A medida que Atari vuelva a lanzar estos juegos en nuevas plataformas y para nuevos públicos», comenta Robert Woodhead, cocreador de Wizardry, «prestaré atención de las reacciones de los jugadores que quieran enfrentarse a un desafío realmente old school».
Si esas reacciones se parecen a las que recibió en 2024 Wizardry: Proving Grounds of the Mad Overlord, el remake de Digital Eclipse del original de 1981 (publicado, precisamente, por Atari), es posible que Woodhead tenga motivos para alegrarse: el juego fue aplaudido por crítica y público, y aunque no fuera un superventas sí que cumplió su objetivo de acercar este juego, quizá el germen del dungeon crawler a nivel mundial, a nuevos públicos.
Además de los juegos, en la nota de prensa se habla también de «merchandising, juegos de cartas y de mesa, libros, cómics y proyectos para cine y televisión»; por ahí pasa el «plan a largo plazo» con el que Atari quiere convertir Wizardry en una «franquicia de entretenimiento» a lo Dungeons & Dragons.
La mención a los «dungeon crawlers a nivel mundial» de antes, por cierto, no es casual. Wizardry tuvo una influencia enorme en Japón, y de hechos muchas de las últimas entregas —las no desarrolladas por Sir-Tech, el estudio original, que cerró en 2003— solo han salido allí. La serie principal tiene ocho entregas, y Atari solo tiene, recordemos, los derechos de las cinco primeras; Wizardry 6, 7 y 8, recuerda la nota de prensa, son de Drecom, la empresa japonesa que desarrolló, de hecho, el último Wizardry: el gacha Variants Daphne, del que podríamos decir que es, por desgracia y modificando la cita de Woodhead, un «desafío realmente new school».
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