• Otro día más (III)

    El ajetreo de la cafetería me molesta. Ver tanta gente me hace sentir que soy un enano. No soy del todo bajito, pero entre la muchedumbre paso desapercibido. No tengo nada. No soy nada. Miro en rededor y veo a 50 mejores que yo. Hoy soy optimista, otros días me lo parecen todos. Observo a cada uno de los que están ahí. Imagino como será sus vidas. Se les ve felices a la mayoría, otros tienen las caras largas. De estos últimos pasos. A veces me imagino que me cambio por ellos. Unos días soy alguien que cualquier cosa que dice divierte a sus compañeros. Otros días soy fuerte, tanto que podría levantar dos chicas con cada uno de mis brazos. Cuando hago eso ellas se ríen de forma lasciva, sé que esa noche toca fiesta. Rara vez me pongo en la piel de un cerebrito. Cuesta encontrar los que son personas normales. Me creo que tengo una idea brillante. Con ella cambio el mundo y, por supuesto, me hago rico. El dinero mueve el mundo, nadie dedicaría su vida sin recibir ni una sola moneda.
    Hoy solo somos tres, se ha unido Ramón. Es un tío cojonudo, uno de esos que le puedes contar cualquier cosa o confiarle tu más oscuro secreto. Él te dará su opinión y no dirá nada. Lo conocí de casualidad en una práctica. No tenía ni idea de que hacer. Siempre he sido muy dejado. Esta se entregaba ese día e iba a acumular otro 0 más. Él siempre iba solo, pero me vio y se juntó conmigo y compartió todo lo que había hecho conmigo. Incluso llego a enseñarme como se hacía. Si fuera una mujer, me hubiera enrollado con él.
    Llegamos a nuestro sitio de siempre, el olimpo. Tiene las mejores vistas de toda la cafetería. Desde nuestros tronos podemos ver hasta el más mísero humano. Ojalá fuese Zeus. Ese cabrón podía carbonizar a cualquiera que le hiciese ascos. Pero no voy a engañarme, lo que más me gustaba es cuando bajaba a la tierra y yacía con quien quería. Llego hasta tirarse a un toro.
    La primera vez que nos sentamos en el olimpo fue de casualidad. Al rato de estar ahí nos sentíamos como dioses. No se nos escapaba ninguna chica. No podían esconderse. Daba igual por el lado en que vinieran, izquierda, derecha, arriba o abajo. Como si querían meterse debajo del suelo. Marcamos ese día como el inicio de nuestro reinado allí. Cada año lo celebramos. La gente nos ve llevar comida y bebida y se extraña. Hasta una vez Ramón trajo regalos para todos. Se creían que estábamos locos, pero nunca en mi vida me lo pase tan bien, quizás era porque sabía que algunos querían ser como nosotros.
    Empezamos a hablar de los nuevos capítulos de las series que vemos. Es como un ritual, el primer día de la semana toca hablar de ello. Carlos no había visto el de una, le contamos como acaba, así aprenderá a verlo cuando toca. Verlos el fin de semana para nosotros es como ir a misa para un cristiano. Mientras Carlos nos insulta yo noto algo raro, empieza a helárseme la sangre, las pulsaciones se me disparan. Y entonces la escucho. “¿Están libres esas sillas?”. Me lo ha preguntado a mí. Estoy paralizado, el tiempo se ha parado. Aprovecho que los relojes han dejado de contar para tranquilizarme. No lo consigo. Tengo que pensar rápido, no sé cuándo volverá el tiempo en sí. La respuesta es fácil, hay hueco al lado mío, pero solo pensar que se va a sentar ahí con sus amigas me provoca una taquicardia. ¿Alguna vez alguien ha muerto por oír una pregunta de quién ama? Cuando me quiero dar cuenta oigo a la gente y la veo moverse. Mierda, el tiempo ya no está parado. No sé cuánto ha pasado, pero me apresuro a contestarle.
    - No, no lo están.
    Noto un golpe en la pierna, Ramón me ha golpeado. Recapacito y me doy cuenta de que la oportunidad que tenia de que se sentara a mi lado la he perdido. Antes de que se vayan me reafirmo.
    - Estaba de broma, podéis sentaros.
    Se gira y me mira mal, comenta algo con sus amigas y se sientan.
    - Veo que aún no te has recuperado de la mirada de el chacal.
    Me ha hablado. Puedo morir en paz. Se contarán historias de como un fracasado consiguió de la manera más tonta que un ángel le dirigiese la palabra.
    7
    5 Comentarios
Loader
Arriba