• Otro día más (V)

    Me gusta conducir mi Ducati. El aire en la cara me hace recordar a mi padre. De pequeño me subía con él en su moto. Tenía una Harley Davidson enorme. Conducía para evadirse de sus problemas. Nunca me dijo cuáles eran. No solíamos hablar. Recorríamos largas carreteras disfrutando del paisaje. A mí me gustaba sacar la cabeza para notar el aire. Abría la boca e intentaba aguantar lo máximo posible. Una vez trague tanto aire que casi me vuelo como un globo. Pero mi padre siempre estaba ahí. Distante pero cercano. Parecía que no se enterara de nada, pero no se le escapaba ni una. Lo más cercano que estuve de saber sus problemas fue un día que salimos de noche. Paro la moto en un descampado a mirar las estrellas. Pasamos horas. Aunque intento ocultarlo le vi llorar. Quizás quería ser astronauta o tal vez le daba miedo que llegara el momento que no pudiera volver a mirar al cielo.
    Hoy no puedo perderme en la carretera. Llego al antro de siempre. El dueño es humilde, ya sabía cómo iba a acabar que lo llamo “Bar El antro”. La gente no habla muy bien del sitio. La gente de normal se deja llevar por las primeras impresiones. Suelen ser las mismas personas que creen en el amor interior. Gente repugnante. Con suerte no entra nunca nadie así. Con ellos esto sí que sería una mierda.
    Estamos los mismos parroquianos de siempre. Me gusta sentarme en la barra, pero hoy es diferente. Me siento en una mesa. Por sus caras denoto sorpresa, pero no tienen que preguntarme para saber qué pasa. Una simple mirada basta para saber cómo estamos. He pasado más tiempo con ellos que con mi familia. Gente con la que puedes estar bebiendo hasta la madrugada hablando de necedades. Somos personas incompletas. Buscamos en el fondo del vaso la solución a nuestros problemas, sin saber que este te trae más.
    Se abre la puerta. La luz no deja ver quien entra. Es alguien nuevo, conozco como empujan la puerta los demás. El movimiento ha sido suave. El local se inunda de una fragancia dulce. El perfume me emborracha. Por un momento no veo con claridad. Cuando se cierra la puerta la veo. Es ella. Tal y como dijo ha venido. Con dificultad noto las miradas de los míos. Están orgullosos. Espero no defraudarlos. Con un ángel vuela y aterriza enfrente mío. Consigo recuperarme. Me sonríe y me pregunta que si esto es el infierno. Le digo que lo más precioso en el mundo está siempre bajo tierra.
    La puerta de mi casa me hace recordar mi vida real. La única moto que hay es un scooter y es de un vecino. Mi padre sigue vivo y jamás ha tenido una tampoco. Ojalá fuera tan callado, pero ladra más que nadie. El bar que frecuento siempre es el típico de cada pueblo, pero nada fuera de lo normal. Lo único es ella. Ahora tenemos un grupo para hablar lo del jueves. Cuando nos presentamos dijo su nombre. Me esperaba otro. Creo que Liora le pega más. Siempre quise que se llamara así.
    Lanzo los trastos a la silla. Me dejo caer sobre la cama. Intento escapar a otro sueño, pero la vibración del móvil me sobresalta. Odio que me hablen. Odio que me saquen de mis mundos. Al leer la notificación me quedo petrificado. Como si de la mirada de medusa se tratara. Estoy inmovilizado. Me he quedado con la mirada en la pantalla. Leyendo una y otra vez que Liora me acaba de hablar por privado.
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    3 Comentarios
    • plissken, 23/03/2016
      Los cliffhangers son de mala persona, ya te vale!
    • , 23/03/2016
      Esto es droga y lo demás són tonterías!
      Ahora enserio, buenísimo este.
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