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    Hakuna Matata

    Leopoldo tiene 56 años. Empezó vendiendo calcetines (o bragas o alguna mierda parecida) a los 8 años, porque su familia era pobre imagino o porque simplemente quería ganar algunas moneditas para pagarse el cine, revistas o ahorrar para el futuro. Seguramente lo último, que los que lo conocieron dijeron que era de puño cerrado el cabroncete.

    En sus años mozos trabajó como un cabrón, mientras su esposa Rogelia criaba a sus dos hijos. En unos años su taller se transformó en un almacén, la logística de la distribución "moderna" lo impulsó, y en los años noventa y tantos terminó vendiendo toda su empresa a los Chinos. Se forró básicamente, pero después de años de no dar palo al agua, se encontró con un dilema gordo: ¿qué puedo hacer con mi capital?

    El negocio de los bienes raíces es guay, pero muy a largo plazo: te compras un piso/casa/perrera, alguien paga el alquiler, y después de cierta cantidad de años (10, 15, 30) terminas con puro beneficio (no exactamente: hay que tener cuidado con los inquilinos, hacer reparaciones, pagar impuestos, etc...). Pero beneficio estable y predecible.

    Leopoldo lo sabe y sabe que no le queda mucho tiempo: después de currar como un burro toda su vida y que sus hijos están bien asentados en Nueva York y Londres, quiere darse unas alegrías para sí mismo antes de que su débil corazón termine dándole por culo una última vez. Se quiere retirar al caribe, a vivir con putas y rastafaris, mientras la esposa le teje bufandas para la polla con exquisito punto crochet.

    Así que como buen businessman, Leopoldo se entera de la posibilidad de formar parte de la cadena MacDonalds. Ya sabes: pagas por la materia prima, entrenamiento, salsas, formación, máquinas, logística, y uso de la marca, y a cambio te puedes montar un negocio que tiene un potencial casi ilimitado: una casa no vas a poder alquilarla más de una vez al mes, pero hamburguesas puedes vender todas las que te compren.

    Estar otra vez al frente de un negocio, contratar gente y verificar por sí mismo las minucias del día a día reactivan el riego sanguíneo pélvico de nuesto héroe, que ve como el negocio va para arriba. Y en 3 años (siete menos que el tiempo previsto para dar beneficios), empieza a lloverle oro en forma de moneditas de un euro por venta de cheeseburgers que le cuestan 13 céntimos.

    Con 64 años, Leopoldo se nos muere en el caribe, empalmado y drogado, rodeado de prostitutas y su gran amigo Jaylan, dejando una gran herencia a su familia en forma de un poco de pasta en el banco y un flamante McDonalds en un barrio de moda. Las peleas familiares y los abogados están asegurados por años.

    Obviamente aquí lo importante no es este personaje ficticio, sino la idea del negocio: ofrecer tu marca y "know how" por un módico precio mensual (también llamado "royalty que te la meto") a cambio de la posibilidad de tener un negocio rentable, expandible, escalable, multimillonario.

    Y lo importante no es el negocio en sí (dije McDonalds como pude haber dicho KFC y sus pollos mutantes sin ojos y 4 patitas, o Subway y sus cutre-sándwiches con un precio exageradamente alto para lo que ofrecen) sino la idea de negocio sostenible que ya no vive de ofrecer un producto a clientes, sino un servicio de empresa a empresa, en el que ya no tienes que preocuparte de tu producto, porque tu producto lo puede hacer cualquiera y lo único que vale es que esté tu marca y tu sello "personal".

    Eso amigos míos es lo que intentan hacer las startups: encontrar/crear nuevos modelos de negocio rompedores, "unicornios" como las grandes corporaciones que se basen en productos innovadores o estrategias de mercado desconocidas, que permitan una única cosa: expansión y beneficio grotesco.

    Entrar (o hacer) tu propia startup significa entrar en un circo de la muerte en el que te encuentras con decenas de personajes de todo tipo. Ya la propia jerga es un chiste: unicornios, ángeles, VC's, acciones, participaciones, núcleo de trabajadores, first adopters, putos MVP, asesores, gurús y toda una panda de payasos con aspiraciones a millonario que se mueven en un océano lleno de fracasos, titanics y tiburones asiáticos.

    Lo divertido de esta historia es que en las startups que he trabajado nunca se centraron en la base: el puto producto. Sí, McDonalds ahora ya no se tiene que preocupar de hacer hamburguesas porque gente como Leopoldo las hace para ellos, pero al principio ELLOS ERAN LAS HAMBURGUESAS. Y eso la gente hoy en día no lo entiende: empiezan un negocio con falsas aspiraciones de millonadas, sin productos, sin ideas, sólo con intenciones. Y cuando tu startup se queda sin gasolina porque los inversores cortan el grifo o porque el producto en el que trabajaste no genera nada (sea tu culpa o no), entonces no hay ninguna otra salida más que decapitar la startup, tirar el cuerpo a la fosa común donde el otro 99% de startups terminan y seguir tu camino para adelante.

    Y yo que sólo quería hacer putos jueguitos.

    Hakuna Matata amigos.
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    12 Comentarios
    • drtenma, 15/05/2016
      Creo que uno de los problemas de base es que esos negocios nunca son sostenibles, pues los inversores esperan un crecimiento (como poco) constante. Se crea así un mercado en el que si no se ofrecen pronto beneficios, las inversiones se van a otro sitio... Un despropósito si se mira con cierta perspectiva.

      ¡Muchos ánimos y que haya suerte!
    • , 15/05/2016
      @marearp xDD sí, es super emocionante: cada 9 meses algo se va a tomar por culo. CÓMO MOLA!!! (no xD). Gracias por los ánimos! :D

      @drtenma money money money y expectativas poco realistas. Parece que por mucho que el tiempo avance, la regla de 2 años para ser rentable sigue sin cambiar, y la gente no lo quiere aceptar.

      Ah y gracias! :D
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